sábado, 7 de marzo de 2026

Lamento ante Cristo muerto, de Luis de Morales

Luis de Morales (Badajoz, 1510-ídem, 1586) se formó como pintor en Sevilla e Italia, pero desarrolló su carrera profesional en Extremadura. Se vio influido por Rafael, Leonardo, Parmigianino y la escuela flamenca. Sus pinturas son manieristas, y se distinguen por la idealización de unos personajes que se someten a un canon alargado. Sus cuadros se ajustan a los principios del Concilio de Trento (1545-1563) y de la Contrarreforma. Sus obras más importantes son de carácter religioso; las más destacadas son Virgen del pajarito (1546), Lamento ante Cristo muerto (1566) y Virgen con el Niño (1568).

Luis de Morales: Lamento ante Cristo muerto, 1566.
Estilo: Manierista.
Técnica: Óleo sobre madera.
Temática: Religiosa.
Dimensiones: 167 x 125 cm.
Museo de Salamanca, Salamanca, España.

 

 

El lamento ante Cristo muerto se desarrolló entre el descendimiento de la cruz y el entierro, aunque es un evento que no se narra en ninguno de los Evangelios. Durante la Edad Media se popularizó este tema a partir de las obras de diferentes autores y los sermones de aquellos años. 

Lamento ante Cristo muerto, de Luis de Morales, presenta una composición piramidal, siendo la base de la pirámide los personajes que aparecen en la escena, su eje el poste de la cruz y las escaleras los límites de la misma. 

En primer plano se reconocen las figuras de Cristo, María Magdalena, la Virgen María y san Juan. Cristo aparece en el centro de la escena, en diagonal, semiyacente, la Virgen María le sostiene por las axilas, aspecto siríaco, con los ojos cerrados y la boca entreabierta, vestido con el paño de pureza y una sábana de pequeñas dimensiones. Se aprecian las heridas de la Pasión, pero apenas hay sangre. María Magdalena se dispone en el lado izquierdo, vestida con túnica ocre y manto verde, dirige la mirada a Cristo y se lleva la mano izquierda al pecho. La Virgen María se encuentra en el centro de la escena, detrás de Cristo, se presenta arrodillada, viste una túnica blanca y un manto azul, su mirada se dirige a su hijo. San Juan ocupa el lado derecho de la escena, arrodillado, viste una túnica ocre y orienta su mirada a la figura de Cristo. María Magdalena, La Virgen María y san Juan aparecen nimbados, símbolo de santidad. 

El segundo plano está ocupado por el madero de la cruz y las escaleras. 

El tercer plano lo llena un paisaje árido y el cielo, que se presenta cerrado por nubes de gran desarrollo. 

La paleta de colores es escasa, predominando el ocre, que se utiliza para el paisaje, el madero, las escaleras y las túnicas de María Magdalena y san Juan; además, del blanco, que simboliza la pureza de Cristo y la Virgen María, el azul la eternidad de la Virgen María y el verde la esperanza que adorna a María Magdalena. 

La luz entra por el lado superior izquierdo. También se adivina entre las nubes. 

En Lamento ante Cristo muerto se aprecia que Luis de Morales recibió la influencia de la escultura La Piedad, de Miguel Ángel. 

Lamento ante Cristo muerto, de Luis de Morales, es una de las obras más valoradas del Museo de Salamanca desde 1848. Durante muchos años se consideró que formó parte del retablo mayor de la parroquia de Nuestra Señora de Entrambos Álamos de San Felices de los Gállegos (Salamanca). Sin embargo, el investigador Carmelo Solís defiende que es una de las tablas del retablo mayor de la parroquia de Alconchel (Badajoz). Se sabe que en 1789 era propiedad de don Manuel de Benavente y Mayo, deán de la catedral de la Asunción de la Virgen de Salamanca, la llamada Catedral Nueva, y que ese año pasó a ser propiedad del obispo Andrés José del Barco.

sábado, 28 de febrero de 2026

San Salvador de Vilar de Donas

La iglesia de San Salvador de Vilar de Donas es uno de los edificios más característicos del románico gallego del Camino de Santiago. Formó parte del monasterio homónimo femenino, fundado por la familia Arias de Monterroso, en el siglo XII; fue donado a la Orden de Santiago en 1184, que terminaron las obras en el siglo XIII y lo utilizaron como lugar de enterramiento de los caballeros de la Orden muertos en Galicia; se vio afectado por la desamortización de Mendizábal de 1835, que tuvo como consecuencia su extinción, quedando en pie la iglesia actual; por último, fue declarado Bien de Interés Cultural en 1931.

