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sábado, 13 de marzo de 2021

Felipe Bigarny

Felipe Bigarny (Langres, Francia, 1475-Toledo, España, 1543) fue maestro escultor y tallista, uno de los más destacados del Renacimiento español. Se formó en Borgoña, donde asimiló el goticismo flamenco, y en Italia, a donde viajó en la década de los noventa del siglo XV para estudiar a los escultores renacentistas. En 1498 inició el Camino de Santiago, pero se quedó en Burgos trabajando como decorador e imaginero. Desarrolló su carrera artística en Castilla. Sus obras son de temática religiosa: sepulcros, sillerías de coro y retablos.

El retablo mayor de la catedral de San Antolín de Palencia (1509) es el primer retablo español en estilo renacentista.

  

La primera obra de Bigarny en España fueron los relieves del trasaltar de la catedral de Santa María de Burgos. Se llevaron a término entre 1498 y 1499. Son Camino del Calvario, Crucifixión y Descendimiento de la Cruz. Se combinan figuras de gran porte y expresión dramática, típicas del gótico flamenco, con elementos ornamentales y composición diagonal renacentista.

El cardenal Cisneros le contrató en 1499 para que diseñase el retablo mayor de la catedral de Santa María de Toledo. El trabajo lo concluyó en 1504 con la entrega de la imagen San Marcos.

El obispo Diego de Deza encargó a Bigarny el retablo mayor de la catedral de San Antolín de Palencia, el primer retablo renacentista español. Se ejecutó entre 1506 y 1509 para decorar la capilla del Sagrario, pero se hubo de esperar hasta 1519 para que fuese montado en la capilla Mayor por orden del obispo Juan Rodríguez de Fonseca. Bigarny se encargó de esculpir los rostros y las manos de todas las figuras y la imagen San Antolín.

Bigarny se ocupó entre 1509 y 1512 en realizar la sillería del coro de la catedral de Santa María de Burgos. Contó con la ayuda de Andrés de Nájera. La sillería es de estilo plateresco. Las figuras se disponen de una manera abigarrada. La temática está sacada del Antiguo y del Nuevo Testamento y del santoral cristiano.

Portada de la iglesia de Santo Tomás de Haro (1519).

  

Dos de las obras más importantes de Bigarny fuera de sus circuitos habituales fueron la portada principal y el retablo mayor de la iglesia de Santo Tomás de Haro, de estilo plateresco, ejecutadas entre 1516 y 1519. La portada de la iglesia está dividida en seis calles y ático; el centro está ocupado por dos puertas de arco de medio punto separadas por un parteluz; en los tímpanos están representadas Incredulidad de santo Tomás y Resurrección y Aparición del Salvador a los apóstoles; encima las escenas Flagelación, Coronación de espinas, Jesucristo ante Caifás y Calvario; en lo más alto una hornacina acoge la figura de Jesucristo con corona imperial y el globo terrestre en la mano izquierda y a ambos lados el escudo de la familia Fernández de Velasco; en los laterales de la portada se disponen los apóstoles con vestido telar, excepto Santiago el Mayor, vestido de peregrino. El retablo mayor fue retirado en el siglo XVIII por encontrarse en un estado ruinoso.

Retablo mayor de la Capilla Real de Granada (1522).

  

El retablo mayor de la Capilla Real de Granada (1522) lo realizó en colaboración con Diego de Siloé. Aparecen escenas de la vida de Jesús de Nazaret, representaciones de san Juan Bautista, san Juan Evangelista y los Reyes Católicos. El sotabanco está ocupado por las escenas Reyes Católicos con su ejército, Boabdil  entregando las llaves de Granada y Bautismo de los moriscos. En el banco aparecen Adoración de los Reyes, Bautismo de Cristo y San Juan en la isla de Patmos. En el cuerpo inferior Martirio de san Juan Bautista, San Juan Bautista con el cordero, San Juan Evangelista con un cáliz y Martirio de san Juan Evangelista. En el cuerpo superior Jesucristo con la Cruz a cuestas, Calvario y La Piedad. En el ático Dios Padre, anciano con el globo terráqueo, Hijo de Dios en la Cruz y Espíritu Santo. En las calles san Pedro, san Pablo, los Evangelistas y los Padres de la Iglesia occidental, san Gregorio, san Jerónimo, san Ambrosio y san Agustín. Entre los motivos ornamentales llama la atención la granada, símbolo de la unidad y diversidad de la Iglesia desde que la empezase a utilizar san Gregorio de Elvira en el siglo IV, obispo de la diócesis de Ilíberis, posterior Granada.

Sepulcro de los condestables de Castilla Pedro Fernández de Velasco y su esposa Mencía de Mendoza y Figueroa es anterior a 1534. Ocupa el centro de la capilla de los Condestables de Castilla de la catedral de Santa María de Burgos, enfrente del altar. Tiene forma troncopiramidal. Las figuras yacentes de los condestables están tratadas con gran realismo. Ambos portan coronas condales con emblemas heráldicos. Los dos tienen las manos cruzadas, él sostiene la empuñadura de una espada y ella un rosario que le cae sobre la túnica. A los pies de cada yacente sendas inscripciones que los identifica.

