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sábado, 24 de enero de 2026

El príncipe don Carlos de Viana, de José Moreno Carbonero

José Moreno Carbonero (Málaga, 1860-Madrid, 1942) fue un pintor de estilo realista, destacando en las temáticas de retrato, género e histórica. Se formó en la Escuela de Bellas Artes de Málaga (1868), siendo su maestro Bernardo Ferrándiz Bádenes, en París en el estudio del pintor Jean-Leon Gérôme (1875) y en Roma, donde estuvo pensionado (1881) y pintó El príncipe don Carlos de Viana, la que se considera su obra maestra y por la que ganó la primera medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1881. Entre sus muchas obras también destacan Cortejo ante la verja (1874), La meta sudante (1882) y La liberación de los cautivos de Málaga por los Reyes Católicos (1930).

José Moreno Carbonero: El príncipe don Carlos de Viana, 1881.
Estilo: Realismo.
Técnica: Óleo sobre lienzo.
Temática: Histórica.
Dimensiones: 311 x 243 cm.
Museo Nacional del Prado, Madrid, España.

  

José Moreno Carbonero representó al príncipe don Carlos de Viana en la biblioteca del monasterio benedictino de Mesina, adonde se retiró tras salir de España después de que el rey Juan II de Aragón eligiese como su sucesor al futuro Fernando el Católico. El príncipe Carlos de Viana estuvo en Italia entre 1457 y 1459.

El príncipe don Carlos de Viana aparece sentado en un sitial de estilo gótico, con la cabeza inclinada hacia su derecha, dirigiendo la mirada hacia el libro que está leyendo; los brazos del príncipe descansan en los laterales del sitial, su pie izquierdo sobre un cojín y el libro en un atril; aparece vestido con ropajes lujosos; con la mano izquierda sujeta un libro. La pared del fondo está ocupada por estanterías que reciben libros antiguos y otros objetos; también aparecen manuscritos y otros objetos en el suelo.

José Moreno Carbonero pone de manifiesto la nostalgia y honda reflexión del príncipe don Carlos de Viana representándole ensimismado en su lectura, en soledad, con la única compañía de libros antiguos y de su perro, que dormita.

Los mensajes principales que se quiere hacer llegar al espectador son la soledad y añoranza del príncipe don Carlos de Viana, su entrega al estudio, la soledad en la que se encuentra, abandonado por muchos, incluyendo su padre, con quien estaba enfrentado, y cuánto valora la fidelidad, representada por su perro.

El virtuosismo de José Moreno Carbonero se aprecia en el nítido dibujo, pincelada rápida y empastada, reproducción detallista de las texturas de los libros, muebles, objetos y vestuario del príncipe don Carlos de Viana, paleta de colores limitada, pero contrastada, con predominio de marrones, dorados y blanco roto y una iluminación procedente del exterior que se concentra en resaltar al príncipe don Carlos de Viana, el libro que lee y al perro que le acompaña.

El Museo Nacional del Prado adquirió El príncipe don Carlos de Viana después de que José Moreno Carbonero ganase la primera medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1881, lo cedió en depósito al Museo de Zaragoza en 1919 y lo recuperó en 1992 tras la exposición La pintura del siglo XIX en España en el Museo de Arte Moderno.

sábado, 20 de enero de 2024

Muchacha en la ventana, de Dalí

Salvador Dalí (Figueras, 1904-1989) es el pintor surrealista más destacado e influyente. Durante su etapa madrileña (1922-1926) estudió a los renacentistas Leonardo da Vinci y Rafael, a los barrocos Velázquez, Zurbarán y Vermeer de Delf, además se vio influido por Picasso. Entre sus mejores obras de estos años hay que citar Retrato de Luis Buñuel (1924) y Muchacha en la ventana (1925).

Salvador Dalí: Muchacha en la ventana, 1925.
Estilo: Realismo.
Técnica: Óleo sobre cartón piedra.
Temática: Costumbrista.
Dimensiones: 105 x 75 cm.
Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid, España.

