sábado, 24 de octubre de 2026

Santa y apostólica iglesia catedral de la Encarnación de Guadix

La localidad de Guadix fue reconquistada por los Reyes Católicos en 1489 y en 1492 el papa Inocencio VIII editó bula por la cual consagraba como catedral la hasta entonces mezquita. La construcción de la actual santa y apostólica iglesia catedral de la Encarnación de Guadix se inició en el siglo XVI y se finalizó en el siglo XVIII, reconociéndose los estilos gótico, renacentista y barroco. Fue declarada Monumento nacional, Bien de Interés Cultural, en 1931.

La fachada principal de la santa y apostólica iglesia catedral de la Encarnación de Guadix se erigió en el siglo XVIII en estilo barroco.

  

La santa y apostólica iglesia catedral de la Encarnación de Guadix presenta planta de salón de tres naves de cinco tramos, cabecera poligonal, recorrida por una girola dividida en cinco tramos trapezoidales. A cada tramo de las naves laterales le corresponde una capilla con la que se comunica, excepto el primero de la nave de la Epístola, que lleva a la iglesia del Sagrario, construida en el siglo XVIII, y el cuarto, en el que se abre la puerta de san Torcuato, y el segundo de la nave del Evangelio, en el que se abre la puerta de Santiago; igual sucede con los tramos de la girola, excepto el primero de la nave de la Epístola, que lleva a la torre campanario.

La santa y apostólica iglesia catedral de la Encarnación de Guadix presenta planta de salón de tres naves de cinco tramos y girola de cinco tramos trapezoidales.

  

La fachada de la Encarnación es la principal y la que da nombre a la catedral de Guadix. Se construyó durante la segunda mitad del siglo XVIII en estilo barroco. Se articula en tres cuerpos horizontales, marcados por cornisas, y otras tantas calles verticales, separadas por tres columnas corintias sobre pedestal, estando la columna central adelantada con respecto a las otros dos. El primer cuerpo es obra de Gaspar Cayón y Pedro Fernández Pachote; ofrece tres accesos, el central de medio punto, enmarcado por pilastras y alfiz, y los laterales adintelados, de menor altura; la diferencia de altura está ocupada por una hornacina y elementos arquitectónicos, que la amparan; en los intercolumnios se abren ocho hornacinas, que acogen las imágenes de san Pedro y los siete varones apostólicos, rehechos por María Ángeles Lázaro en 1992 en sustitución de las originales, destruidas durante la guerra civil de 1936 a 1939. El segundo cuerpo fue obra de Pedro Fernández Pachote y Domingo Thomas; es de menor desarrollo que el cuerpo bajo; la calle central está decorada por un relieve de mármol blanco en el que se representa el misterio de la Encarnación, obra de Antonio Valeriano Moyano; en cada calle lateral se abre un óculo. El tercer cuerpo es el que ofrece un menor desarrollo; lo realizó Domingo Thomas; la calle central está decorada con un relieve de mármol blanco en el que se representa el escudo de España de tiempos de Felipe V; sobre el escudo un frontón curvo recibe una lápida de mármol blanco con una inscripción en la que se reconoce el papel de Felipe V como impulsor de las obras de finalización de la santa y apostólica iglesia catedral de Guadix en reconocimiento por el apoyo de la ciudad al Borbón durante la guerra de Sucesión de 1701 a 1713; en este cuerpo las columnas han sido sustituidas por estípites, que, sobre la cornisa, se prolongan en puntas. Diferentes espacios de la fachada están decorados con diferentes escudos. La fachada de la Encarnación está protegida por una reja de hierro y bronce, regalo de obispo Pontes Cantelar. 

La portada de Santiago se abre en la fachada meridional. La construyó Vicente Acero durante el siglo XVIII en estilo barroco. El acceso es en arco de medio punto entre dos pares de columnas corintias; sobre este aparece un medallón, que contiene un relieve de un jarrón con unas azucenas, símbolo de la catedral; a ambos lados del jarrón se distinguen las letras F e Y, abreviaturas de Fernando V y su esposa Isabel de Farnesio; sobre el medallón se abre una hornacina, que recibe una imagen de Santiago peregrino, obra que Francisco Moreno ejecutó en el siglo XVIII.

La portada de Santiago de la santa y apostólica iglesia catedral de la Encarnación de Guadix se erigió durante el siglo XVIII en estilo barroco. Es monumental y contiene elementos simbólicos.

  

La portada de San Torcuato se abre el muro septentrional. La erigió Gaspar Cayón durante el siglo XVIII en estilo barroco. El acceso es en medio punto entre columnas corintias sobre podio, al que se accede ascendiendo una escalinata; sobre el acceso un frontón curvo partido por un escudo en alto relieve y sobre la cornisa una hornacina vacía, que en su día recibió la imagen de san Torcuato, que ahora acoge otra hornacina, abierta en el lado derecho de la fachada.


Gaspar Cayón fue uno de los arquitectos barrocos que tuvo una mayor participación en la construcción de la santa y apostólica iglesia catedral de la Encarnación de Guadix.