La iglesia monacal de San Salvador de Vilar de Donas se levantó durante el siglo XII en estilo románico.

  

La iglesia de San Salvador de Vilar de Donas presenta planta de una sola nave, crucero marcado y cabecera triabsidial hemiesférica, ofreciendo mayor desarrollo el ábside central. Delante del acceso al templo se dispone un pórtico de planta rectangular.


La planta de la iglesia de San Salvador de Vilar de Donas ofrece una sola planta, transepto y tres ábsides semiesféricos en la cabecera.

  

El elemento más llamativo de la iglesia de San Salvador de Vilar de Donas es la portada, que se dispone en su fachada occidental. Cuenta con cinco arquivoltas de medio punto, que descansan sobre tres columnas acodilladas a cada lado, que descansan sobre podio. Las arquivoltas ofrecen decoración vegetal -florones y plantas- y geométrica -línea en zigzag y taqueado jaqués-, la línea de imposta está decorada con motivos vegetales; los capiteles de las columnas cuentan con decoración geométrica e historiada; el podio de las columnas está decorado con arquillos ciegos; y el pinjante de la arquivolta interior está decorado con forma de capitel vegetal. Sobre la arquivolta exterior se cuentan ocho arquillos semicirculares ciegos sobre ménsulas, protegidos por un tejaroz. La portada está enmarcada por dos contrafuertes hacia los que se prolongan el podio de las columnas y la línea de imposta. Las puertas de madera llaman la atención por sus herrajes de hierro. Sobre la portada se abre un vano alargado de medio punto y una espadaña, que recibe dos campanas, de estilo barroco.


La portada de acceso a la iglesia de San Salvador de Vilar de Donas se abre en el lienzo occidental. Está formada por cinco arquivoltas decorados con motivos vegetales, geométricos y un pinjante.

  

Delante de la portada se extiende un nártex de planta rectangular. Su elemento más destacado es la galería formada por tres arcos ojivales con moldura exterior, que descansan sobre parejas de columnas, las de los arcos centrales adosadas a un pilar central y las exteriores adosadas al muro de la iglesia o al muro exterior del pórtico. Las columnas descansan sobre podio. 

La cabecera de la iglesia de San Salvador de Vilar de Donas presenta tres ábsides semicirculares, siendo el central de mayores dimensiones, en altura, anchura y profundidad. El ábside central está dividido en tres lienzos por dos contrafuertes; en cada lienzo se abre un vano de medio punto alargado sobre columnas de capiteles decorados con motivos vegetales; en los ábsides laterales se abren idénticos vanos; las líneas de imposta recorren los ábsides de lado a lado y están decoradas con el taqueado jaqués.


La cabecera de la iglesia de San Salvador de Vilar de Donas presenta tres ábsides semicirculares, siendo el central el de mayor desarrollo.

  

A cada lado de la nave longitudinal se abren tres vanos de medio punto alargados. 

El transepto cuenta con contrafuertes esquineros. En su lienzo occidental se abren sendas puertas adinteladas. 

Desde la nave central se accede al crucero traspasando un arco de medio punto doblado, que descansa sobre medias columnas adosadas a sendas pilastras y estas al muro; los capiteles están adornados con motivos vegetales. 

Se accede a los ábsides bajo arcos triunfales de medio punto que descansan sobre semicolumnas adosadas al muro; los capiteles están adornados con motivos vegetales. A la capilla mayor del ábside central se accede bajo arco triunfal de medio punto, que descansa sobre pilastras. Los ábsides se comunican a través de arcos de medio punto con molduras decoradas con taqueado jaqués. El mismo motivo decorativo recorre la línea de imposta sobre la que descansan los vanos de medio punto. 