El sepulcro de los condestables de Castilla Pedro Fernández de Velasco y su esposa Mencía de Mendoza y Figueroa (anterior a 1534) es el más célebre de los hechos por Felipe Bigarny.

  

Otras obras de Bigarny son retablo mayor de la Universidad de Salamanca (1503), diseño del baldaquino del sepulcro de santo Domingo de la catedral de Santo Domingo de la Calzada (1513), sepulcro del cardenal Selvagio (1519) en colaboración con Alonso de Berruguete, sepulcro del canónigo Gonzalo de Lerma de la catedral de Santa María de Burgos (1524), retablo de san Pedro de la capilla de los Condestables de Castilla de la catedral de Santa María de Burgos (1526) en colaboración con Diego de Siloé, sepulcro del obispo Alonso de Burgos de la capilla del Colegio de San Gregorio de Valladolid (1533), sepulcro del obispo Pedro González Manso en el monasterio de San Salvador de Oña (1534) y la sillería del coro de la catedral de Santa María de Toledo (desde 1539 hasta 1542).

Entre las obras no documentadas atribuidas a Felipe Bigarny hay que citar sepulcro del canónigo Diego Bilbao y las esculturas Virgen de la Silla y Virgen con Niño para la iglesia de la Asunción de El Barco de Ávila.

 Entre los colaboradores de Felipe Bigarny hay que citar a Diego de Siloé, Alonso de Berruguete, Diego Guillén, Andrés de Nájera, Sebastián de Salinas, Juan de Goyaz, León Picardo y su hijo Gregorio Pardo.

La importancia histórica de Felipe Bigarny se debe a ser uno de los artistas que más hizo para que en Castilla se abandonase el estilo gótico en favor del renacentista. Su maestría se evidencia en sus obras, casi todas en las ciudades que fueron centros culturales de Castilla durante el primer Renacimiento, Burgos, Toledo y Granada.

sábado, 11 de mayo de 2019

Entierro de Cristo, de Juan de Juni

Juan de Juni (Joigny, Francia, 1506-Valladolid, España, 1577) es uno de los grandes escultores renacentistas y manieristas de España. Se formó como escultor en Francia, donde estudió a Claus Sluter, y en Italia, donde aprendió de Dell’Arca y Miguel Ángel. Se instaló en España en 1535, primero en León y desde 1537 en Valladolid. Entre sus obras más destacadas hay que citar Martirio de San Esteban (1538), Entierro de Cristo del Museo Nacional Colegio de San Gregorio de Valladolid (1541-1544) y el retablo del Santo Entierro de la catedral de Santa María de Segovia (1566-1571).

Juan de Juni: Entierro de Cristo, 1541-1544.
Estilo: Renacimiento.
Técnica: Madera policromada.
Temática: Religiosa.
Museo Nacional Colegio de San Gregorio, Valladolid, España.


Juan de Juni realizó el retablo de la capilla funeraria del convento de San Francisco de Valladolid, demolido tras la desamortización de Mendizábal de 1836. Lo hizo por encargo de fray Antonio de Guevara, obispo de Mondoñedo. Del retablo solo se conserva el Entierro de Cristo.

El tema del entierro de Cristo apenas se desarrollaba en España; sin embargo, sí era un tema corriente en la Borgoña natal de Juan de Juni y en Italia, donde estudió a Dell’Arca y Miguel Ángel.

La composición es simétrica y cerrada, organizada alrededor del cuerpo de Cristo muerto. De izquierda a derecha se disponen los siguientes personajes: José de Arimatea, María Salomé, san Juan, la Virgen María, María Magdalena y Nicodemo.

Cristo muerto descansa sobre un ataúd; el frente del mismo está decorado con sendos escudos de fray Antonio de Guevara en los extremos unidos con cintas a una tarjeta en la que se lee “Nos in electis sepulchris nostris sepeli mortuum tuum”, es decir, “Elegimos la sepultura para enterrar a nuestro difunto”. El cuerpo de Cristo aparece tendido sobre el sudario, dispuesto de izquierda a derecha; la cabeza, sobre un cojín, está ladeada hacia el lado del espectador; los ojos y boca aparecen cerrados; el cuerpo ofrece una anatomía bien definida, se distingue la herida en el costado derecho, el brazo derecho aparece estirado junto al costado y la mano izquierda sobre el pecho; aparece cubierto en parte con el paño de pureza.

José de Arimatea aparece con una rodilla apoyada en el suelo; las facciones están muy marcadas; su mirada se dirige al espectador, al que hace llegar su dolor al apoyar la mano izquierda en la cabeza de Cristo muerto y una espina en la mano derecha.

María Salomé aparece de pie; sobre el antebrazo izquierdo y una tela descansa la corona de espinas de Cristo y con la mano derecha sujeta un pañuelo con el que ha limpiado el cuerpo de Cristo muerto; gira la cabeza hacia abajo para contemplar el cuerpo de Cristo.

San Juan aparece de rodillas; da la espalda a Cristo muerto para dirigirse a la Virgen María y sujetarla y así evitar su desfallecimiento; su musculatura está muy desarrollada y su cabello ofrece un gran volumen.