  

La torre campanario cuenta con tres cuerpos, linterna y chapitel. El primer cuerpo lo ejecutó Diego de Siloé en 1556; es el más macizo, con apenas vanos, y austero. El segundo cuerpo, obra de Ambrosio Vico, se levantó durante el siglo XVII; destacan las pilastras esquineras, vano adintelado con frontón triangular partido y óculos dentro de semicircunferencias. El tercer cuerpo es la sala de las campanas; se construyó en el siglo XVIII; presenta un balcón corrido y volado con baranda de hierro forjado; los muros están perforados por tres arcos de medio punto, siendo el central el de mayor desarrollo en altura; sobre el arco central se abre un óculo y sobre los laterales se disponen esculturas, todos bajo arquivoltas. La linterna octogonal se añadió en la segunda mitad del siglo XIX, obra de Juan Pugnaire. El chapitel, con la imagen del Sagrado Corazón de Jesús, lo realizó Amadeo Ruiz del Olmo en 1945. El interior de la torre campanario está recorrido por una escalera caracol; además, acoge la sacristía y la vivienda del campanero.

La torre campanario de la santa y apostólica iglesia catedral de la Encarnación de Guadix la inició Diego de Siloé en el siglo XVI y la finalizó Amadeo Ruiz del Olmo en el siglo XX.

  

El interior de la santa y apostólica iglesia catedral de la Encarnación de Guadix presenta como elementos sustentantes pilares cruciformes con semicolumnas corintias adosadas, de las que arrancan arcos apuntados. Las cubiertas son bóvedas estrelladas.

La capilla mayor se levantó durante el siglo XVIII en estilo barroco; es obra de Gaspar Cayón y Vicente Acero; es de planta pentagonal, abierta a la girola a través de arcos de medio punto.

El coro actual es del siglo XVIII, de estilo barroco, obra de Pedro Fernández Pachote, que se ocupó de la sillería, y de Torcuato Ruiz del Peral, Cecilio Trujillo y Felipe González Santiesteban, que realizaron la imaginería; vino a sustituir al coro del siglo XVI, obra de Martín Bello. Se ubica en el tercer tramo de la nave central, frente a la capilla mayor; se organiza en dos niveles, reconociéndose figuras de apóstoles, evangelistas, santos y santas y fundadores de órdenes monacales presentes en Guadix.

El trascoro lo realizó Domingo Lois Monteagudo en el siglo XVIII en estilo barroco. Está compuesto por tres hornacinas, la central bajo un frontón curvo; la hornacina central recibe la imagen de la Virgen del Pilar y las laterales las de san Antonio de Padua y san Miguel Arcángel; para su edificación se empleó mármoles jaspeados y rosados.

La santa y apostólica iglesia catedral de la Encarnación de Guadix ofrece un interior monumental teniendo en cuenta sus elementos arquitectónicos y decorativos.

  

La sacristía se encuentra en la planta baja de la torre campanario. Se accede a través de una portada renacentista en arco de medio punto, entre columnas corintias sobre podio, con fuste decorado a media altura con los escudos de los obispos Pérez de Ayala y Álvarez de Vozmediano, enjutas decoradas con medallones y frontón triangular. La planta de la sacristía es cuadrangular, cubierta con cúpula esférica sobre pechinas, decoradas con los símbolos de los evangelistas.

Otros espacios y elementos destacados de la santa y apostólica iglesia catedral de la Encarnación de Guadix son, asomadas a la nave del Evangelio, las capillas de la Virgen María del Mayor Amor con la imagen de la Virgen María, la capilla de la Sagrada Familia con el retablo de la Virgen de la Humildad, la capilla de Santa Teresa con un retablo con la imagen de la santa, y la capilla del Sagrado Corazón de Jesús con un retablo dedicado a santa Teresa Jornet; a continuación, las capillas de la girola, a saber, de San Torcuato, San Sebastián, de la Encarnación, y de San Fandila, todas con sus correspondientes retablos; y asomadas a la nave del Evangelio, las capillas de la Virgen de la Esperanza, de la Inmaculada y de la Virgen de Fátima, también con sus correspondientes retablos. Además, hay que mencionar dos púlpitos y los dos ángeles lampadarios, del siglo XVIII, obra de Torcuato Ruiz del Peral; el tabernáculo que preside la capilla mayor, del siglo XVIII, en estilo neoclásico, obra de Domingo Lois Monteagudo; los lienzos de la capilla mayor Desposorios de la Virgen, Natividad de la Virgen, Encarnación, Presentación de la Virgen en el templo y Asunción a los cielos, que pintó Fernando Marín Chaves en el siglo XVIII; el órgano; y una reproducción de la Piedad del Vaticano, de Miguel Ángel, destruida durante la guerra civil de 1936 a 1939, restaurada por María Ángeles Lázaro en 2001.

Al exterior, la santa y apostólica iglesia catedral de la Encarnación de Guadix ofrece un sistema de cubiertas complejo: la nave central se cubre a dos aguas, las naves laterales y girola a cuatro vertientes tramo a tramo y el primer tramo de la nave central, la capilla de San Torcuato y la torre campanario a ocho aguas.