La iglesia de San Salvador de Vilar de Donas cuenta con diversas cubiertas: la nave central es de madera en forma de naveta invertida, el crucero se cubre con bóveda de crucería, los brazos del transepto con bóvedas de cañón y el ábside central con bóveda de cañón y de horno y los ábsides laterales con bóveda de horno. Al exterior la cubierta de la nave longitudinal y el transepto son a doble vertiente y a un agua la de los ábsides. Los aleros de las cubiertas descansan sobre canecillos decorados con motivos geométricos. 

Como material de construcción se utilizaron sillares de granito regulares. 

Entre los elementos que decoran la iglesia de San Salvador de Vilar de Donas hay que citar las pinturas murales del ábside central, realizadas en el año santo compostelano de 1434, siendo las escenas más valoradas la Anunciación y Cristo en Majestad y los colores predominantes amarillo, negro y rojo; y los sepulcros de los caballeros de la Orden de Santiago.


El ábside central de la iglesia de San Salvador de Vilar de Donas está decorado con pinturas murales realizadas a mediados del siglo XV. 

sábado, 21 de febrero de 2026

Vista de Toledo, de El Greco

El Greco (Candia, Creta, 1541-Toledo, España, 1614) inició su carrera artística pintando iconos de estilo tardobizantino; entre 1567 y 1570 vivió en Venecia, donde estudió a Tiziano, Tintoretto y Veronés; y entre 1570 y 1577 en Roma, relacionándose con el círculo del cardenal Farnesio y estudiando a Miguel Ángel. En 1577 se instaló en España, en la ciudad de Toledo, donde pintó sus mejores lienzos por encargo de la Iglesia. Sus mejores cuadros son los retratos y los religiosos, de entre los que hay que citar El expolio (1579), La Trinidad (hacia 1577-1580), El martirio de san Mauricio y la legión tebana (1582), El entierro del conde de Orgaz (1587) y La adoración de los pastores (1614); también pintó paisajes, caso de Vista de Toledo (1599).


El Greco: Vista de Toledo, 1599.
Estilo: Manierismo.
Técnica: Óleo sobre lienzo.
Temática: Religiosa.
Dimensiones: 121 x 109 cm.
Museo Metropolitano de Arte, Nueva York, EE. UU.

  

Vista de Toledo, de El Greco, es el primer cuadro de paisaje de la pintura española. Hasta entonces el paisaje aparecía asociado a otras temáticas, desde la mitológica a la religiosa. 

El Greco reprodujo algunos de los elementos más representativos de la ciudad de Toledo de entonces, pero se tomó la libertad de conjugarlos de una manera personal. Se reconocen la catedral de Santa María, el Alcázar, el puente romano de Alcántara y el castillo de San Servando, pero la catedral aparece a la izquierda del Alcázar. Además, incluyó edificios inexistentes y acentuó la pendiente que hay desde la cima de la ciudad hasta el río Tajo. 

Los edificios aparecen descentrados, ocupando el lado derecho del lienzo, sobre la mitad del cuadro. Así, el paisaje natural cobra más protagonismo, tanto el paisaje vegetal del primer plano como el cielo de la parte superior. 

La paleta de colores es escasa y fría, pero contrastada; el verde de la vegetación ocupa los dos tercios inferiores del cuadro y el azul del cielo el tercio superior. Ambos colores aparecen matizados, distinguiéndose diferentes tonalidades. El cielo aparece tormentoso y desgarrado, lo que permite introducir el color blanco entre un azul oscuro muy acusado. Además, se utilizó el gris para los edificios. 

La escena se ilumina a través de los pocos huecos que deja el cielo para que penetre la luz, lo que crea contrastes entre unas zonas más iluminadas y otras en penumbra. 

El Greco creó un tipo de paisaje singular, el manierista, caracterizado por el misticismo y la expresividad, que ejerce un impacto visual muy potente. 

El Greco, en Vista de Toledo, rinde un particular homenaje a la ciudad donde triunfó como pintor, hasta el punto de fijar su lienzo en el visionario colectivo como una de las imágenes de Toledo por definición, más allá de las licencias compositivas que se permitió. 