La Virgen María, arrodillada, se inclina hacia su hijo con los brazos abiertos, queriéndole abrazar; su gesto es de dolor; la túnica azul nos indica que su amor es eterno y noble y la toca dorada que le cubre la cabeza indica el triunfo de la Gloria de Cristo.

María Magdalena está de pie, con la cabeza inclinada, la mirada fija en los pies de Cristo muerto; con la mano izquierda sujeta el tarro de los perfumes y con la derecha un pañuelo con el que ayudó a limpiar el cuerpo de Cristo.

Nicodemo tiene una rodilla en tierra; con la mano derecha sujeta un paño con el que limpió el cuerpo de Cristo y con la izquierda sujeta el ánfora de los ungüentos.

José de Arimatea y las mujeres aparecen con la cabeza cubierta en todo o en parte.

El cabello y la barba de los personajes masculinos se presentan largos y voluminosos.

El conjunto escultórico llama la atención por su monumentalidad.

Juan de Juni realizó un acabado perfecto donde se aprecian las texturas de los objetos y tejidos, que se aprecian lujosos y ofrecen pliegues angulosos, las figuras rotundas de todos los personajes, la perfecta anatomía de Cristo muerto, las expresiones dramáticas de los personajes, con ojos enrojecidos y boca entreabierta, pensadas para conmover al espectador, los juegos de luces y sombras y el policromado, desde las encarnaciones a los estofados y esgrafiados.

sábado, 6 de abril de 2019

Diego de Siloé

Diego de Siloé (Burgos, 1495-Granada, 1563) fue arquitecto y escultor renacentista. Se formó con su padre Gil de Siloé y Felipe Bigarny. Viajó a Italia entre 1517 y 1519, donde terminó de formarse estudiando a los artistas italianos.

La carrera profesional de Diego de Siloé pasó por dos etapas:
  • Burgalesa, de 1519 a 1528.
  • Andaluza, de 1528 a 1563.

La etapa burgalesa (1519-1528) le sirvió a Diego de Siloé para evolucionar como arquitecto del estilo gótico al renacentista. La obra más importante es la Escalera Dorada de la catedral de Santa María de Burgos, que se construyó entre 1519 y 1522. Sustituyó a la escalera románica anterior, destruida tres años antes. Salva el desnivel entre la puerta de la Coronería y el interior de la catedral en el crucero norte. Consta de tres tramos, que en dos alturas acoge tres hornacinas en forma de arco de triunfo. La Escalera Dorada está decorada con querubines, escudos de armas y ornamentos vegetales. La baranda de hierro es obra del maestro Hilario.

La Escalera Dorada de la catedral de Santa María de Burgos es una de las obras más importantes de Diego de Siloé.


La etapa andaluza (1528-1563) de Diego de Siloé es de plenitud renacentista. Sus obras más sobresalientes son la Santa iglesia catedral metropolitana de la Anunciación de Granada, la iglesia del monasterio de San Jerónimo de Granada, la Sacra Capilla de la iglesia del Salvador de Úbeda y la iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación de Illora.

Diseñar la Santa iglesia catedral metropolitana de la Anunciación de Granada encumbró a Diego de Siloé como arquitecto renacentista.


Diego de Siloé se hizo cargo de las obras de la Santa iglesia catedral metropolitana de la Anunciación de Granada en 1529. Modificó el proyecto de Enrique Egas, de estilo gótico, para convertir la catedral granadina en un edificio renacentista. La planta es de cinco naves. Los soportes imitan a los que utilizó Rossellino en la catedral de Nuestra Señora de Asunción de Pienza, pilar cuadrado con columnas corintias sobre pedestales adosadas en los frentes, un segmento de entablamento y un pilar. A la cabecera se accede a través de un arco de triunfo alabeado; está formada por la capilla mayor, cubierta por una gran cúpula, que permite iluminar el altar mayor, doble girola y nueve capillas absidiales, cinco de mayor tamaño. Las obras de la catedral terminaron en 1537.

La iglesia del monasterio de San Jerónimo de Granada se ajusta al modelo de iglesia de la Orden de San Jerónimo, de cruz latina, coro elevado a los pies y altar tras una escalinata. La decoración es abundante a base de casetones, veneras y grupos escultóricos.

La iglesia del Salvador de Úbeda la mandó construir Francisco de los Cobos en 1536, del proyecto inicial se encargó Diego de Siloé, de su realización Andrés de Vandelvira, de la decoración Esteban Jamete y de la reja Francisco de Villalpando. La construcción se inició en 1540 y se consagró en 1559. La Sacra Capilla se concibió como lugar de enterramiento de la familia De los Cobos. Presenta nave central de 22 x 11 m. y una altura de 28 m., capillas laterales entre contrafuertes y una cabecera circular cubierta con una gran cúpula. Como elementos decorativos destacan figuras humanas –cariátides, atlantes y hermes–, heráldicos, de divinidades clásicas, del Antiguo Testamento y de la vida de Jesús de Nazaret.

Vista de la cúpula de la Sacra Capilla de la iglesia del Salvador de Úbeda.


La iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación de Illora la mandaron construir los Reyes Católicos tras la reconquista de la localidad en 1486. Su construcción se inició en 1541 y se concluyó en 1573 siguiendo los planos de Diego de Siloé, y en la que participaron Juan de Maeda y Martín Bolívar, que se encargó de la capilla mayor y la torre. La iglesia es de nave rectangular con capillas poco profundas entre los contrafuertes. La portada de la iglesia está dedicada a la Anunciación con el fin de simbolizar el inicio de una nueva etapa en Illora, la que comenzó con los Reyes Católicos.

La labor como arquitecto de Diego de Siloé influyó en obras como la catedral de la Encarnación de Almería, la Santa iglesia catedral basílica de la Encarnación de Málaga, la de la Encarnación de Guadix, la catedral basílica de la Asunción de María Santísima de Guadalajara (México), la basílica catedral de San Juan Evangelista de Lima y la catedral basílica de la Virgen de la Asunción de Cuzco, ambas en Perú.

 El Diego de Siloé escultor es renacentista, sin reminiscencias góticas. Sus obras más destacadas son Virgen con el Niño de la catedral de Santa María de Burgos, Virgen con el Niño del Museo de Bellas Artes de Granada, Sagrada Familia del Museo Nacional Colegio de San Gregorio de Valladolid y Sepulcro del obispo Zuazola en la capilla de la Piedad de la iglesia de San Miguel Arcángel de Oñate. Se caracterizan por presentar una composición cerrada.

Virgen con el Niño de la catedral de Santa María de Burgos se presenta bajo un arco de medio punto sobre pilastras clásicas. La Virgen María se inclina sobre el Niño formando una semicircunferencia. Ambos se muestran cariño. La Virgen deja por un instante el libro, que sirve para identificarla como intercesora entre los hombres y Dios. Las formas son rotundas con el fin de trasmitir firmeza. Cuatro ángeles cierran la escena.

Virgen con el Niño del Museo de Bellas Artes de Granada (1547). Las esculturas de Diego de Siloé se caracterizan por presentar una composición cerrada.


Virgen con el Niño del Museo de Bellas Artes de Granada presenta una composición circular. La Virgen rodea con los brazos al Niño, que se apoya en una peana. Ella muestra una actitud serena y protectora. La escena se completa con dos dragones alados que flanquean una concha. Hay restos de la policromía original, verde y dorado en los dragones, y una greca dorada en el borde del manto de la Virgen María.

Sagrada Familia del Museo Nacional Colegio de San Gregorio de Valladolid presenta una composición cerrada que se articula sobre cuatro diagonales, las del Niño, la Virgen María, san Juan y san José. San Juan ofrece un cesto de frutas al Niño, que se aleja. San José ocupa un papel secundario. Destaca el contraposto del Niño y el tratamiento naturalista del cabello de los personajes.

En Sagrada Familia del Museo Nacional Colegio de San Gregorio de Valladolid (1547) san José ocupa un papel secundario frente a la Virgen, el Niño y san Juan.


El Sepulcro del obispo Zuazola en la capilla de la Piedad de la iglesia de San Miguel Arcángel de Oñate está empotrado en la pared y esculpido en mármol blanco. El tema principal es la figura del obispo en posición orante, asistido por una virtud. Abundan los grutescos y escenas alegóricas. En el retablo se reconoce el escudo de armas de Rodrigo Mercado de Zuazola.

Otras esculturas de Diego de Siloé son Martirio de san Juan Bautista del Museo Colegio de San Gregorio de Valladolid, Imposición de la casulla a san Ildefonso de la catedral de Santa María de Toledo y San Jerónimo penitente del retablo de San Pedro de la Capilla del Condestable de la catedral de Santa María de Burgos.

Diego de Siloé fue uno de los artistas que contribuyó a consolidar el estilo renacentista en España.

jueves, 22 de noviembre de 2018

Sepulcro del cardenal Cisneros, de Domenico Fancelli y Bartolomé Ordóñez


Domenico Fancelli (Settignano, 1469-Zaragoza, 1519) se formó como escultor en Florencia y Roma, pero sus mejores obras las llevó a cabo en España, caso del sepulcro del príncipe don Juan (1510), el sepulcro de los Reyes Católicos (1517) y el sepulcro del cardenal Cisneros, que inició en 1518.

Bartolomé Ordóñez (Burgos, 1490-Carrara, 1520) se formó como escultor en Florencia y Nápoles, donde trabajó con Diego de Siloé. A su regreso a España realizó obras tan destacadas como el coro y el trascoro de la catedral de Santa Eulalia de Barcelona. Al morir Fancelli se hizo cargo del sepulcro del cardenal Cisneros (1519).

Domenico Fancelli y Bartolomé Ordóñez: Sepulcro del cardenal Cisneros, 1524.
Estilo: Renacimiento.
Técnica: Mármol labrado.
Temática: Funeraria.
Dimensiones: 247 x 313 x 190 cm.
Iglesia de San Ildefonso, Alcalá de Henares, España.

  
El sepulcro del cardenal Cisneros se hizo por encargo de sus albaceas fray Francisco Ruiz, obispo de Ávila, Francisco de Mendoza, gobernador del Arzobispado de Toledo, y Miguel Carrasco, rector de la Universidad de Alcalá de Henares. En 1518 se hizo cargo Domenico Fancelli, a su muerte en 1519, continuó la tarea Bartolomé Ordóñez y tras su fallecimiento en 1520 la terminaron sus colaboradores Juan Florentino, Simón de Bellana Pietro de Carona, Giovanni de Rossi, Giangiacomo de Brescia y Girolamo di Santacroce.

