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sábado, 7 de marzo de 2026

Lamento ante Cristo muerto, de Luis de Morales

Luis de Morales (Badajoz, 1510-ídem, 1586) se formó como pintor en Sevilla y Valencia, pero desarrolló su carrera profesional en Extremadura. Se vio influido por Rafael, Leonardo, Parmigianino y la escuela flamenca. Sus pinturas son manieristas, y se distinguen por la idealización de unos personajes que se someten a un canon alargado. Sus cuadros se ajustan a los principios del Concilio de Trento (1545-1563) y de la Contrarreforma. Sus obras más importantes son de carácter religioso; las más destacadas son Virgen de la leche (hacia 1565) y Lamento ante Cristo muerto (1566). 

Luis de Morales: Lamento ante Cristo muerto, 1566.
Estilo: Manierista.
Técnica: Óleo sobre madera.
Temática: Religiosa.
Dimensiones: 167 x 125 cm.
Museo de Salamanca, Salamanca, España.

 

 

El lamento ante Cristo muerto se desarrolló entre el descendimiento de la cruz y el entierro, aunque es un evento que no se narra en ninguno de los Evangelios. Durante la Edad Media se popularizó este tema a partir de las obras de diferentes autores y los sermones de aquellos años. 

Lamento ante Cristo muerto, de Luis de Morales, presenta una composición piramidal, siendo la base de la pirámide los personajes que aparecen en la escena, su eje el poste de la cruz y las escaleras los límites de la misma. 

En primer plano se reconocen las figuras de Cristo, María Magdalena, la Virgen María y san Juan. Cristo aparece en el centro de la escena, en diagonal, semiyacente, la Virgen María le sostiene por las axilas, aspecto siríaco, con los ojos cerrados y la boca entreabierta, vestido con el paño de pureza y una sábana de pequeñas dimensiones. Se aprecian las heridas de la Pasión, pero apenas hay sangre. María Magdalena se dispone en el lado izquierdo, vestida con túnica ocre y manto verde, dirige la mirada a Cristo y se lleva la mano izquierda al pecho. La Virgen María se encuentra en el centro de la escena, detrás de Cristo, se presenta arrodillada, viste una túnica blanca y un manto azul, su mirada se dirige a su hijo. San Juan ocupa el lado derecho de la escena, arrodillado, viste una túnica ocre y orienta su mirada a la figura de Cristo. María Magdalena, La Virgen María y san Juan aparecen nimbados, símbolo de santidad. 

El segundo plano está ocupado por el madero de la cruz y las escaleras. 

El tercer plano lo llena un paisaje árido y el cielo, que se presenta cerrado por nubes de gran desarrollo. 

La paleta de colores es escasa, predominando el ocre, que se utiliza para el paisaje, el madero, las escaleras y las túnicas de María Magdalena y san Juan; además, del blanco, que simboliza la pureza de Cristo y la Virgen María, el azul la eternidad de la Virgen María y el verde la esperanza que adorna a María Magdalena. 

La luz entra por el lado superior izquierdo. También se adivina entre las nubes. 

En Lamento ante Cristo muerto se aprecia que Luis de Morales recibió la influencia de la escultura La Piedad, de Miguel Ángel. 

Lamento ante Cristo muerto, de Luis de Morales, es una de las obras más valoradas del Museo de Salamanca desde 1848. Durante muchos años se consideró que formó parte del retablo mayor de la parroquia de Nuestra Señora de Entrambos Álamos de San Felices de los Gállegos (Salamanca). Sin embargo, el investigador Carmelo Solís defiende que es una de las tablas del retablo mayor de la parroquia de Alconchel (Badajoz). Se sabe que en 1789 era propiedad de don Manuel de Benavente y Mayo, deán de la catedral de la Asunción de la Virgen de Salamanca, la llamada Catedral Nueva, y que ese año pasó a ser propiedad del obispo Andrés José del Barco.

sábado, 21 de febrero de 2026

Vista de Toledo, de El Greco

El Greco (Candia, Creta, 1541-Toledo, España, 1614) inició su carrera artística pintando iconos de estilo tardobizantino; entre 1567 y 1570 vivió en Venecia, donde estudió a Tiziano, Tintoretto y Veronés; y entre 1570 y 1577 en Roma, relacionándose con el círculo del cardenal Farnesio y estudiando a Miguel Ángel. En 1577 se instaló en España, en la ciudad de Toledo, donde pintó sus mejores lienzos por encargo de la Iglesia. Sus mejores cuadros son los retratos y los religiosos, de entre los que hay que citar El expolio (1579), La Trinidad (hacia 1577-1580), El martirio de san Mauricio y la legión tebana (1582), El entierro del conde de Orgaz (1587) y La adoración de los pastores (1614); también pintó paisajes, caso de Vista de Toledo (1599).