La santa y apostólica iglesia catedral de la Encarnación de Guadix debe su importancia artística a haber sido construida en diferentes estilos -gótico, renacentista y barroco- integrados de una manera coherente.

sábado, 17 de octubre de 2026

Pórtico del Paraíso de la catedral de San Martín de Orense

La catedral de San Martín de Orense se construyó en tres fases durante otros tantos obispados: la cabecera siendo obispo Pedro Seguín (1157-1169), el transepto, las naves y las portadas laterales siendo obispo Alfonso (1174-1213), consagrándose el altar en 1188, y el pórtico del Paraíso siendo obispo Lorenzo (1216-1248). Se desconoce quiénes fueron sus autores. Es de estilo románico.

Pórtico del Paraíso de la catedral de Santa Martín de Orense, 1218-1248.
Estilo: Románico.
Técnica: Piedra tallada y policromada.
Temática: Religiosa.
Catedral de San Martín, Orense, España.

  

En la fábrica del pórtico del Paraíso de la catedral de San Martín de Orense debieron participar maestros de diversos talleres: un primer maestro, seguidor del maestro Mateo, autor del pórtico de la Gloria de la catedral de Santiago de Compostela, trabajó antes de 1230, ocupándose de la parte baja del pórtico y de las figuras de los apóstoles y profetas; y un segundo maestro, conocedor de la puerta del Sarmental de la catedral basílica metropolitana de Santa María de Burgos, trabajó después de 1230, realizando los tres arcos y las figuras que los adornan.

El pórtico del Paraíso de la catedral de San Martín de Orense no se concibió como un acceso a la catedral y sí como un balcón, desde el siglo XVI protegido del exterior por unos arcos, obra de Rodrigo Gil de Hontañón.

Los rostros de los apóstoles del pórtico del Paraíso de la catedral de San Martín de Orense están individualizados, prueba del avance en el tratamiento naturalista durante la última etapa del románico.

  

El pórtico del Paraíso de la catedral de San Martín de Orense está compuesto por tres arcos dobles, siendo el central de mayor desarrollo que los laterales; los arcos descansan sobre gruesos pilares y el arco central presenta un parteluz; los pilares y el parteluz tienen un basamento liso; sobre el basamento descansan columnas de fuste liso, rematadas con capiteles decorados con motivos vegetales, zoomórficos y antropomórficos; la parte superior de las columnas reciben las estatuas de nueve apóstoles en el lado del Evangelio y nueve profetas en el lado de la Epístola. De los apóstoles se han identificado seis, san Pedro, san Pablo, Santiago el Mayor, san Juan, san Mateo y san Andrés, todos aparecen nimbados, visten túnica y manto y van descalzaos, todos portan un libro, excepto san Pedro y Santiago el Mayor, que llevan una cartela, los rostros aparecen individualizados, pero tienen en común ojos almendrados y labios finos, unos aparecen barbados y otros imberbes. A los profetas se los identifica por las cartelas que sujetan con las manos, son Oseas, Malaquías, uno sin identificar, que quizá sea Amós, Ezequiel, Habacuc, Jonás, Daniel, Jeremías e Isaías, todos nimbados y barbados, excepto el profeta desconocido, ojos almendrados y visten túnica y manto, solo Daniel esboza una sonrisa.

A los profetas del pórtico del Paraíso de la catedral de San Martín de Orense se los identifica por las cartelas que portan, excepto a uno de ellos, que se sospecha sea Amós.

  

Las arquivoltas y la chambrana del arco septentrional están decoradas con motivos vegetales, queriendo aludir al Jardín del Edén. La arquivolta del arco central recibe las imágenes de los veinticuatro ancianos músicos del Apocalipsis de san Juan. Las arquivoltas y la chambrana del arco meridional están decoradas con la representación del Juicio Final, apareciendo los justos a la derecha de Cristo, que ascienden al cielo ayudados por ángeles, y los condenados a su izquierda, desnudos, acompañados de demonios y sufriendo los castigos merecidos.

El pórtico del Paraíso de la catedral de San Martín de Orense cumplía una función catequética. A los fieles se les hacía llegar el mensaje de su condenación si no eran buenos cristianos.

  

El parteluz del acceso central presenta diversa decoración; el fuste cuenta con una imagen del apóstol Santiago del siglo XIII y otra de la Virgen María del siglo XIX y en el capitel se representan las tentaciones de Jesús de Nazaret en el desierto y ángeles servidores de Cristo.

En la tracería del tímpano del arco central aparece incrustada una imagen de san Martín ecuestre enmarcada por una estructura arquitectónica de época moderna.

El conjunto escultórico fue policromado en el siglo XVIII.