El sepulcro es de tipo exento. El túmulo se dispone sobre un basamento de pequeñas dimensiones decorado con motivos vegetales y zoomórficos. Los lados mayores del sepulcro están compartimentados en cinco nichos separados por columnas clásicas sobre pedestales; en el central del lado de la epístola aparecen la imagen de san Eugenio, primer obispo de Toledo, flanqueado por las figuras alegóricas del Quadrivium –Aritmética, Música, Astronomía y Geometría– y en el lado del evangelio san Leandro, escoltado por las del Trivium –Gramática, Dialéctica y Retórica–, que aluden a las enseñanzas que se impartían en la Universidad de Alcalá de Henares, de la que fue rector el cardenal Cisneros. Los frentes menores del sepulcro están divididos en tres nichos por columnas idénticas a las anteriores; en el centro del lado de la cabecera aparece san Ildefonso entre san Juan de la Penitencia y Santiago el Mayor y en el lado de los pies san Isidoro de Sevilla entre san Francisco de Asís y santo Domingo de Guzmán. En cada uno de los cuatro ángulos del sepulcro aparece un grifo, animal fantástico con cuerpo de águila y garras de león. Sobre la cama sepulcral se encuentra la figura yacente del cardenal Cisneros, que viste pontificial, con báculo entre las manos; en las esquinas los doctores de la Iglesia latina en posición sedente, son san Jerónimo, san Ambrosio, san Agustín y san Gregorio. Sirven de adorno guirnaldas de flores y frutos sostenidas por parejas de ángeles, escenas de Adán y Eva en el Paraíso, el escudo del cardenal Cisneros y un epitafio portado por putti o niños desnudos; la inscripción dice: “Condideram Musis Franciscus grande lyceum, Condor in exiguo nunc, ego, sarcophago. Praetextam junxi, sacco, galeamque galero Frater, Dux, Praesul, Cardineus, que Pater. Quin virtute mea junctum est fiadema cucullo Dum mihi regnanti pariut Hesperia. Obit Roae VI id novem M.D.XVII”, es decir, “Yo, Francisco, que hice edificar las Musas, un Colegio Mayor. Yazco ahora en este exiguo sarcófago. Uní la púrpura al sayal, el casco al sombrero. Fraile, Caudillo, Ministro, Cardenal. Junté sin merecerlo la corona a la cogulla cuando España me obedeció como a Rey. Murió en Roa, el sexto (día) de los idus de noviembre de 1517”.

Fancelli y Ordóñez con el sepulcro del cardenal Cisneros introdujeron en España el prototipo de sepulcro que se venía realizando en Italia; además, influyó en la escultura funeraria española del siglo XVI, como se hace evidente en el sepulcro del cardenal Tavera (1554), obra de Alonso de Berruguete.

sábado, 25 de febrero de 2017

Retablo mayor de la basílica de Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza, de Damián Forment

Damián Forment (Valencia, 1480-Santo Domingo de la Calzada, 1540) se formó como escultor en el taller de su padre. Llegó a ser el escultor de retablos más importante durante la primera mitad del siglo XVI. Sus obras más destacadas son el retablo mayor de la basílica de Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza (1509-1518), el retablo mayor del Real monasterio de Santa María de Poblet (1527-1529) y el retablo mayor de la catedral de Santa María de Huesca (1520-1534).

El retablo mayor de la basílica de Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza se inició en 1509 y se finalizó en 1518. Se realizó por encargo del cabildo de Santa María del Pilar. En su financiación también participaron el rey Fernando el Católico, su esposa Germina de Foix y Beatriz de Lanuza, virreina de Sicilia.

Damián Forment diseñó el retablo y realizó la mayor parte del mismo. Pero también participaron Francisco de Troya, Juan de Salas, Miguel de Arube y Pedro de Aponte, que se encargó de la policromía.

Está realizado en alabastro, policromado en su parte inferior. Las esculturas son de hechura renacentista, en altorrelieve y de bulto redondo, pero la estructura del retablo es gótica.

El tema central del retablo es la Asunción de la Virgen.

Damián Forment: Retablo mayor de la basílica de Nuestra Señora del Pilar1509-1518.
Estilo: Renacimiento.
Técnica: Alabastro policromado.
Temática: Religiosa.
Basílica de Nuestra Señora del Pilar, Zaragoza, España.


La parte inferior del retablo se realizó entre 1509 y 1512. El sotabanco se divide en siete espacios separados por pequeñas columnas corintias; están ocupados por otros tantos relieves. En el tercer y quinto espacios se reconocen los relieves de Damián Forment y su esposa Jerónima Alboreda. El banco está ocupado por siete relieves dedicados a los gozos de la Virgen; de izquierda a derecha: san Joaquín y santa Ana ante la puerta dorada, la Anunciación, la Visitación de la Virgen a santa Isabel, la Adoración de los pastores al Niño recién nacido, la Adoración de los Reyes Magos, la Piedad y la Resurrección. Los relieves están coronados por conchas y separados por columnas que soportan doseles ojivales góticos. En los extremos del sotabanco y banco y cobijadas en unas hornacinas las esculturas de Santiago apóstol, a la izquierda, y de san Braulio, obispo de Zaragoza, a la derecha.