El Greco: Vista de Toledo, 1599.
Estilo: Manierismo.
Técnica: Óleo sobre lienzo.
Temática: Religiosa.
Dimensiones: 121 x 109 cm.
Museo Metropolitano de Arte, Nueva York, EE. UU.

  

Vista de Toledo, de El Greco, es el primer cuadro de paisaje de la pintura española. Hasta entonces el paisaje aparecía asociado a otras temáticas, desde la mitológica a la religiosa. 

El Greco reprodujo algunos de los elementos más representativos de la ciudad de Toledo de entonces, pero se tomó la libertad de conjugarlos de una manera personal. Se reconocen la catedral de Santa María, el Alcázar, el puente romano de Alcántara y el castillo de San Servando, pero la catedral aparece a la izquierda del Alcázar. Además, incluyó edificios inexistentes y acentuó la pendiente que hay desde la cima de la ciudad hasta el río Tajo. 

Los edificios aparecen descentrados, ocupando el lado derecho del lienzo, sobre la mitad del cuadro. Así, el paisaje natural cobra más protagonismo, tanto el paisaje vegetal del primer plano como el cielo de la parte superior. 

La paleta de colores es escasa y fría, pero contrastada; el verde de la vegetación ocupa los dos tercios inferiores del cuadro y el azul del cielo el tercio superior. Ambos colores aparecen matizados, distinguiéndose diferentes tonalidades. El cielo aparece tormentoso y desgarrado, lo que permite introducir el color blanco entre un azul oscuro muy acusado. Además, se utilizó el gris para los edificios. 

La escena se ilumina a través de los pocos huecos que deja el cielo para que penetre la luz, lo que crea contrastes entre unas zonas más iluminadas y otras en penumbra. 

El Greco creó un tipo de paisaje singular, el manierista, caracterizado por el misticismo y la expresividad, que ejerce un impacto visual muy potente. 

El Greco, en Vista de Toledo, rinde un particular homenaje a la ciudad donde triunfó como pintor, hasta el punto de fijar su lienzo en el visionario colectivo como una de las imágenes de Toledo por definición, más allá de las licencias compositivas que se permitió. 

Vista de Toledo, de El Greco, debe su trascendencia histórico-artística a ser el primer cuadro de temática paisajística de la pintura española y a la influencia que ejerció sobre los pintores expresionistas del siglo XX, entre ellos Ignacio Zuloaga, autor de varios cuadros de vistas de la ciudad de Toledo. Además, es un cuadro que se puede considerar protoexpresionista.

sábado, 25 de enero de 2025

La Trinidad, de El Greco

El Greco (Candia, Creta, 1541-Toledo, España, 1614) inició su carrera artística pintando iconos de estilo tardobizantino; entre 1567 y 1570 vivió en Venecia, donde estudió a Tiziano, Tintoretto y Veronés; y entre 1570 y 1577 en Roma, relacionándose con el círculo del cardenal Farnesio y estudiando a Miguel Ángel. En 1577 se instaló en España, en la ciudad de Toledo, donde pintó sus mejores lienzos por encargo de la Iglesia. Sus mejores cuadros son los retratos y los religiosos, de entre los que hay que citar El expolio (1579), La Trinidad (hacia 1577-1580), El martirio de san Mauricio y la legión tebana (1582), El entierro del conde de Orgaz (1587) y La adoración de los pastores (1614).

El Greco: La Trinidad, hacia 1577-1580.
Estilo: Manierismo.
Técnica: Óleo sobre lienzo.
Temática: Religiosa.
Dimensiones: 300 x 179 cm.
Museo Nacional del Prado, Madrid, España.

  

Don Diego de Castilla, deán de la catedral de Santa María de Toledo, encargó a El Greco la realización de tres retablos para la capilla mayor de la iglesia de Santo Domingo el Antiguo, la capilla en la que descansarían los restos de doña María de Silva.

La calle central del retablo mayor estaba ocupada por el sagrario y las pinturas Asunción de la Virgen, Santa Faz y La Trinidad, que ocupaba el ático; en las calles laterales aparecían las pinturas San Juan Bautista, San Bernardo, San Juan Evangelista y San Benito; además, se reconocían tres esculturas de las virtudes teologales -fe, esperanza y caridad- y dos de sendos profetas.

La composición se organiza alrededor de Cristo muerto, Dios Padre, que lo sostiene y el Espíritu Santo sobre este. Cierran la composición sendos grupos de ángeles a ambos lados de las figuras principales. La importancia de cada figura viene marcada por la posición que ocupa en el conjunto: Cristo, Dios Padre y el Espíritu Santo en el centro de la imagen, pero Cristo en primer plano.