La importancia artística del pórtico del Paraíso de la catedral de San Martín de Orense se debe al desarrollo iconográfico y simbólico tan completo que ofrece y a la calidad técnica. Los maestros que participaron en su realización supieron aunar diferentes influencias, las del pórtico de la Gloria de la catedral Santiago de Compostela y las de la puerta del Sarmental de la catedral basílica metropolitana de Santa María de Burgos; todos dotaron a las imágenes de un naturalismo muy apreciable en el románico, que permite individualizarlas.

sábado, 3 de octubre de 2026

La ventana abierta, de Juan Gris

Juan Gris (Madrid, España, 1887-Boulogne-sur-Seine, Francia, 1927) destacó como pintor cubista. Se formó en la Escuela de Artes y Manufacturas de Madrid y en el estudio de José Moreno Carbonero. Trabajó como ilustrador en las revistas Blanco y Negro y Madrid Cómico. En 1906 viajó a París, donde conoció a Picasso, Braque y Léger. En 1910 se inició en el cubismo. En 1916 firmó un contrato con el marchante Léonce Rosenberg, lo que le permitió exponer en la galería l’Effort Moderne de París. Entre sus obras más destacadas hay que citar Retrato de Picasso (1912), Mujer sentada (1917), Guitarra y mandolina (1919) y La ventana abierta (1921).

Juan Gris: La ventana abierta, 1921.
Estilo: Cubismo.
Técnica: Óleo sobre lienzo.
Temática: Bodegón.
Dimensiones: 66 x 100 cm.
Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid, España.

  

Juan Gris se instaló en 1920 en la villa de Bandol-sur-Mer, en la Costa Azul francesa, donde, en 1921, pintó la mayoría de los cuadros que componen una serie de paisajes a través de ventanas abiertas. La temática de la ventana abierta no es original de Juan Gris, pues ya la habían desarrollado Delaunay y Matisse, pero Juan Gris la eleva de categoría, caracterizándola de una manera muy personal.

En el lienzo Ventana abierta aparecen dos espacios combinados: el interior, ocupado por una naturaleza muerta, y el exterior, por una marina. La naturaleza muerta se dispone sobre una mesa, que hace las veces de alfeizar de la ventana; está compuesta, de izquierda a derecha, por una partitura, una cesta con castañas, una botella, una guitarra y otra partitura. Los elementos que componen la marina son el mar, las montañas y un cielo con nubes altas. Las hojas de las ventanas son de madera, pareciendo la izquierda desvencijada. La naturaleza muerta y la marina no guardan relación alguna, solo la ventana abierta los reúne en el mismo campo visual.

En la naturaleza muerta contrastan las líneas diagonales de las partituras y la guitarra con las verticales de la cesta de nueces y la botella. La marina se organiza en líneas horizontales. La hoja izquierda de la ventana se dispone en diagonal, mientras que la derecha lo hace en vertical. Así, todas las líneas conforman un equilibrio compositivo.

La paleta de colores es variada y contrastada, predominando los azules, blancos, grises, marrones y el negro.

El foco de luz se encuentra fuera del cuadro, en la parte superior derecha. Así, la luz es potente en el paisaje exterior, mientras en el interior aparece matizada.

Juan Gris, a diferencia de Braque y Picasso, desarrolló un cubismo analítico muy personal, pues los elementos que componen sus creaciones son reconocibles a primera vista, hay más luz y la paleta de colores es más amplia y viva. Estas características hacen que los cuadros de Juan Gris sean más accesibles al gran público que los de Braque y Picasso. 

sábado, 26 de septiembre de 2026

Cripta de San Antolín

La cripta de San Antolín se encuentra dentro de la santa iglesia catedral basílica de San Antolín de Palencia. Se construyó en dos momentos y en dos estilos diferentes; la cabecera durante el siglo VII en estilo visigodo y la nave durante el siglo XI en estilo románico. Wamba (rey visigodo, 672-680) ordenó su construcción, a modo de martyrium, para acoger los restos del mártir San Antolín de Pamiers. Durante el reinado de Sancho III el Mayor (1004-1035) se procedió a añadir una nave, ampliando las dimensiones de la cripta. Durante el siglo XII se edificó una iglesia de estilo románico, que integró la cripta bajo suelo. Durante los siglos XV y XVI se construyó la santa iglesia catedral basílica de San Antolín de Palencia, que también asumió la cripta bajo su suelo.

La cabecera de la cripta de San Antolín se construyó en el siglo VII en estilo visigótico y la nave durante el siglo XI en estilo románico.

  

La cripta de San Antolín presenta una planta de una nave alargada, que se divide en dos partes: la cabecera, visigoda, la más estrecha, dividida en tres tramos de diferente anchura, marcados por arcos de medio punto rebajados, y la nave, románica, más ancha, dividida en cinco tramos, el más cercano a la cabecera, trapezoidal, hace las veces de presbiterio, y cuatro rectangulares, marcados por arcos fajones de medio punto.


La planta de la cripta de San Antolín es de una sola nava alargada, distinguiéndose la cabecera, visigoda, en la parte oriental, y el resto, románico y de mayores dimensiones.

  

A la cripta de San Antolín se accede por el extremo occidental, bajando una escalera. La nave cuenta con cuatro tramos rectangulares, marcados por arcos fajones de medio punto, de dovelas irregulares, que refuerzan la bóveda de medio cañón; los arcos descansan en pilastras sobre plinto corrido; en cada tramo se abren vanos de medio punto abocinados y cegados. El primer tramo está ocupado por el brocal de un pozo.