La parte superior del retablo se organiza a modo de tríptico. En el centro la Asunción de la Virgen: María aparece rezando, con las manos unidas y mirando al cielo; rodean a la Virgen ángeles y el apóstol Santiago; sobre ella un expositor de forma ovalada rodeado de una línea de cabezas de querubines y ángeles músicos; y en la parte superior, Dios Padre y el Espíritu Santo en forma de paloma. A la derecha se representa el Nacimiento de la Virgen: santa Ana aparece sentada en el lecho y otra mujer atiende a la niña recién nacida. A la izquierda la Presentación de Jesús en el templo. Las tres escenas están rematadas por doseles y filigranas góticas.

El retablo está enmarcado por un guardapolvo en el que se cuentan seis ángeles, los dos de la parte superior sostienen el escudo capitular de la basílica del Pilar. Es obra de Miguel de Arube.

La importancia del retablo mayor de la basílica de Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza radica en ser un retablo de transición del estilo gótico al renacentista; es gótico en su estructura y renacentista en el tratamiento dado a las esculturas.

sábado, 17 de diciembre de 2016

Alonso de Covarrubias

Alonso de Covarrubias (Torrijos, 1488-Toledo, 1570) es uno de los arquitectos más destacados del Renacimiento español. Comenzó a trabajar de imaginero a la sombra del arquitecto Antón Egas. También le influyeron Enrique Egas, Juan Guas, Diego de Siloé y Rodrigo Gil de Hontañón. En 1534 fue nombrado maestro de obras de la catedral de Santa María de Toledo y en 1537 Carlos V le nombró arquitecto real. También fue escultor.

La trayectoria artística de Alonso de Covarrubias pasó por tres etapas:
  • De transición del gótico al Renacimiento, hasta 1518.
  • Plateresco, de 1518 a 1535.
  • Purista o clasicista, de 1535 a 1570.

De la etapa de transición del gótico al Renacimiento (hasta 1518) hay que citar la colegiata de Torrijos, diseñada por Antón Egas, pero en la que intervino Covarrubias, al menos, en la portada de poniente, la puerta de la sacristía y en los elementos ornamentales. También son de esta etapa los sepulcros de Alonso y Mariana de Rojas de la iglesia de San Andrés de Toledo.

De la etapa plateresca (1518-1535) las esculturas más destacables son el retablo de santa Librada (1518) y el mausoleo de don Fadrique de Portugal (1520), ambos en la catedral de Santa María de Sigüenza, y de entre las obras arquitectónicas la capilla de los Reyes Nuevos de la catedral de Santa María de Toledo (1531-1534), la bóveda de las cabezas de la Sacristía Mayor de la catedral de Santa María de Sigüenza (1532) y el palacio arzobispal de Alcalá de Henares (1535).

El retablo de santa Librada se encuentra en la sacristía homónima de la catedral de Santa María de Sigüenza, en el extremo norte del transepto. Está formado por dos cuerpos y tres calles, la central más alta y ancha que las laterales, con seis pinturas sobre tabla de Juan Soreda (1525-1528). El primer cuerpo tiene forma de arco de triunfo, con una bóveda de medio cañón con casetones, y a los lados sendas hornacinas con imágenes de los evangelistas, de los padres de la Iglesia, escenas de la Virgen María y de santas, entre columnas y pedestales. En la parte media del retablo hay una urna de plata con las reliquias de la santa. El ático está ocupado por un altorrelieve de la Virgen María rodeada de ángeles.

El retablo de santa Librada (1518) y el mausoleo de don Fadrique de Portugal (1520) se disponen en escuadra en la sacristía de Santa Librada, en el extremo norte del crucero de la catedral de Santa María de Sigüenza.

  
El mausoleo de don Fadrique de Portugal hace esquina con el retablo de santa Librada. Se trata de un retablo con banco, tres cuerpos, ático y tres calles. Entre los elementos decorativos, en el banco una cartela que alude al obispo don Fadrique de Portugal; en el primer cuerpo grutescos, motivos vegetales, un escudo con las armas del obispo y las imágenes de san Andrés y san Francisco en sendas hornacinas, en el segundo cuerpo, y dentro de una hornacina, la imagen de don Fadrique de Portugal arrodillado en compañía de dos clérigos, con las imágenes de san Pedro y san Pablo en dos hornacinas laterales; en el tercer cuerpo el relieve de una Piedad y a los lados dos escudos; y en el ático un Calvario policromado. La ejecución la llevaron a cabo Francisco de Baeza, Sebastián de Almonacid y Juan de Talavera.

La capilla de los Reyes Nuevos de la catedral de Santa María de Toledo es la primera gran obra arquitectónica de Covarrubias. Debe su nombre a la nueva casa reinante de los Trastámara. Se puede considerar una pequeña iglesia, de una nave de dos tramos y un ábside poligonal, más una sacristía y un vestíbulo de entrada.