El Greco se inspiró en una xilografía de Durero en la que aparecía la Trinidad con el Espíritu Santo sobre la cabeza de Dios Padre, que recogía en su regazo el cuerpo de Cristo muerto. Sin embargo, El Greco introdujo novedades significativas: sustituyó las cabezas de los vientos de la parte inferior por las de unos querubines, que también aparecen estampadas en el manto de Dios Padre; sustituyó la vestimenta germánica contemporánea de los ángeles por otra clásica; eliminó los instrumentos de la Pasión para humanizar la escena y la relación entre Dios Padre y Cristo, además de compactar la composición; las señales de la Pasión de Cristo son más discretas que en la xilografía de Durero; por último, sustituyó la tiara pontificia de Dios Padre por una mitra de sumo sacerdote hebrero. 

Se reconoce la influencia de Miguel Ángel en el tratamiento anatómico de las figuras; aparecen proporcionadas, sin el alargamiento característico de las figuras de El Greco de cuadros posteriores. Sin embargo, es manierista la línea serpentinata de Cristo y el contraste expresivo entre las figuras, la serenidad de Cristo y Dios Padre y el dramatismo de los ángeles. La monumentalidad de las figuras viene motivada por la gran altura a la que se iba a disponer el lienzo en el retablo del que formaba parte.

Los colores son los característicos de El Greco, aunque aún se aprecia la influencia de Tintoretto. Los colores predominantes son el amarillo, el azul, el blanco, el negro, el verde, el rojo y el encarnado, que en Cristo aparece en una tonalidad pálida como corresponde a quien ha perdido la vida.

La luz es cenital y entra en el cuadro por el lado izquierdo, proyectando las sombras hacia el lado derecho.

Fernando VII compró La Trinidad al escultor Valeriano Salvatierra por 15.000 reales en 1832; desde entonces forma parte de la colección de Museo Nacional del Prado.

sábado, 28 de enero de 2023

El caballero de la mano en el pecho, de El Greco

El Greco (Candia, Creta, 1541-Toledo, España, 1614) inició su carrera artística pintando iconos de estilo tardobizantino; entre 1567 y 1570 vivió en Venecia, donde estudió a Tiziano, Tintoretto y Veronés, y entre 1570 y 1577 en Roma, relacionándose con el círculo del cardenal Farnesio y estudiando a Miguel Ángel. En 1577 se instaló en España, en la ciudad de Toledo, donde pintó sus mejores lienzos por encargo de la Iglesia. De entre sus obras de temática religiosa hay que citar El expolio (1579), El martirio de san Mauricio y la legión tebana (1582), El entierro del conde de Orgaz (1588) y La adoración de los pastores (1614). De entre sus retratos sobresalen Retrato de Giulio Clovio (1571), El caballero de la mano en el pecho (hacia 1580) y Retrato de un caballero anciano (1600).

El Greco: El caballero de la mano en el pecho, hacia 1580.
Estilo: Manierismo.
Técnica: Óleo sobre lienzo.
Temática: Retrato.
Dimensiones: 82 x 66 cm.
Museo Nacional del Prado, Madrid, España.

  

Se tiene la casi certeza de que El Greco retrató en El caballero de la mano en el pecho a don Juan de Silva, marqués de Montemayor, notario mayor de Toledo.

El personaje aparece en el primer plano, de medio cuerpo, de frente, con la mano derecha llevada al pecho y con la izquierda empuñando una espada, aunque no se vea esta mano. Viste traje de la época, de terciopelo negro con gola y puños blancos. Además, porta una espada en plata dorada y oro repujado y un medallón plateado. El fondo es neutro en tonos grisáceos.

El retratado representa al caballero cristiano y castellano de tiempos de Felipe II. Su semblante y vestimenta son sobrios y elegantes. El gesto de llevarse la mano al corazón simboliza el juramento de fe perpetuo que está realizando y su vida ascética, que se subraya por su rostro enjuto y pálido y dedos finos.

La composición es simétrica. La línea de simetría viene marcada por el copete del cabello, la nariz y la punta de la barba. Otra línea vertical viene marcada por la espada. Las líneas diagonales se repiten en bigote, barba y gola. Las líneas curvas se aprecian en el arco de los ojos y la empuñadura de la espada.

Los focos de atención son los ojos del caballero, su mano derecha y la empuñadura de la espada.

La profundidad del cuadro es escasa.

Los colores son escasos y sobrios: blanco, encarnado, gris, oro y plata.

Los colores, la luz y la expresión del caballero buscan provocar un impacto visual y emocional en el espectador.

El caballero de la mano en el pecho es uno de los retratos más conocidos por el gran público y el más definitorio de El Greco y del manierismo español.

sábado, 19 de diciembre de 2020

El Greco

El Greco (Candia, 1541-Toledo, 1614) es el pintor manierista más original y sobresaliente. 

El entierro del conde de Orgaz (1585) es el cuadro más universal de El Greco.
 