El tramo trapezoidal da paso a la capilla visigoda. Esta presenta una planta alargada, pero más corta y estrecha que la nave. Se divide en tres tramos de diferente anchura, cubiertos por una bóveda de cañón, reforzada por arcos de medio punto rebajados. Al fondo, tres arcos de herradura descansan sobre dos columnas y los muros. Las columnas presentan basa, fuste liso, capitel corintio invertido y cimacio, uno decorado con motivos geométricos y el otro con roleos, todo muy desgastado. En el primer tramo se abren vanos de herradura cegados.


El elemento más llamativo de la capilla de la cripta de San Antolín es una galería de arcos de herradura visigodos.

  

Durante el siglo XVI se modificó el acceso a la cripta de San Antolín. La puerta lateral abierta en el muro meridional del primer tramo de la nave se inutilizó; en su lugar se abrió el actual acceso mediante escalera en el muro de poniente.

La cripta de San Antolín se restauró en 1930, elevándose el nivel del suelo.

sábado, 19 de septiembre de 2026

Museo de Cádiz

El Museo de Cádiz se constituyó en 1970 resultado de la fusión del Museo Arqueológico de Cádiz y del Museo de Bellas Artes de Cádiz. Los orígenes del museo se remontan a 1838, año en el que se fundó el Museo Provincial de Bellas Artes de Cádiz, que recibió numerosas obras procedentes de los conventos exclaustrados tras la desamortización de Mendizábal de 1835.

Apoteosis de san Bruno (1637-1639), de Zurbarán, es de estilo barroco y una de las obras más valoradas del Museo de Cádiz.

  

El Museo de Cádiz se organiza en tres secciones:

  • Arqueología. Reúne obras de la Prehistoria, Edad Antigua y Edad Media encontradas en la provincia de Cádiz, destacando las púnicas, caso de un sarcófago antropoide femenino (470 a. C.) y otro masculino (400 a. C.) y romanas, caso de un sarcófago paleocristiano (300).
  • Bellas Artes. Muestra una colección de pinturas de los siglos XVI al XX, entre las que destacan Apoteosis de san Bruno (1637-1639), de Zurbarán, Ecce Homo (siglo XVII), de José de Ribera, ambas de estilo barroco, Patio del convento de San Francisco de Cádiz (1881), de Salvador Viniegra, obra costumbrista, y Retrato de Micaela de Aramburu Picardo (1928), de Zuloaga, de hechura expresionista.
  • Etnografía. De esta sección destaca el conjunto de títeres de la Tía Norica, de finales del siglo XVIII.
Retrato de Micaela de Aramburu Picardo (1928) es uno de los retratos más destacados de Zuloaga.


sábado, 20 de junio de 2026

Francisco Herrera el Mozo

Francisco Herrera el Mozo (Sevilla, 1622-Madrid, 1685) fue uno de los pintores más destacados de la escuela madrileña de pintura barroca, además de arquitecto. Se formó como pintor con su padre Francisco Herrera el Viejo. Estuvo en Italia entre 1647 y 1653, donde conoció a Pietro de Cortona, estudió a la escuela veneciana y asumió los principios estéticos del Barroco italiano. Fue nombrado pintor de Corte por el rey Felipe IV en 1654 y pintor del Rey y maestro y trazador mayor de las obras reales por el rey Carlos II en 1677. Pintó retratos, pero sus mejores cuadros son de temática religiosa, caso de El triunfo de san Hermenegildo (1654), Triunfo del Sacramento o Apoteosis de la Eucaristía (1655) y Sueño de san José (1661). Como arquitecto su intervención más destacada fue la realización de los planos para la catedral basílica de Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza (1679). 

La trayectoria artística de Francisco Herrera el Mozo pasó por cuatro etapas:

  • Formación, hasta 1653.
  • Primera etapa madrileña, de 1653 a 1655.
  • Sevillana, de 1655 a 1660.
  • Segunda etapa madrileña, de 1660 a 1685. 

Francisco Herrera el Mozo desarrolló su etapa de formación (hasta 1653) entre Sevilla e Italia. La primera formación la recibió de su padre Francisco Herrera el Viejo en su taller de Sevilla. Se le atribuye el lienzo La predicación de santa Catalina de Siena ante el papa Urbano VI del convento de Santa María la Real de Bormujos; se constata la influencia de su padre y de grabados flamencos como se aprecia en la rigidez de las figuras, pero también una de sus características posteriores, la pincelada suelta, que desarrolló en Italia. En el bodegón Vendedor de pescado (hacia 1650) se reconoce una doble influencia, la de su padre y la de Velázquez, que se pone de manifiesto en el virtuosismo en la reproducción de los detalles.

Viajó a Italia en 1647. Conoció a Pietro de Cortona, además estudió a la escuela veneciana, en particular a Veronés, y asumió los valores estéticos barrocos italianos. Lo puso de manifiesto en las cartelas ornamentales grabadas en cobre, que fueron utilizadas como frontispicios de diferentes colecciones de manuscritos conservados en la iglesia nacional española de Santiago y Montserrat de Roma, realizadas en 1649.