La bóveda de las cabezas de la Sacristía Mayor de la catedral de Santa María de Sigüenza es de medio cañón, formada por cuatro secciones divididas por arcos fajones. Está cubierta por casetones, que reciben las esculturas de 304 cabezas de gran tamaño, que representan a personajes diversos –guerreros, monjes, obispos, reyes y otros–. En los ángulos hay cabezas de querubines de pequeño tamaño.

Detalle de la bóveda de las cabezas de la Sacristía Mayor de la catedral de Santa María de Sigüenza, (1532).

  

Del palacio arzobispal de Alcalá de Henares destaca la fachada de carácter monumental, con dos pisos, el primero con ventanas cuadradas y el segundo con ventanas con arco de medio punto, tres a cada lado de la puerta de acceso en arco de medio punto y balcón al que se accede a través de un arco de medio punto; las ventanas, la puerta de acceso, el balcón y la fachada están decorados con medallones y motivos heráldicos, el escudo que remata el balcón es del cardenal-infante don Luis de Borbón y Farnesio, y se añadió en el siglo XVIII en sustitución del imperial de Carlos V. Remata la fachada una galería de 18 arcos geminados de medio punto con balaustrada, que se apoyan en columnas de orden compuesto, agrupados de dos en dos mediante pilastras.

Fachada del palacio arzobispal de Alcalá de Henares, (1535).

  
Otras obras de esta etapa son la remodelación de la iglesia de las Santas Justa y Rufina de Toledo y la iglesia Mayor de Baza, ambas de 1530.

De la etapa purista (1535-1570) destacan el Alcázar de Toledo (1535), el hospital de San Juan Bautista, de Tavera o de Afuera (1541), la fachada principal del palacio arzobispal de Toledo (1543) y la Puerta Nueva de Bisagra (1547).

El Alcázar de Toledo (1535) se estructura en torno a un patio central de doble crujía.

  
Carlos V encomendó a Alonso de Covarrubias la remodelación del Alcázar de Toledo. El edificio es de planta cuadrada, con patio central y con cuatro torres esquineras con cubiertas de chapitel. Llama la atención la fachada norte; se divide en tres pisos mediante entablamentos; en los dos pisos inferiores, de sillar liso, se cuentan ocho vanos adintelados, cuatro a cada lado de la puerta de acceso y el escudo imperial, rematados con medallones los del primer piso y con frontón triangular los del segundo; en el tercer piso, de sillar almohadillado, los vanos son nueve en arcos de medio punto. La portada es en arco de medio punto con dovelas almohadilladas entre columnas jónicas sobre pedestal. Sobre la portada de acceso, en el segundo piso, un escudo imperial de Carlos V. El patio se construyó en 1550; presenta doble crujía de medio punto sobre columnas corintias; en las enjutas del primer piso la decoración es heráldica, las del segundo son lisas.

El hospital de San Juan Bautista, de Tavera o de Afuera, es de planta rectangular con dos patios separados por doble crujía, limitada por una escalera y una iglesia. El aspecto del edificio es el de un palacio florentino renacentista, exceptuando la portada, que se construyó en 1760. En la fachada se utilizó sillar almohadillado, en el piso bajo presenta ventanas equidistantes y rectangulares y semicirculares en el superior, siendo a la inversa las de los extremos.

El hospital de San Juan Bautista, de Tavera o de Afuera (1541) cuenta con dos patios que se comunican a través de una doble crujía.

  
La fachada principal del palacio arzobispal de Toledo está formada por un arco de medio punto con dovelas almohadilladas y está encajado entre dos pares de columnas jónicas sobre pedestal, que sostienen un friso dórico. Sobre el entablamento, en los extremos, aparecen ninfas portando el escudo de armas del cardenal Tavera; entre ellas, un balcón entre dos pilastras, rematado con el emblema imperial de Carlos V, que rompe por la base un frontón triangular. En el siglo XVII esta portada sería colocada en su emplazamiento actual.

De la fachada del palacio arzobispal de Toledo (1543) destacan las dovelas almohadilladas de la puerta de acceso.

  
La Puerta Nueva de Bisagra fue concebida como arco de triunfo. Está compuesta por dos cuerpos: el que da a la ciudad se abre con un arco de medio punto serliano con dovelas almohadilladas, flanqueado por torreones cuadrados rematados por tejados, en el centro, la parte superior central está ocupada por el blasón imperial de Carlos V, y sobre él un frontón triangular; y el lado externo, con un arco presidido por el escudo de la ciudad y flanqueado por dos grandes torreones circulares.

La Puerta Nueva de Bisagra (1547) es una de las obras más célebres de Alonso de Covarrubias y del Renacimiento en la ciudad de Toledo.

  
Otra obra importante de esta etapa es la escalera claustral del hospital de Santa Cruz, que comunica los dos pisos, es de tres tramos y está decorada con grutescos y motivos heráldicos. También hay que mencionar la cabecera de la iglesia de la Magdalena de Getafe, la iglesia de Santa Catalina de Talavera de la Reina, la iglesia de San Román de Toledo, el ensanche de la plaza del Ayuntamiento de Toledo y la remodelación de la sinagoga de Santa María la Blanca de Toledo.