La trayectoria pictórica de El Greco se divide en cuatro etapas:

  • Cretense, de 1555 a 1566.
  • Veneciana, de 1567 a 1570.
  • Romana, de 1570 a 1577.
  • Española, de 1577 a 1614.

Durante la etapa cretense (1555-1566) se formó como pintor de iconos, cuadros devocionales característicos del cristianismo ortodoxo. Los iconos eran de estilo tardobizantino y seguían unas reglas estrictas: aparecen personajes carentes de naturalismo sobre un fondo dorado. Hay que citar Dormición de la Virgen (1565). 

Dormición de la Virgen (1565) es uno de los iconos más valorados de El Greco.
 

La etapa veneciana (1567-1570) la pasó estudiando a Tiziano, Tintoretto, Veronés y Bassano. Desarrolló un estilo ecléctico, que revela que asimiló los elementos escenográficos, el dibujo, el color, la luz, los escorzos y el dramatismo de la Escuela veneciana. De estos años destacan Curación del ciego (1567) y La huída a Egipto (1570). 

Curación del ciego (1567) es uno de los lienzos de la etapa veneciana de El Greco.
  

En su viaje a Roma se detuvo en Parma, donde estudió las obras de Corregio y Parmigianino.

La etapa romana (1570-1577) puso fin a sus años en Italia. En 1570 abrió un taller de pintura en Roma, el erudito Fulvio Orsini le puso en contacto con el círculo intelectual romano, conoció al miniaturista Giulio Clovio y al cardenal Farnesio, entrando a trabajar en su palacio, y en 1572 fue admitido como miniaturista en la Academia de San Lucas. En Roma se impregnó del manierismo dominante, tras la muerte de Rafael y Miguel Ángel, y de los preceptos contrarreformistas salidos del Concilio de Trento (1545-1563). De sus obras romanas hay que citar El Soplón (1570), Retrato de Giulio Clovio (1571) y Anunciación (1573). 

Retrato de Giulio Clovio (1571) es un retrato de la etapa romana de El Greco.
  

Hacia 1575 el Greco era consciente de que su carrera artística en Roma estaba estancada, entre otros motivos por considerarse al mismo nivel que Miguel Ángel, algo que le enemistó con el influyente sector miguelangelesco del círculo intelectual romano. Don Luis de Castilla le persuadió de que la mejor opción era instalarse en España para trabajar en Toledo y en la decoración del Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial.

La etapa española (1577-1614) se inició en Madrid, donde no consiguió triunfar. Se instaló en Toledo por ser la capital religiosa de España y por su amistad con Diego de Castilla, deán de la catedral de Santa María de Toledo, que le puso en contacto con una clientela culta, comprometida con la Contrarreforma, que gustó de sus pinturas.

El Greco desarrolló en España las características que hacen que sus lienzos sean inconfundibles y representativos de un manierismo personalísimo:

  • Las figuras se alargan hasta lo imposible. Es así porque El Greco consideraba más bellas las proporciones alargadas que las naturales. La cabeza es pequeña en proporción con el resto del cuerpo.
  • Los espacios escenográficos son indefinidos y poco profundos.
  • Las figuras se concentran en el primer y casi único plano, apareciendo superpuestas, en un evidente horror vacui.
  • La pincelada es larga y fluida.
  • Los colores son fríos, y los cálidos resultan fríos por su brillo metálico.
  • La luz es estridente y brillante. No hay una fuente de luz exterior; la fuente de luz son los propios personajes que aparecen en el cuadro. El Greco utilizó la luz para reforzar el mensaje de que Dios en sus diversas presentaciones es la verdad; en este caso la única fuente de luz en el cuadro es el Señor.
  • Los personajes están dominados por el dramatismo y la espiritualidad con el fin de provocar en el espectador emoción y reflexión.
  • La mayoría de la producción es de temática religiosa y ajustada a los principios de la Contrarreforma, aunque también cultiva los retratos, la mitología y el paisaje. 

Diego de Castilla le encargó para la iglesia de Santo Domingo el Antiguo varios retablos y El Expolio, obras de 1577. 

El retablo mayor de Santo Domingo el Antiguo contenía siete lienzos de los que destaca el principal, La Anunciación, de composición piramidal formada por la Virgen y dos grupos de apóstoles, y La Trinidad, con las figuras dispuestas en zig-zag. 

La Trinidad (1577) forma parte del retablo mayor de Santo Domingo el Antiguo.
  

El Expolio representa el momento de la Pasión en el que Cristo es despojado de sus ropas. El Greco se inspiró en el relato de san Buenaventura. Cristo es la figura central, con la mano derecha en el pecho, dentro de un óvalo imaginario, en torno a la cual gravita el resto de la composición. La única figura que aparece completa es la de Cristo; a la derecha un sayón barrena el madero de la cruz para hacer los agujeros; al otro lado tres mujeres llaman la atención por su belleza y piedad; acompaña a Cristo un caballero del siglo XVI. El rostro iluminado de Cristo y su túnica roja contrastan con las caras sombrías de los sayones y con el tono oscuro del resto del cuadro. La naturaleza se limita al palmo de tierra que pisa Cristo y a la estrecha franja de cielo cubierto de nubes. 