Francisco Herrera el Mozo pintó su obra maestra durante la primera etapa madrileña (1653-1655), Triunfo de san Hermenegildo (1654), que formó parte del retablo mayor de la iglesia conventual de los Carmelitas Descalzos de Madrid. Se ajusta al tema de la apoteosis de santos en rompimiento de Gloria; san Hermenegildo aparece como un santo joven y vigoroso en ascensión hacia los cielos, viste al modo romano imperial con coraza y manto y en su mano derecha porta un crucifijo; alrededor del santo, unos ángeles ascienden con él llevando los atributos reales del cetro y la corona, los martiriales de las cadenas y el hacha, y los de santidad de la palma y la corona de flores; otros ángeles cantan y tocan a Gloria; en el nivel inferior, bajo san Hermenegildo, aparecen Leovigildo, rey visigodo y padre del santo, con armadura y gesto de angustia, y un obispo arriano, con cáliz en la mano y gesto de temor. Las características formales del cuadro son barrocas: la composición es helicoidal ascendente; las pinceladas son líquidas y difuminan el segundo plano; los colores son brillantes y luminosos, con predominio de azules y blancos; y contrasta el oscuro de la parte inferior, donde están Leovigildo y el obispo arriano, con la claridad celestial, donde se hayan san Hermenegildo y los ángeles. Triunfo de san Hermenegildo debe su relevancia artística e histórica a sus calidades, tanto que siempre ha sido considerado una obra maestra del Barroco; por haber influido en la obra de pintores de la talla de Claudio Coello, como se demuestra en Triunfo de san Agustín (1664); y por plasmar el ideario contrarreformista del catolicismo y de la Monarquía Hispánica frente al luteranismo.

Triunfo de san Hermenegildo (1654) está considerada la obra maestra de Francisco Herrera el Mozo. Se ajusta a los principios estéticos barrocos y teológicos contrarreformistas.

  

Francisco Herrera el Mozo pintó obras de gran valor artístico durante la etapa sevillana (1655-1660), caso de Triunfo del Sacramento o Apoteosis de la Eucaristía (1655) y Triunfo de san Francisco o San Francisco recibiendo los estigmas (1657). Triunfo del Sacramento o Apoteosis de la Eucaristía se ajusta a los principios estéticos barrocos de diagonales y movimiento marcados y teológicos contrarreformistas, siendo el cuadro de temática eucarística y mariana; en el centro de la composición aparece una custodia eucarística, fuente de luz; las figuras que la rodean son la Virgen María en adoración y los doctores de la Iglesia como testigos, estos son san Agustín con mitra de obispo, san Buenaventura con hábito de franciscano y capelo cardenalicio, santo Tomás de Aquino, que conversa con san Agustín, san Gregorio y san Ambrosio hablando y san Jerónimo escribiendo, inspirado por la Sagrada Forma; además de varios ángeles y niños.  En Triunfo de san Francisco o San Francisco recibiendo los estigmas un grupo de ángeles elevan al santo a los cielos, evitando la corrupción de su cuerpo; san Francisco y los ángeles aparecen entre nubes y una luz mística; el santo aparece vestido con el hábito de la Orden franciscana; la estética barroca se aprecia en el movimiento ascendente, el volumen de las figuras y los contrastes entre las zonas iluminadas del lienzo y las dejadas en sombra. 


Francisco Herrera el Mozo en Triunfo del Sacramento (1655) desarrolló las temáticas eucarística y mariana, tan importantes en la doctrina contrarreformista.

  

Francisco Herrera el Mozo fue elegido copresidente, junto con Bartolomé Esteban Murillo, de la recién creada Academia de Dibujo de Sevilla en 1660.

Francisco Herrera el Mozo alcanzó los máximos reconocimientos artísticos durante la segunda etapa madrileña (1660-1685). Se trasladó a Madrid para atender el encargo de su amigo Sebastián de Benavente, arquitecto y ensamblador de retablos, de pintar el cuadro que ocuparía el ático del retablo de la capilla de San José del convento de Santo Tomás, de la cofradía de San José de ensambladores y carpinteros de maderas finas; el cuadro se titula Sueño de san José (1660). Se representa el momento en el que san José cae en un sueño profundo durante el cual se le aparece un ángel, que señala a la paloma, para decirle que María va a concebir a Jesús, hijo de Dios, por obra y gracia del Espíritu Santo, para salvar a los hombres de sus pecados. La escena se estructura en una línea diagonal ascendente, el cuerpo de san José; este aparece recostado, en un escorzo muy acusado, que se justifica por el hecho de que el cuadro ocuparía el ático del retablo; la paloma aparece acompañada por un grupo de querubines, un espejo y una rama de azucenas, lo que sirve para simbolizar la pureza de María, y la corona que porta uno de los ángeles que María es reina de los cielos; la pincelada es suelta, lo que permitió reproducir una atmósfera vaporosa; el juego de luces y sombras resulta violento, san José queda en umbría, mientras el Espíritu Santo desprende una luz intensa. Este cuadro está considerado una de las obras maestras del Barroco madrileño.