Alonso de Covarrubias destacó como un arquitecto que supo evolucionar dentro del Renacimiento español, desde el plateresco al clasicismo, construyendo o interviniendo en edificaciones que son emblemáticas de la arquitectura española de todos los tiempos, desde al Alcázar de Toledo al hospital de San Juan Bautista o la Puerta Nueva de Bisagra, todas en la ciudad de Toledo, que convirtió en una de las capitales del Renacimiento español.

sábado, 22 de octubre de 2016

Juan de Juni

Juan de Juni (Joigny, Francia, 1506-Valladolid, España, 1577) se formó como escultor en Francia e Italia, pero desarrolló su carrera y alcanzó la fama en España. De sus años en Francia tomó del escultor gótico borgoñón Claus Sluter el patetismo expresivo y el tratamiento de los paños, que supo adaptar a la estética renacentista. En Italia tomó de Della Quercia el gusto por los ropajes movidos, de Dell’Arca las expresiones dramáticas y de Miguel Ángel la composición en hélice y los escorzos. En 1535 se instaló en España, primero en León, y desde 1537 en Valladolid.

El Entierro de Cristo (1544) del antiguo convento de San Francisco de Valladolid es una de las obras maestras de Juan de Juni y del Renacimiento español.
  

Las características formales de la escultura de Juan de Juni son las siguientes:
  • Casi todas sus esculturas son de temática religiosa.
  • Trabajó con los más diversos materiales: barro cocido, madera y piedra.
  • Uso de policromía en tonos intensos.
  • Las composiciones son simétricas.
  • Las figuras son muy expresivas y presentan un estudio anatómico perfecto.
  • Los pliegues de las ropas son amplios y pesados.

Las primeras esculturas de Juan de Juni en España se encuentran en el que fuera convento de San Marcos de León: los medallones de la fachada, los relieves Descendimiento, en uno de los tabernáculos de la fachada de la iglesia, y Nacimiento de Cristo, en el interior del claustro, y parte de la sillería del coro de la iglesia.

En Medina de Rioseco realizó en barro cocido policromado Martirio de san Esteban, una composición simétrica en la que el santo se encuentra entre un soldado romano y un judío, y San Jerónimo penitente, donde domina la línea serpentinata. Ambos obras son de 1538.

Martirio de san Esteban (1538) presenta una composición simétrica,
una de las características de las obras de Juan de Juni.
  

El Sepulcro del arcediano Gutierre de Castro (1540), en la catedral vieja de Salamanca, está hecho en piedra arenisca policromada en colores lisos. El sepulcro es del tipo arcosolio, de medio punto, con arquivolta poblada de angelotes. Está enmarcado por dos columnas corintias. Todas las figuras están vinculadas por medio de las manos. La Virgen ocupa el centro de la composición con Cristo sobre sus rodillas en escorzo. También aparecen san Juan, santa Ana, María Magdalena y María Salomé.

El Sepulcro del arcediano Gutierre de Castro (1540) es de tipo arcosolio.
  

El Entierro de Cristo (1544) fue un encargo de fray Antonio de Guevara, obispo de Mondoñedo, para el convento de San Francisco de Valladolid, desaparecido en 1836. El conjunto está formado por siete figuras en disposición simétrica: José de Arimatea y María Salomé, a la izquierda, la Virgen y san Juan, en el centro, detrás de Cristo yacente, y Nicodemo y María Magdalena, a la derecha. Las expresiones de los personajes son dramáticas. Juan de Juni pudo inspirarse en Llanto sobre Cristo muerto (1463) de Dell’Arca, que estudió en su viaje a Italia.

El Retablo de la iglesia de Santa María de la Antigua, hoy en la catedral de Nuestra Señora de la Asunción de Valladolid, se inició en 1545 y se finalizó en 1562. El retablo presenta predela, tres cuerpos y ático. Es de estilo manierista. A las figuras parece faltarles espacio, recurso que utilizó Juan de Juni para crear angustia en el espectador.

También es manierista el Retablo mayor de la catedral de la Asunción de Burgo de Osma (1554). La escena Dormición de la Virgen se enmarca en un arco serliano que rompe la estructura tradicional de los retablos en calles.

Del retablo mayor de la catedral de la Asunción del Burgo de Osma (1554)
destaca la escena Dormición de la Virgen bajo un arco serliano.
  

El Entierro de Cristo de la catedral de Santa María de Segovia (1571) forma parte del retablo de la capilla de la Piedad. Se trata de un altorrelieve. Cristo yacente aparece en primer plano; tras él, de izquierda a derecha, José de Arimatea, María Magdalena, la Virgen María, san Juan, María Salomé y Nicodemo. Destacan lo bien conseguidas que están la anatomía de Cristo y las expresiones dramáticas de quienes le acompañan. Las líneas ondulantes le diferencian del Entierro de Cristo de Valladolid.

El Entierro de Cristo de la catedral de Santa María de Segovia (1571)
es la última obra maestra de Juan de Juni.
  

Una de las últimas obras es La Piedad de Median del Campo (1575). El esquema clásico piramidal deja paso al trapezoidal irregular y la teatralidad en los gestos a la contención; la mirada de la Virgen no es de dolor y sí de tristeza.

Juan de Juni se cuenta entre los grandes escultores del siglo XVI. Entre sus méritos está haber creado con Alonso Berruguete la escuela castellana de escultura, realizar la transición del renacimiento al manierismo y preparar la llegada del barroco.