Vista de Toledo, de El Greco, debe su trascendencia histórico-artística a ser el primer cuadro de temática paisajística de la pintura española y a la influencia que ejerció sobre los pintores expresionistas del siglo XX, entre ellos Ignacio Zuloaga, autor de varios cuadros de vistas de la ciudad de Toledo. Además, es un cuadro que se puede considerar protoexpresionista.

sábado, 7 de febrero de 2026

Santa Cecilia de Vallespinoso de Aguilar

La ermita de Santa Cecilia de Vallespinoso de Aguilar se edificó entre finales del siglo XII y principios del siglo XIII en estilo románico. Se desconoce su autor.

La ermita de Santa Cecilia de Vallespinoso de Aguilar es una de las más representativas del románico palentino.

  

La planta de la ermita de Santa Cecilia de Vallespinoso de Aguilar es de dimensiones reducidas, 19 metros de largo por 9 de ancho. Ofrece una planta única de cuatro tramos, marcados por arcos fajones, siendo los dos más pequeños los que están a los pies del templo y los dos de mayores dimensiones los más cercanos a la cabecera; los tramos mayores ocupan más de la mitad de la planta y cada uno de esos tramos es doble a cada uno de los tramos menores. El único acceso a la ermita se encuentra en el muro meridional y lleva al segundo tramo de la planta. En el muro sur hay una torre adosada a la altura del primer tramo de la nave; es de planta cuadrada en su primer tramo y circular en el cuerpo principal. La cabecera está compuesta por presbiterio rectangular y un ábside semicircular. Aparecen un vano en el muro de poniente y tres en el absidial.

La planta de la ermita de Santa Cecilia de Vallespinoso de Aguilar es una sola nave, presbiterio y ábside semicircular.

  

La portada de la ermita de Santa Cecilia de Vallespinoso de Aguilar está adelantada con respecto al resto del muro meridional de la ermita. Es abocinada; cuenta con siete arquivoltas, que descansan sobre tres columnas y cuatro pilastras de manera alterna; las pilastras están adornadas con baquetones asemejando semicolumnas. La decoración se concentra en la arquivolta central, de mayor anchura, y en los capiteles; la arquivolta aparece adornada con motivos vegetales y los capiteles con distintas escenas figurativas, en el lado izquierdo un caballero armado defendiéndose del monstruo que le ataca, dos centauros en lucha, dos serpientes aladas, un ávaro y el diablo, la escena de la extremaunción, san Miguel pesando un alma en la balanza con el diablo sujetándose a uno de los platillos, y en el lado derecho las tres Marías ante el sepulcro de Cristo, dos personajes con un libro, dos harpías enfrentadas y dos personajes con manos alzadas; entre los capiteles figurativos aparecen otros adornados con motivos vegetales. Además, en los frisos aparecen otras figuras, que pueden representar a artesanos y músicos.

La portada de la ermita de Santa Cecilia de Vallespinoso de Aguilar ofrece una rica decoración escultórica figurativa, que se concentra en los capiteles de columnas y pilastras.

El ábside se divide en tres tramos marcados por dos columnas entregas sobre una basa, que está a la misma altura que la línea de impostas sobre la que descansan los tres vanos absidiales; estos presentan forma abocinada, los laterales adornados con decoración vegetal y el central con dos columnillas laterales con capitel adornados con harpías y sobre una línea de imposta dos arquivoltas, la interior con decoración vegetal.


Vista exterior del ábside, la torre lateral y la espadaña de la ermita de Santa Cecilia de Vallespinoso de Aguilar.

  

Las cubiertas exteriores son a un agua en la portada de acceso y ábside, y a dos aguas en la nave y presbiterio. Los aleros descansan sobre canecillos, adornados con motivos antropomórficos, geométricos, vegetales y zoomórficos.

Una espadaña sobresale en altura entre el presbiterio y la nave de la ermita.

La nave central y el presbiterio están cubiertos por una bóveda de cañón, la de la nave central reforzada por arcos fajones, y el ábside por una bóveda de horno.