El Expolio (1577) es la primera gran obra de El Greco en España.
  

Felipe II hace dos encargos a El Greco para decorar el Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. En Alegoría de la Liga Santa –también conocido como Adoración del nombre de Jesús o Sueño de Felipe II– se combinan iconografías políticas de difícil lectura con motivos ortodoxos medievales; y en El martirio de san Mauricio y la legión tebana no aparece la escena del martirio. Ambos lienzos son de 1582. Felipe II expresó su disgusto hacia ambos lienzos por lo que El Greco no participó en la decoración de Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial y se asentó para siempre en Toledo. 

El martirio de san Mauricio (1582) no gustó a Felipe II, razón por la cual El Greco no participó en la decoración del Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial.
  

La obra maestra de El Greco es El entierro del conde de Orgaz (1585) de la iglesia de Santo Tomé de Toledo, donde descansan desde 1323 los restos del conde de Orgaz. Según la leyenda la caridad del conde de Orgaz fue recompensada en el momento de su entierro con la aparición de san Agustín y san Esteban que introdujeron al difunto en la tumba. La composición se estructura en dos planos bien diferenciados; la parte baja representa la realidad terrenal, el entierro, y la parte superior el mundo espiritual; ambos planos están separados por la línea de las cabezas de los asistentes al entierro, y están unidos por el triángulo que forman las nubes, donde se encuentra la figura de un ángel que hace ascender hacia Cristo el alma del difunto. Acompañan a Cristo la Virgen, san Pedro y san Juan Bautista. El cuadro es también una galería de retratos en el que se distingue a Felipe II en la parte superior derecha.

Desde 1590 los mejores lienzos de El Greco son de temática religiosa, sobre todo vida de santos: San Juan Evangelista y san Francisco (1590), Las lágrimas de san Pedro (1595) y San Andrés y san Francisco (1595). 

San Andrés y san Francisco (1595) quizá sea el cuadro de santos más célebre de El Greco.
  

El retablo de doña María de Aragón (1596-1600) es el retablo de la iglesia del colegio seminario de la Encarnación de Madrid, desmontado durante la Guerra de la Independencia (1808-1814). Sus seis lienzos son El Bautismo, La Crucifixión, La Resurrección, La Anunciación, El Pentecostés y La Adoración de los pastores del Museo Nacional de Arte de Rumanía en Bucarest. Sus características anticipan las obras de su etapa tardía: las escenas se ciñen a espacios claustrofóbicos, que refuerzan su verticalidad; la luz espectral subraya la irrealidad de las figuras; los escorzos están muy marcados; los colores son fríos e intensos; y la espiritualidad es expresionista.

Entre sus obras tardías destacan las pinturas del que fue retablo de la Capilla mayor del hospital de la Caridad de Illescas (1603), Inmaculada Concepción de la capilla de Isabel de Oballe (1607), Visión del Apocalipsis (1608-1614) y La Adoración de los pastores (1614).

Las pinturas del que fue retablo de la Capilla mayor del hospital de la Caridad de Illescas son cuatro y ensalzan la figura de la Virgen. En La Anunciación el Espíritu Santo ocupa el centro de la escena y la ilumina; en la Virgen de la Caridad es ella la que ocupa el centro de la composición acogiendo a un grupo de fieles; La Coronación presenta forma ovalada porque ocuparía la bóveda de la capilla, lo que provocó la desproporción entre las figuras de Dios Hijo a la izquierda, la Virgen en el centro y Dios Padre a la derecha; y en La Natividad la luz emana del Niño Jesús.

La Inmaculada Concepción de la capilla de Isabel Oballe se caracteriza por los alargamientos y retorcimientos de las figuras, alejadas del naturalismo.

 La Visión del Apocalipsis formaba parte de uno de los retablos laterales de la capilla del hospital de Tavera. Representa el momento del apocalipsis en el que Dios muestra a san Juan la apertura del quinto sello. La composición está dominada por san Juan y los siete resucitados. En el juego de colores que se establece en el lienzo, el vestido azul de san Juan contrasta con el rosa del manto que hay a sus pies, con el amarillo pálido y el verde de los mantos de los mártires, con el blanco de los cuerpos y con las nubes oscuras. 

En Visión del Apocalipsis (1608-1614) llama la atención la expresividad de los personajes y el juego de colores.
  