 

La mujer representada en Muchacha en la ventana es Ana María Dalí, hermana pequeña de Salvador y su modelo hasta que este conociese a Gala en 1929; de ella realizó una docena de retratos, siendo este el más célebre. Ana María aparece de espaldas al espectador, asomada a una ventana con vistas a la playa de Es Llaner, en Cadaqués, donde la familia Dalí pasaba las vacaciones de verano; el suelo y la pared de la habitación se presentan desnudos, pudiéndose contar las tablas de madera que conforman el suelo; los únicos elementos de distracción son un visillo y una cortina cortos, la última se transparenta, y una prenda sobre el alfeizar de la ventana, así el espectador puede centrar su atención en el paisaje que se abre delante de la joven; Ana María está en contraposto, con las caderas desequilibradas, descansando casi todo su peso sobre la pierna izquierda, la derecha apenas doblada con el pie levantado, apoyando la punta en el suelo; los apoya en el alfeizar de la ventana; las líneas de la costa y del horizonte están por encima de la cabeza de Ana María y separan mar y cielo; parte del paisaje se refleja en los cristales de la ventana. Además, la indumentaria de Ana María es una falda hasta la rodilla y una blusa corrientes, pero que marcan su silueta femenina.

La paleta de colores es escasa, predominando el azul y el ocre; son azules el vestido de Ana María, el visillo y las cortinas, el alfeizar de la ventana y la prenda que aparece sobre este, el mar y el cielo, con intensidades diferentes; son ocres la pared, el suelo, la línea de costa, la suela de la zapatilla de la joven e, incluso, su piel. Apenas hay manchas de color diferentes, el blanco de las zapatillas y alguna casa del paisaje.

La luz es intensa, aunque el cielo aparezca cubierto.

La línea que perfila a Ana María y el resto de elementos del cuadro es nítida.

Dalí reunió en una escena costumbrista dos géneros, el retrato, aunque la protagonista aparezca de espaldas al espectador, y el paisaje. Dalí priva al espectador de la expresión del rostro de Ana María, pero le invita observar el paisaje que contempla la joven en la certeza de que experimentará las mismas emociones que esta.

Muchacha en la ventana debe su importancia artística a ser uno de los cuadros más representativos de la etapa madrileña de Dalí y a su impacto visual, lo que le ha convertido en uno de sus cuadros más emblemáticos.

sábado, 28 de mayo de 2022

Huyendo de la crítica, de Borrell del Caso

Pedro Borrell del Caso (Puigcerdá, 1835-Barcelona, 1910) es un pintor realista español. Se formó en la Escuela de Bellas Artes de Barcelona. Participó en exposiciones en Barcelona, Madrid y París, obteniendo medallas y menciones de honor. Rechazó ser catedrático en la Escuela de Bellas Artes de Barcelona. Por su academia de dibujo pasaron Javier Nogués y José María Sert entre muchos otros. Destacó como retratista y pintor de cuadros de temática religiosa de estética nazarena, aunque muchas de estas últimas obras fueron destruidas durante la Guerra Civil española (1936-1939). Sobresalió como pintor de trampantojos, llamando la atención Huyendo de la crítica (1874) y Dos niñas (1880).

Pedro Borrell del Caso: Huyendo de la crítica, 1874.
Estilo: Realismo.
Técnica: Óleo sobre lienzo.
Temática: Trampantojo.
Dimensiones: 76 x 61 cm.
Colección del Banco de España, Madrid, España.

  

Huyendo de la crítica es el trampantojo más conocido de Borrell del Caso. El trampantojo es una ilusión óptica con la que se pretende confundir al espectador, haciéndole creer que la ficción es realidad.