El presbiterio y el ábside están a mayor altura que la nave; se accede a ellos a través de arco, que hace las veces de arco de triunfo, y ascendiendo una escalinata. Los muros del presbiterio están adornados con dos arcos ciegos trilobulados, los cuales descansan en sendas columnas laterales y dos centrales, con capiteles adornados con motivos antropomórficos, vegetales y zoomórficos. El muro absidial aparece recorrido con una línea de imposta sobre la que descansan los arcos de medio punto que dan forma a los vanos; los vanos laterales ofrecen una moldura vegetal y el vano central dos molduras lisas y capiteles decorados con motivos vegetales; sobre los vanos aparece una línea de imposta decorada con una filigrana vegetal, desde la cual arranca la bóveda de horno que cubre el ábside.

Al presbiterio y ábside de la ermita de Santa Cecilia de Vallespinoso de Aguilar se accede subiendo una escalinata por estar a una altura superior a la de la nave.

  

El material con el que se construyó la ermita de Santa Cecilia de Vallespinoso de Aguilar es sillar de piedra arenisca. 

La ermita de Santa Cecilia de Villaspinoso de Aguilar fue declarada Monumento Histórico Artístico en 1951 y restaurada en 1958.

sábado, 31 de enero de 2026

Santa Eulalia, de Luis Salvador Carmona

Luis Salvador Carmona (Nava del Rey, 1708-Madrid, 1767) es uno de los escultores barrocos del siglo XVIII más destacados. Se formó en el taller de Juan Villabrille en Madrid. Estudió a Pedro de Mena, reconociéndose la influencia de este en sus obras. Abrió su propio taller en 1731. Participó en la decoración del Palacio Real de Madrid. Sus obras son de temática religiosa, destacando Virgen del Rosario y Santa Eulalia, ambas de 1760, y Cristo crucificado y Santa María Egipciaca, ambas del segundo tercio del siglo XVIII.

Luis Salvador Carmona: Santa Eulalia, 1760.
Estilo: Rococó.
Técnica: Madera policromada con incrustaciones de vidrio y marfil.
Temática: Religiosa.
Dimensiones: Cruz: 248 x 148 x 18 cm. Figura: 147 x 133 x 38 cm.
Museo Nacional Colegio de San Gregorio, Valladolid, España.

  

Santa Eulalia nació en Augusta Emerita, actual Mérida, en 292, donde fue martirizada en 304, por proclamar su fe en Cristo y negarse a realizar sacrificios en nombre de los dioses romanos. Fue una de las víctimas de las persecuciones de cristianos que dictó el emperador romano Diocleciano.

Luis Salvador Carmona representa en esta obra a santa Eulalia de Mérida sufriendo el martirio de la crucifixión. La cruz está compuesta por dos maderos que forman una T. La santa está sujeta a la cruz por cuatro clavos. El martirio se evidencia en las heridas sangrantes de manos y pies producidas por los clavos; sin embargo, la expresión de la santa no es de dolor y sí de súplica al Señor al que parece pedirle que la lleve junto a él, pues la cabeza aparece girada hacia la derecha, levantada, mirando hacia el cielo. Santa Eulalia presenta una palidez extrema, boca abierta, hoyuelo en las mejillas, cejas perfiladas, cabello largo y ondulado, peinado con raya al medio. El cuerpo no aparece contorsionado, pero sí en contraposto. La túnica es larga, cubriendo todo el cuerpo, del que solo se ve cabeza, manos y pies; sin embargo, aparece ceñida al cuerpo por una suave brisa, lo que permite revelar la silueta de la santa, que se subraya por la cinta roja anudada a la cintura. La túnica es de color marfil, con ribetes dorados y estampados florales azules y verdes. Se ha empleado postizos de vidrio para los ojos y de marfil para los dientes. 

En Santa Eulalia se aprecia la influencia de Gian Lorenzo Bernini en el suave movimiento de los pliegues de la túnica. 

Santa Eulalia presenta cierta semejanza con Santa Librada de la basílica pontificia de San Miguel de Madrid (1756), obra de Luis Salvador Carmona, como se aprecia en un grabado de Manuel Salvador Carmona, sobrino del escultor. La semejanza se aprecia en la fisonomía de la santa y en la tipología de cruz. 