Sueño de san José (1660) es una de las obras más valoradas de Francisco Herrera el Mozo y del Barroco madrileño.

  

Francisco Herrera el Mozo realizó otro cuadro también titulado Sueño de san José para el retablo de la capilla de San José de la iglesia parroquial de San Sebastián de Aldeavieja (1662), capilla funeraria de Luis García de Cerecedo, quien encargó la obra. Este también le encargó los cuadros del retablo mayor de la ermita de Santa María de Cubillo de Aldeavieja (1665).

Otros cuadros importantes en la producción de Francisco Herrera el Mozo durante la segunda etapa madrileña fueron Santa Ana enseñando a leer a la Virgen, Santa Teresa de Jesús, San Pedro como pontífice e Inmaculada Concepción, todos pintados entre 1667 y 1670. En Santa Ana enseñando a leer a la Virgen la primera aparece como maestra, lo que permite reconocerla como doctora y representarla dentro del ciclo de pinturas que adornaban la cúpula de la iglesia de los agustinos recoletos de Madrid; la paleta de colores es escasa, predominando los tonos blancos, dorados, ocres y rojizos. En Santa Teresa de Jesús representó a esta como doctora, la mirada hacia el cielo observando al Espíritu Santo, fuente de su inspiración; santa Teresa presenta rostro ovoide y ojos vidriosos. En San Pedro como pontífice se representa al santo como el papa León I Magno en cátedra, tocado con la tiara papal rematada con una esfera del mundo y esta con una cruz, portando en la mano izquierda la cruz triple de los pueblos de Occidente, también llamada cruz papal porque solo pueden llevarla los papas; también con esta mano sujeta la llave de oro que abre el cielo; san Pedro ofrece una poderosa fuerza expresiva; en la paleta de colores predominan los tonos azules, blancos, dorados y rojizos; la pincelada es larga y pastosa. La Inmaculada Concepción de Francisco Herrera el Mozo se ajusta a un modelo distinto al habitual, ocupando la mayor parte del lienzo, con tres ángeles tapándola hasta casi las rodillas y ofreciendo una figura recogida y estática, lo que limita la sensación de elevación; de los ángeles que enmarcan a la Virgen, los que ocupan la parte superior del lienzo solo dejan ver la cabeza; en la paleta de colores predominan los tonos azules, blancos, encarnados y dorados.

Francisco Herrera el Mozo desarrolló una nueva tipología mariana en Inmaculada Concepción (hacia 1667-1670).

  

Francisco Herrera el Mozo realizó dibujos de gran valor artístico durante la segunda etapa madrileña. Hay que citar San Mateo y san Marcos (1663-1664), en el que ambos están escribiendo los evangelios y se los reconoce por sus atributos, un ángel acompaña a san Mateo y un león a san Marcos; las figuras de los evangelistas aparecen estilizadas y las dotó de movimiento mediante trazos de pluma ejecutados de manera rápida y líneas onduladas.


Francisco Herrera el Mozo realizó dibujos de gran valor, siendo San Mateo y san Marcos (1663-1664) el más valorado. La escena parece estática, pero el giro de cuello de san Mateo y los trazos ondulados lo dotan de movimiento.

  

Francisco Herrera el Mozo realizó diversos trabajos como arquitecto. El primer diseño fue el de las trazas del retablo y la urna para el cuerpo del rey Fernando III el Santo para el presbiterio de la santa metropolitana y patriarcal iglesia catedral de Santa María de la Sede y de la Asunción de Sevilla (1671). Se encargó de los decorados del Salón Dorado del viejo Alcázar de Madrid, donde se realizaron representaciones teatrales con motivo del cumpleaños de la reina Mariana de Austria (1672). Realizó las trazas para el retablo de la iglesia del hospital de Montserrat o de los Aragoneses de Madrid (1677), de cuya ejecución se ocuparon José Ratés y José Simón de Churriguera. Estos trabajos le sirvieron para que el rey Carlos II le nombrase maestro y trazador mayor de las obras reales (1677). Diseñó la puerta de Guadalajara de Madrid para recibir a María Luisa de Orleans (1679). Se le encargó la revisión del diseño de Felipe Sánchez para la basílica de Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza (1681), aunque se desestimó en 1695 por la oposición del cabildo a derribar y reconstruir la primitiva capilla.

Una parte importante de la obra de Francisco Herrera el Mozo se ha perdido, por ejemplo, los bodegones que pintó en Italia, los paisajes, los retratos y muchos dibujos para ilustrar las portadas de libros y todos los frescos que realizó para diferentes iglesias madrileñas.