El único personaje que aparece en Huyendo de la crítica es un niño, que pretende salir de un cuadro a toda prisa; se está dando impulso con las piernas y las manos; la pierna izquierda la tiene apoyada en el suelo de un espacio interior y la derecha en un marco ficticio; con las manos se sujeta al marco a distinta altura, el brazo derecho lo tiene flexionado, lo que hace que la mano esté a la misma altura del hombro, el brazo izquierdo lo tiene extendido hacia la parte baja del marco. Presenta un rostro asustado, con ojos desorbitados. Viste un pantalón corto y una camiseta de manga larga abierta hasta el abdomen. El niño destaca sobre un fondo neutro.

La paleta de colores parece ser escasa, pero no lo es, además de ser rica en matizas gracias a los juegos de luces y sombras. Hay un equilibrio entre colores fríos y cálidos: castaño, encarnado, negro, ocre y verde.

La luz procede del lado superior izquierdo, iluminando la parte derecha del rostro, el pecho, el hombro y la pierna derechos y la mano izquierda, dejando la mitad izquierda del cuerpo en la penumbra. En el lado inferior derecho se aprecia que el fondo del cuadro es verdoso, pero negro allí donde no llega la luz.

El niño que aparece en Huyendo de la crítica recuerda a los niños pobres de los cuadros de Murillo.

Se acepta que los mensajes que Borrell del Caso quería hacer llegar al espectador a través de Huyendo de la crítica son dos: el de querer pintar con absoluta libertad y el de sacudirse a los críticos, quienes con sus comentarios podían arruinar la carrera profesional o la vida privada de cualquier artista. En este sentido el niño que aparece en el lienzo sería un trasunto de Borrell del Caso.

La trascendencia artística del lienzo Huyendo de la crítica, de Borrell del Caso, radica en ser uno de los trampantojos más conocidos de la historia del arte por su vistosidad y dinamismo.

viernes, 22 de septiembre de 2017

Doña Isabel la Católica dictando su testamento, de Rosales

Eduardo Rosales (Madrid, 1836- ídem, 1873) se formó como pintor en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Viajó a Roma en 1857, donde entró en contacto con los nazarenos, perfeccionó su dibujo y apostó por los tonos fríos y pálidos. Evolucionó desde el romanticismo, caso de Tobías y el ángel (1859), al realismo, caso de Muerte de Lucrecia (1869). Su mejor obra es de carácter realista, Doña Isabel la Católica dictando su testamento (1864).

Rosales pintó Doña Isabel la Católica dictando su testamento en Roma para la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1864. En carta a Fernando Martínez de Pedrosa lo justificó: “(He elegido) este momento de la gran Reina (porque) es uno de los más hermosos de su gloriosa vida porque se ve en él el inmenso amor que tenía a su pueblo”.

Eduardo Rosales: Doña Isabel la Católica dictando su testamento, 1864.
Estilo: Realismo.
Técnica: Óleo sobre lienzo.
Temática: Histórica.
Dimensiones: 290 x 400 cm.
Museo Nacional del Prado, Madrid, España.


De los diez personajes que aparecen en el cuadro se identifican a Isabel la Católica, en cama; a Fernando el Católico, sentado a su lado; a doña Juana, hija de ambos, de pie junto a su padre; al notario Gaspar de Gricio, sentado copiando al dictado el testamento de la Reina; al contador López de Cárraga; a Cisneros, confesor de la Reina, vestido de cardenal, aunque no lo fue hasta 1506; y a los marqueses de Moya, al fondo. No todos los personajes estuvieron presentes el 12 de octubre de 1504 en la redacción del testamento en el castillo de la Mota en Medina del Campo, pero Rosales quiso reconocerles su importancia histórica incorporándoles como testigos de la redacción del testamento de Isabel la Católica.

La disposición de los personajes crea una composición equilibrada, casi velazqueña. En el centro Isabel la Católica, acostada en cama con dosel y escudo de sus reinos; sobre su pecho destaca la medalla de la Orden de Santiago, apóstol patrón de España. El resto de personajes se disponen a más o menos distancia de la Reina según su importancia: los más cercanos son Fernando el Católico y doña Juana, mientras que los más alejados y en penumbra son los marqueses de Moya. Pero todos se muestran apenados y pensativos por la trascendencia del momento.