Algunas de las características formales que presenta Santa Eulalia, de Luis Salvador Carmona, permitiría catalogarla dentro del Barroco, caso de las heridas sangrantes, pero el tratamiento dado a la madera y los motivos que adornan la túnica hacen de ella una imagen característica del Rococó, a la vez que anuncia el Neoclasicismo. 

La primera ubicación de Santa Eulalia, de Luis Salvador Carmona, fue el convento de Nuestra Señora de la Merced de Valladolid. Después de la desamortización de Mendizábal (1835) pasó a formar parte de los fondos del hoy Museo Nacional Colegio de San Gregorio de Valladolid.

sábado, 24 de enero de 2026

El príncipe don Carlos de Viana, de José Moreno Carbonero

José Moreno Carbonero (Málaga, 1860-Madrid, 1942) fue un pintor de estilo realista, destacando en las temáticas de retrato, género e histórica. Se formó en la Escuela de Bellas Artes de Málaga (1868), siendo su maestro Bernardo Ferrándiz Bádenes, en París en el estudio del pintor Jean-Leon Gérôme (1875) y en Roma, donde estuvo pensionado (1881) y pintó El príncipe don Carlos de Viana, la que se considera su obra maestra y por la que ganó la primera medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1881. Entre sus muchas obras también destacan Cortejo ante la verja (1874), La meta sudante (1882) y La liberación de los cautivos de Málaga por los Reyes Católicos (1930).

José Moreno Carbonero: El príncipe don Carlos de Viana, 1881.
Estilo: Realismo.
Técnica: Óleo sobre lienzo.
Temática: Histórica.
Dimensiones: 311 x 243 cm.
Museo Nacional del Prado, Madrid, España.

  

José Moreno Carbonero representó al príncipe don Carlos de Viana en la biblioteca del monasterio benedictino de Mesina, adonde se retiró tras salir de España después de que el rey Juan II de Aragón eligiese como su sucesor al futuro Fernando el Católico. El príncipe Carlos de Viana estuvo en Italia entre 1457 y 1459.

El príncipe don Carlos de Viana aparece sentado en un sitial de estilo gótico, con la cabeza inclinada hacia su derecha, dirigiendo la mirada hacia el libro que está leyendo; los brazos del príncipe descansan en los laterales del sitial, su pie izquierdo sobre un cojín y el libro en un atril; aparece vestido con ropajes lujosos; con la mano izquierda sujeta un libro. La pared del fondo está ocupada por estanterías que reciben libros antiguos y otros objetos; también aparecen manuscritos y otros objetos en el suelo.

José Moreno Carbonero pone de manifiesto la nostalgia y honda reflexión del príncipe don Carlos de Viana representándole ensimismado en su lectura, en soledad, con la única compañía de libros antiguos y de su perro, que dormita.

Los mensajes principales que se quiere hacer llegar al espectador son la soledad y añoranza del príncipe don Carlos de Viana, su entrega al estudio, la soledad en la que se encuentra, abandonado por muchos, incluyendo su padre, con quien estaba enfrentado, y cuánto valora la fidelidad, representada por su perro.

El virtuosismo de José Moreno Carbonero se aprecia en el nítido dibujo, pincelada rápida y empastada, reproducción detallista de las texturas de los libros, muebles, objetos y vestuario del príncipe don Carlos de Viana, paleta de colores limitada, pero contrastada, con predominio de marrones, dorados y blanco roto y una iluminación procedente del exterior que se concentra en resaltar al príncipe don Carlos de Viana, el libro que lee y al perro que le acompaña.

El Museo Nacional del Prado adquirió El príncipe don Carlos de Viana después de que José Moreno Carbonero ganase la primera medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1881, lo cedió en depósito al Museo de Zaragoza en 1919 y lo recuperó en 1992 tras la exposición La pintura del siglo XIX en España en el Museo de Arte Moderno.