La Adoración de los pastores es la última obra maestra de El Greco. La pintó para que colgase sobre su tumba en la iglesia de Santo Domingo el Antiguo de Toledo. La composición se presenta en una espiral ascendente y en dos planos: el terrenal, que tiene por protagonista al Niño Jesús, rodeado por sus padres y los pastores, y que actúa como foco de luz; y el celestial, ocupado por dos ángeles. Las figuras se alargan hasta la exageración. Hay un contraste de colores entre los cálidos de las ropas y el fondo oscuro. 

El caballero de la mano en el pecho (1584) muestra la idiosincrasia del caballero castellano.
  

El Greco también pintó retratos, el más conocido es El caballero con la mano en el pecho (1584) en el que supo recoger el aspecto y carácter austero del caballero castellano. Concentra la fuerza expresiva en los ojos, que muestran melancolía y tristeza, y la mano, que al tocar el pecho quiere llamar la atención acerca de la riqueza espiritual del caballero y de una época. Otros retratos son Retrato de un caballero anciano (1600) y Retrato de Jorge Manuel Theotocópuli (1603). 

Vista de Toledo (1600) es el único cuadro de paisaje y El Laocoonte y sus hijos (1614) con el paisaje de Toledo al fondo el único mitológico; en ambos el tratamiento que da al paisaje anuncia el impresionismo de finales del siglo XIX. 

En Vista de Toledo (1600) El Greco se adelantó al impresionismo del siglo XIX.
  

En su taller El Greco contó con la colaboración destacada de los pintores Francisco Preboste, Luis Tristán y Jorge Manuel, hijo suyo, de los escultores Miguel González y Giraldo de Merlo, y el grabador Diego de Astor. La producción estaba organizada de la siguiente manera: El Greco se ocupaba de los grandes encargos y del resto sus colaboradores siguiendo sus instrucciones. Del taller salieron más de 300 lienzos. Los temas más demandados fueron san Francisco, por los trece conventos franciscanos que había en Toledo, y Magdalena arrepentida, por ajustarse al principio contrarreformista de revalorizar la confesión y la penitencia. En los últimos años del taller se pintaron apostolados, en medio busto o tres cuartos con sus símbolos identificativos; se caracterizan por sus siluetas alargadas y enjutas y su expresión ascética.

El Greco murió en 1614 en Toledo, la ciudad que mejor entendió y valoró su pintura manierista, distinta a todas las demás.

viernes, 29 de noviembre de 2019

El entierro del conde de Orgaz, de El Greco

El Greco (Candia, Creta, 1541-Toledo, España, 1614) inició su carrera artística pintando iconos de estilo tardobizantino; entre 1567 y 1570 vivió en Venecia, donde estudió a Tiziano, Tintoretto y Veronés; y entre 1570 y 1577 en Roma, relacionándose con el círculo del cardenal Farnesio y estudiando a Miguel Ángel. En 1577 se instaló en España, en la ciudad de Toledo, donde pintó sus mejores lienzos por encargo de la Iglesia. Sus mejores cuadros son los retratos y los religiosos, de entre los que hay que citar El expolio (1579), El martirio de san Mauricio y la legión tebana (1582), El entierro del conde de Orgaz (1587) y La adoración de los pastores (1614).

El Greco: El entierro del conde de Orgaz, 1587.
Estilo: Manierismo.
Técnica: Óleo sobre lienzo.
Temática: Religiosa.
Dimensiones: 480 x 360 cm.
Iglesia de Santo Tomé, Toledo, España.


Andrés Núñez de Madrid, párroco de la iglesia de Santo Tomé de Toledo, encargó a El Greco en 1586 la realización del cuadro El entierro del señor de Orgaz por la cantidad de 1.200 ducados.

El Greco se ajustó al contrato, que estipulaba que habría de reproducir el milagro habido durante el entierro de don Gonzalo Ruiz de Toledo, señor de Orgaz y conde a título póstumo desde 1522. El entierro tuvo lugar en 1323. El milagro consistió en el descendimiento desde el cielo de san Agustín y san Esteban con el fin de ser ellos los que enterrasen al señor de Orgaz; era la manera de distinguirle por encima del resto de mortales y presentarlo como un modelo de comportamiento a imitar; ya en vida fue tenido como una persona devota de los santos y generosa con los pobres.

El lienzo se divide en dos niveles: el terrenal en el plano inferior, donde se recoge el momento en el que san Agustín y san Esteban proceden a sepultar al señor de Orgaz; y el celestial en el superior, donde se observa el ascenso al cielo del alma del difunto.

El Greco situó en el nivel inferior de El entierro del conde de Orgaz la escena del milagro del sepelio del noble con la participación de san Agustín y san Esteban, pero también hace las veces de galería de retratos de las personalidades ilustres de la ciudad de Toledo de finales del siglo XVI.