No se conocen discípulos de Francisco Herrera el Mozo en el sentido tradicional del término. Sin embargo, sí era valorado por muchos artistas contemporáneos; en este sentido los pintores españoles residentes en Roma solicitaron a Gaspar de Haro Guzmán, marqués del Carpio, embajador de la Monarquía Hispánica en Roma, crease una academia, a imitación de lo que ya habían hecho Francia, bajo la dirección de Francisco Herrera el Mozo con el fin de que en ella completasen su formación los artistas españoles. Además, se reconoce la influencia de Francisco Herrera el Mozo sobre Murillo y Valdés Leal.

sábado, 6 de junio de 2026

San Salvador de Cantamuda

La condesa doña María Elvira fundó la iglesia de San Salvador de Cantamuda como su lugar de enterramiento en 1123. La iglesia pasó a ser monacal en 1181. En 1748 recibió la consideración de colegiata, que mantuvo hasta 1851, que pasó a ser iglesia parroquial. Fue declarada Bien de Interés Cultural en 1993. La iglesia de San Salvador de Cantamuda es de estilo románico.

La iglesia de San Salvador de Cantamuda se construyó en el siglo XII en estilo románico. Uno de sus elementos característicos es la espadaña campanario.

  

La iglesia de San Salvador de Cantamuda presenta planta de cruz latina de una sola nave longitudinal de dos tramos, transepto muy marcado y cabecera triabsidial; los ábsides son semiesféricos con presbiterio; el ábside central tiene mayor desarrollo que los laterales, que coinciden con los extremos del transepto; el ábside derecho está cerrado por una reja, pues hace las veces de sacristía. En el lado meridional aparece un pórtico del siglo XVI, que protege la entrada a la iglesia.


La iglesia de San Salvador de Cantamuda ofrece planta de cruz latina con tres ábsides hemiesféricos en la cabecera.

  

La fachada occidental está integrada por dos cuerpos. El primer cuerpo ofrece un muro rehundido bajo un arco apuntado dovelado; el acceso presenta tres arcos apuntados abocinados con arquivoltas lisas y guardapolvos; sobre el acceso se abre un ventanal de las mismas características que el acceso. El cuerpo superior se trata de una espadaña compuesta por dos cuerpos; en cada uno se abren dos vanos de medio punto sobre columnas de capiteles decorados con hojas estilizadas; los vanos acogen las campanas. El remate de este cuerpo es triangular.

Una torre cilíndrica aparece adosada junto a la fachada en su lado norte a modo de husillo. Por su interior corre una escalera que sirve para acceder a las campanas. Se erigió a comienzos del siglo XVII.

El pórtico meridional se construyó a mediados del siglo XVI. Es de planta rectangular; el lado largo cuenta con tres arcos de medio punto y los cortos con uno, también de medio punto. Además, protege el acceso meridional a la iglesia; presenta arco apuntado, con tres arquivoltas aristadas, la intermedia decorada con bolas, y guardapolvos.

La cabecera la forman tres ábsides semicirculares de diferente desarrollo. El ábside central destaca en altura, anchura y profundidad; una imposta lo divide en dos mitades horizontales y dos pilastras y dos columnas pareadas superpuestas en tres lienzos verticales; los capiteles de las columnas están decorados con motivos geométricos, vegetales y zoomórficos; en la mitad superior de cada lienzo se abre un vano de medio punto. Los muros de los ábsides laterales son lisos; en ellos solo se abre un pequeño vano de medio punto.

La cabecera de la iglesia de San Salvador de Cantamuda cuenta con tres ábsides semicirculares, siendo el central de mayor desarrollo.

  

Al exterior, la nave longitudinal y los brazos del transepto se cubren a dos vertientes, el crucero a cuatro aguas, los ábsides y la torre a una vertiente y el pórtico a tres aguas. Los aleros se apoyan en canecillos.

El exterior apenas ofrece decoración, pero alguno de sus elementos es llamativo; por ejemplo, los canecillos aparecen decorados con motivos antropomórficos y zoomórficos, o el rostro humano del capitel de la columna derecha del vano del muro meridional del transepto.


El vano del muro meridional del transepto ofrece la decoración exterior más llamativa de la iglesia de San Salvador de Cantamuda; en el capitel izquierdo un entrelazado, en el derecho una cabeza humana y puntas en la arquivolta exterior.

  

Al interior, la nave longitudinal, los brazos del crucero y los presbiterios están cubiertos por bóvedas de cañón apenas apuntadas, en la nave longitudinal reforzada por arcos fajones, que descansan sobre pilares cruciformes reforzados con medias columnas adosadas; el crucero aparece cubierto con bóveda de crucería; y los ábsides se cubren con bóvedas de horno, la del central está reforzada por nervios, que apoyan en medias columnas.

La decoración en el interior de la iglesia se concentra en los capiteles de las columnas que sostienen el arco apuntado de acceso al ábside central y los nervios que recorren la bóveda de horno; están decorados con formas vegetales. La bóveda del ábside derecho está decorada con madera policromada.

El ábside central de la iglesia de San Salvador de Cantamuda se cierra con una bóveda de horno nervada. Se ilumina a través de tres vanos. La decoración se concentra en los capiteles de las columnas y es de carácter vegetal.

  

El coro alto está dispuesto sobre el último tramo de la nave longitudinal. Presenta fábrica de madera. La barandilla está adornada con un crucificado de madera. Se accede al coro ascendiendo una escalera adosada al muro meridional.

Para construir la iglesia de San Salvador de Cantamuda se utilizaron sillares y mampostería.