sábado, 17 de enero de 2026

Santa María de Piasca

La actual iglesia de Santa María de Piasca se levantó en el siglo XII, en estilo románico, en sustitución de la anterior, contemporánea al monasterio de Santa María la Real de Piasca, del siglo VIII o IX. Se la cita por primera vez en 930 en la donación de Theoda y Agonti en favor de la villa de Piasca. También se cita en un cartulario de 941 como iglesia de un monasterio dúplice, regido por la Regla de San Fructuoso, bajo la dirección de la abadesa Aylo. Durante el siglo XI, bajo la protección del conde de Liébana, el monasterio se convirtió en un centro religioso de primer orden, que siguió creciendo durante el siglo XII. Durante la Baja Edad Media perdió protagonismo. Fue remodelada en 1439 en estilo gótico. La comunidad religiosa fue exclaustrada en aplicación de la desamortización de Mendizábal de 1836, desapareciendo el monasterio y quedando la iglesia de Santa María de Piasca reducida a la condición de iglesia parroquial. Fue declarada Monumento Nacional en 1930.

La iglesia de Santa María de Piasca formó parte del desaparecido monasterio de Santa María la Real de Piasca y es una de las más representativas de la arquitectura románica del norte de España.

  

La planta de la iglesia de Santa María de Piasca es basilical con tres naves, de tres tramos antes del crucero, la central doble en anchura que las laterales; los tramos del transepto ofrecen un mayor desarrollo que los de las naves; la cabecera en origen era triabsidial, siendo el ábside central el de mayores proporciones, al exterior de planta circular y al interior poligonal; sin embargo, el ábside norte se perdió por unas filtraciones habidas en el siglo XV y en su lugar se levantó una sacristía de planta irregular. Hay dos accesos, el principal, en la fachada occidental, que desemboca en la nave central, y uno secundario, en el muro meridional, que da acceso al tramo anterior al transepto.


La planta de la iglesia de Santa María de Piasca es basilical de tres naves. De los tres ábsides originales se perdió en septentrional en el siglo XV.

  

Las naves aparecen separadas por pilares cruciformes, los cuales soportan arcos de medio punto. La nave central aparece cubierta por una bóveda de cañón reforzada por arcos fajones, las laterales por bóvedas de crucería, las del transepto por bóvedas de arista sexpartitas y los ábsides por bóvedas nervadas. El muro exterior está recorrido por catorce contrafuertes, que reciben la presión de las cubiertas.

Se diferencian varias alturas al exterior: el crucero sobresale sobre los espacios laterales del transepto, la nave central, las laterales, el ábside principal, el lateral y la sacristía. También se diferencian varias cubiertas: el crucero a cuatro aguas, los espacios laterales del transepto a tres vertientes, la nave central a dos aguas y las laterales, ábsides y sacristía a una vertiente.


La portada oeste es el elemento más destacado de la iglesia de Santa María de Piasca.

  

La portada occidental se abre en un cuerpo que sobresale respecto al muro principal de la fachada. Presenta cinco arquivoltas, apenas apuntadas, que descansan sobre una línea de imposta y, de manera alterna, sobre dos columnas de fuste cilíndrico y tres columnas entregas adosadas a los salientes lisos. Los elementos decorativos se concentran en los capiteles, las arquivoltas y en el fuste de una de las columnas del lado derecho de la portada. En los capiteles del lado izquierdo, de fuera hacia dentro, se reconocen las escenas siguientes: un león y basilisco, dos centauros enfrentados, dos dragones alados, una escena de cetrería y un cesto. En los capiteles del lado derecho, de fuera hacia dentro, se distinguen las escenas siguientes: un grifo junto a un jabalí, grifos, una cesta vegetal, la Anunciación y un motivo vegetal. Bajo el capitel de la Anunciación, en el fuste de la columna, se reconoce la figura de san Miguel Arcángel derrotando a un dragón. Las arquivoltas impares aparecen decoradas con motivos vegetales, la segunda con motivos figurativos, desde antropomórficos a zoomórficos, la cuarta arquivolta aparece sin decoración.

Sobre el acceso hay una galería de tres arcos, el central de medio punto y de mayor tamaño a los laterales trilobulados, enmarcados por un alfiz, liso sobre el arco de medio punto y dentado sobre los laterales. Los arcos se apoyan en pequeñas columnas de fuste liso y capiteles de distinta apariencia, siendo los más llamativos los centrales, ornados con cabezas monstruosas. El arco central cobija la figura de la Virgen María con el Niño, una imagen del siglo XVI que vino a sustituir a la original, y a los lados las imágenes originales de san Pedro, al que se le reconoce por las llaves del cielo, y san Pablo, que sujeta una cartela en la que se lee su nombre.