La escena del entierro ocupa el centro del primer plano del nivel inferior. El conde de Orgaz aparece inerte, vestido con armadura de acero bruñido y gola blanca. Le sostienen san Agustín, uno de los padres de la Iglesia, vestido de obispo, con mitra y casulla, en la que aparecen bordadas las imágenes de san Pablo, Santiago el Mayor y santa Catalina de Alejandría, y san Esteban, primer mártir de la Iglesia, vestido con dalmática diaconal en la que aparece bordada la escena de su martirio; ambos santos se ayudan de un lienzo blanco para sostener al conde de Orgaz. A la izquierda aparece un niño vestido de negro, arrodillado mirando al espectador; lleva un papel que le sirve a El Greco para firmar e identificar al niño como su hijo Jorge Manuel, ya que en el papel se lee “Domenico Theotocopuli 1578”. A la derecha aparecen don Pedro Ruiz Durón, ecónomo de la iglesia de Santo Tomé, como sacerdote vestido con roquete transparente, contemplando el ascenso al cielo del alma del difunto, y don Andrés Núñez de Madrid, sacerdote de la iglesia de Santo Tomé, el cual está pronunciando el responso; entre ambos don Rodrigo de la Fuente, beneficiado de la iglesia de Santo Tomé, porta una cruz procesional; en el otro extremo aparecen frailes conversando, uno franciscano, otro agustino y otro dominico El resto de figuras son caballeros, muchos son personas ilustres de la nobleza toledana, otros son clérigos y letrados, más dos caballeros de la Orden de Santiago, todos con una expresión particular, pero con el denominador común del respeto por estar asistiendo a un funeral; se han reconocido a algunos de ellos: el primero por la izquierda es Juan López de la Quadra, mayordomo de la iglesia de Santo Tomé, a la izquierda del caballero de la Orden de Santiago y mirando al espectador aparece El Greco autorretratado, y los más próximos al sacerdote vestido con roquete se reconocen al arquitecto Alonso de Covarrubias, Francisco de Pisa, erudito especialista en la vida del conde de Orgaz, y Diego de Covarrubias, eclesiástico y jurista. A quien apuesta por identificar entre los retratados al escritor Miguel de Cervantes. Los caballeros visten a la moda española del momento, de terciopelo negro. El niño y algunos de los personajes portan cirios de gran tamaño. El Greco recurre al recurso de dirigir la mirada de algunos de los personajes hacia el espectador para integrar a este en el cuadro.

El Greco sitúa en el nivel superior de El entierro del conde Orgaz el ascenso al cielo del alma del noble.


El eje vertical del nivel superior lo marca la línea del ángel que eleva al cielo el alma del conde de Orgaz y Dios en lo más elevado. El Señor aparece como gran Juez y actitud gloriosa, vestido de blanco para representar la pureza y rodeado de una luz amarilla que representa la resurrección y la gloria. A sus pies se reconocen, a la izquierda la Virgen María, vestida de azul y rojo, simbolizando la eternidad y la Pasión, y a la derecha san Juan Bautista, ambos como intercesores ante Dios Todopoderoso, de hecho, la Virgen recoge el alma del conde de Orgaz para presentarla al Señor y san Juan Bautista aparece suplicante ante Dios para conseguir de este que salve el alma del difunto. En el lado de la Virgen se reconoce a san Pedro, que porta las llaves del cielo, y personajes del Antiguo Testamento, el rey David con el arpa, Moisés con las tablas de la ley y Noé con el arca. En el lado de san Juan Bautista aparecen los bienaventurados mirando al Señor, el apóstol Pablo con la espada de su martirio, Santiago el Mayor como peregrino, santo Tomás con la escuadra de arquitecto y el rey Felipe II, aún vivo, es una manera de reconocerle por encima del resto de los mortales por desarrollar una política decidida de defensa del catolicismo y la manera que tuvo El Greco de manifestar la ausencia de resentimiento hacia él aunque le apartase años atrás de la decoración del Real monasterio de San Lorenzo del Escorial; también se adivinan las figuras de María Magdalena, Marta y san Esteban. La distribución de los ángeles sigue una disposición ascendente con arreglo a la jerarquía propuesta por san Agustín; es decir, ángeles, cercanos a los hombres y de aspecto humano, serafines y querubines, próximos a los seres espirituales y representados como pequeños amorcillos, y tronos y potestades, junto al Señor, amorfos y  representados con manchas de color difuminadas.

El entierro del conde de Orgaz ofrece las siguientes características formales:
  • Luz de apariencia artificial y distribuida para llamar la atención sobre las figuras y personajes que El Greco considera principales, Dios, el alma del conde de Orgaz y este.
  • Colores en tonos brillantes y metálicos.
  • Composición dinámica.
  • Alargamiento de las figuras hasta un canon de 12 o 13 cabezas.
  • Figuras recortadas.
  • Figuras serpentinatas para ofrecer mayor movimiento.
  • Predominio del color sobre la línea para definir las formas.
  • Horror vacui no dejando espacios vacíos de figuras.
  • Agolpamiento de las figuras hacia el primer plano.
  • Complejo desarrollo escenográfico con arreglo al también complejo programa teológico e iconográfico del cuadro.