La luz y el color refuerzan el protagonismo de Isabel la Católica. El foco de luz se concentra en la Reina y empuja al espectador a fijar su mirada en ella. El color blanco de la vestimenta de la Reina sobre las sábanas blancas de la cama contrasta con el resto de colores del lienzo. Es un blanco que recuerda el de los cuadros de Zurbarán.

El resto de los colores son apagados y fríos. Predomina el verde en diferentes tonalidades, que contrasta con el rojo del manto que viste Fernando el Católico.

El dibujo permite valorar la calidad de las texturas de las ropas y los objetos.

La pincelada amplia y suelta permite recrear la atmósfera de angustia del momento.

Con Doña Isabel la Católica dictando su testamento Rosales obtuvo la Primera Medalla de la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1864 y la Primera Medalla de Oro para extranjeros de la Exposición Universal de París de 1867 y la Legión de Honor francesa.

Doña Isabel la Católica dictando su testamento está considerado el mejor cuadro de la escuela española de la llamada pintura de historia. Para José Luis Díez García, doctor en Historia del Arte y miembro de la Real Academia de la Historia, es la “obra cumbre de la pintura española del siglo XIX (…) y una de las piezas capitales de toda la historia del arte español”.

El Museo Nacional del Prado adquirió el cuadro en 1865, el Museo de Arte Moderno desde 1894 y regresó al Prado en 1971.

sábado, 15 de octubre de 2016

La vicaría, de Fortuny

Mariano Fortuny (Reus, 1838-Roma, 1874) se formó como pintor en los talleres de Domingo Soberana y Claudio Lorenzale. En 1853 ingresó en la Lonja de Barcelona y en 1857 la Diputación de Barcelona le pensionó para completar su formación en Roma. Pintó cuadros de temática histórica y de gran formato, La batalla de Tetuán (1864), de realismo costumbrista, La vicaría (1870) y paisajes, que anuncian el impresionismo, Desnudo en la playa de Portici (1874).

Mariano Fortuny: La vicaría, 1870.
Estilo: Realismo.
Técnica: Óleo sobre tabla.
Temática: Costumbrista.
Dimensiones: 60 x 94 cm.
Museo Nacional de Arte de Cataluña, Barcelona, España.
  

La vicaría se ajusta al cuadro tableautin creado por el pintor francés Meissonier. Se trata de un cuadro de pequeño formato, de temática costumbrista, ambientado en época dieciochesca, tratado con un realismo virtuoso.

En La vicaría se desarrolla una escena de la boda de Mariano Fortuny con su esposa Cecilia de Madrazo, hija del pintor Federico de Madrazo, que se celebró en la iglesia de San Ginés de Madrid el 27 de noviembre de 1867. El momento escogido es el de la firma de los testigos que asistieron al enlace matrimonial; la mayoría están arremolinados haciendo cola para firmar; otros, a derecha e izquierda de la escena principal, están ausentes. Llama la atención la figura del demandero de las ánimas, con el torso desnudo, encapuchado y con una bandeja en las manos.

La vicaría se considera la obra maestra de Fortuny por varios motivos:
  • Su amplitud y profundidad crean la sensación de que el cuadro es más grande de lo que es.
  • Pincelada abierta, rápida y fluida sin descuidar un dibujo preciso.
  • Virtuosismo en los detalles, tanto en el mobiliario como en la vestimenta de las personas.
  • Tratamiento perfecto del color blanco y la luz, los reflejos metálicos de la reja y el brasero y las texturas de las ropas de los personajes.

En La vicaría se reconoce la influencia de Goya.

La ejecución de La vicaría fue lenta. Fortuny realizó los primeros bocetos en 1868, pero numerosos retoques y repintes retrasaron su terminación hasta 1870.

La vicaría fue expuesta en París en 1870 con gran éxito. El marchante Goupil la adquirió por 25.000 francos y la vendió poco después a madame Cassin por 70.000, un precio más que elevado para la época.