Remata la fachada principal una espadaña campanario.


La actual portada meridional comunicaba la iglesia con el claustro del monasterio de Santa María la Real de Piasca, hoy desaparecido.

  

La portada meridional cuenta con dos columnas de fuste liso, capiteles irreconocibles por estar muy deteriorados, cimacios adornados con motivos vegetales y de cacería de un jabalí y arquivoltas, la interior adornada con motivos antropomórficos relacionados con profesiones medievales y la exterior decorada con motivos vegetales.

La cabecera original estaba compuesta por tres ábsides, de los que se conservan el central y el meridional, el septentrional se perdió en el siglo XV y en su lugar se levantó una sacristía con una apariencia distinta a la del ábside original. El ábside central es de mayores proporciones: está dividido en tres segmentos por dos contrafuertes, que recorren los dos primeros niveles, y que, en el nivel superior, se transforman en parejas de columnas; en el centro del ábside se abre un vano con arquivolta apuntada, que descansa sobre cimacio y columnas de fuste liso y capiteles decorados con motivos de cestería y roleos; cada nivel viene marcado por una línea de cornisa.

De la cabecera triabsidial original solo se conservan el ábside central y el meridional, que aparecen reforzados con contrafuertes.

  

Los motivos decorativos exteriores de la iglesia de Santa María de Piasca son los canecillos y las metopas que soportan los aleros de las cubiertas; en ellos aparecen representados animales y quimeras.

En los muros del presbiterio se abren sendas parejas de arcos lobulados apuntados decorados por una banda de taquedo jaqués; estos arcos descansan sobre una pareja de columnas en el centro y una columna en los laterales. Los capiteles de las columnas reciben los motivos decorativos más interesantes, desde vegetales a antropomórficos, siendo el más llamativo aquel en el que se representa la escena de la Epifanía, con el Niño en el regazo de la Virgen María y los tres Reyes Magos. El capitel conserva restos de policromía. Otros capiteles están decorados con motivos vegetales.

El capitel de la Epifanía es el motivo decorativo más representativo del interior de la iglesia de Santa María de Piasca.

sábado, 10 de enero de 2026

Museo Diocesano y Catedralicio de Valladolid

El Museo Diocesano y Catedralicio de Valladolid fue inaugurado en 1965 por iniciativa del arzobispo José García y Goldaraz. Reúne más de 450 piezas de escultura, orfebrería y pintura, destacando las de estilo barroco.

El conjunto escultórico San Martín con el pobre (1606), de estilo barroco, es la primera obra de Gregorio Fernández y una de las más reconocidas del Museo Diocesano y Catedralicio de Valladolid.

  

Entre las piezas más valoradas hay que citar los sepulcros del siglo XIII procedentes del monasterio cisterciense de Santa María de Palazuelos, una colección de vírgenes góticas, varias obras barrocas, sobresaliendo San Martín con el pobre (1606) y Ecce Homo (1615), ambas de Gregorio Fernández, y la sillería del coro del monasterio de San Benito el Real de Valladolid (1764), de Felipe de Espinabete,

Las piezas de orfebrería más estimadas son la custodia procesional Adán y Eva en el Jardín del Edén (1590), de Juan de Arfe, y el altar de Nuestra Señora de la Asunción, patrona del cabildo catedralicio de Valladolid, obra de Miguel Fernández y Damián de Castro, realizada en plata, de estilo rococó. Otras piezas de gran valor son las colecciones de cálices y copones de estilo gótico y renacentista.

El Museo Diocesano y Catedralicio de Valladolid también reúne pinturas de los siglos XVII y XVIII, siendo las más valoradas las que componen la serie Buen Pastor y Apostolado (1648), de estilo barroco, realizadas por Cristóbal García Salmerón.

Buen Pastor (1648) es uno de los mejores lienzos del pintor barroco Cristóbal García Salmerón. Forma parte de la serie Buen Pastor y Apostolado.