Por todo ello, El entierro del conde de Orgaz está considerado como la obra maestra de El Greco y del manierismo español y una de las de todos los tiempos, que hizo de El Greco uno de los grandes genios de la pintura universal.

viernes, 26 de octubre de 2018

El Expolio, de El Greco

El Greco (Candia, 1541-Toledo, 1614) inició su carrera artística pintando iconos de estilo tardobizantino; entre 1567 y 1570 se instaló en Venecia, donde estudió a Tiziano, Tintoretto y Veronés; y entre 1570 y 1577 vivió en Roma, relacionándose con el círculo del cardenal Farnesio y estudiando a Miguel Ángel. En 1577 se instaló en España, en la ciudad de Toledo, donde pintó sus mejores lienzos por encargo de la Iglesia. De entre sus obras destacan el retrato El caballero de la mano en el pecho (1579) y las de temática religiosa El Expolio (1579), El martirio de san Mauricio y la legión tebana (1582), El entierro del conde de Orgaz (1587) y La adoración de los pastores (1614).

El Greco pintó El Expolio por encargo del cabildo de la catedral de Santa María de Toledo por intervención de don Diego de Castilla, deán de la catedral. Fue su primera obra en España, pero por la disputa de un pleito interpuesto por el cabildo El Greco no terminó de cobrar por trabajo realizado hasta 1581.

El pleito vino motivado por el tratamiento dado por El Greco al tema elegido. El Expolio es el momento inicial de la Pasión, en el que Jesús de Nazaret es despojado de sus ropas antes de ser clavado en la cruz. El motivo del pleito fue que El Greco introdujo en el cuadro a la Virgen María, María Magdalena y María Cleofás, lo que no concuerda con lo narrado por los Evangelios canónicos ni con el apócrifo de Nicodemo; sin embargo, El Greco las añadió por considerar verosímil que las tres estuviesen presentes en el momento del Expolio.

El Greco: El Expolio, 1579.
Estilo: Manierismo.
Técnica: Óleo sobre lienzo.
Temática: Religiosa.
Dimensiones: 285 x 173 cm.
Catedral de Santa María de Toledo, España.


Cristo aparece en el centro de la escena, los ojos están llenos de lágrimas, pero la mirada al cielo transmite dulzura y serenidad. Viste túnica roja y apoya la mano derecha en el pecho para simbolizar su devoción por Dios Padre, al que agradece haber llegado al momento de la Pasión, al de morir en la cruz para el perdón de los pecados de los hombres y su salvación.

El resto de personajes rodean a Cristo. Abajo a la izquierda las tres Marías, que expresan piedad, abajo a la derecha un sayón perfora el madero, otro sujeta la cuerda con la que apresa a Cristo, a la izquierda un hombre con armadura le flanquea, otros se agolpan detrás de él, uno señala al espectador interpelándole acerca de la escena que está observando, picas y lanzas cierran el horizonte. Las figuras llenan el espacio casi por completo en un horror vacui perfecto, apenas se ve la tierra allí donde Jesús de Nazaret la pisa y las nubes plomizas que cubren el cielo.

Las figuras se presentan alargadas, sólo la de Cristo aparece completa.

En cuanto al cromatismo llama la atención la escasez de colores. Predominan los tonos fríos y oscuros, por ello llama la atención el rojo de Cristo, el amarillo del sayón y de una de las Marías y el verde del sayón que sujeta la cuerda que apresa a Cristo. Los colores se ofrecen en una tonalidad metálica.

La luz que ilumina la escena sale de dentro del cuadro, de la túnica roja de Cristo.

La pincelada es larga y fluida.

El cuadro ofrece un mensaje de certidumbre en la fe cristiana a través de una simbología muy cuidada: el rojo de la túnica de Jesús de Nazaret transmite la idea de la Pasión que sufrió, que sea la fuente de la luz del cuadro sirve para hacer ver a Cristo como luz del mundo y que sólo se vea la tierra que pisa Jesús de Nazaret sirve para comunicar al hombre el camino correcto a seguir en la vida, el que siguió Cristo. El azul de la túnica de la Virgen María la presenta como noble, eterna y reina de los cielos.

El Expolio es un cuadro singular dentro de la producción de El Greco en España por cuanto el tema del Expolio era habitual en la cultura bizantina, pero no en la occidental, menos aún en la española. Además, fue el primer encargo que recibió El Greco en España. Manuel B. Cossío afirmó que El Expolio es el cuadro “más poético y de expresión más elevada” de El Greco y José Gudiol que es una “obra capital en la historia de la pintura europea”.

viernes, 24 de noviembre de 2017

El martirio de san Mauricio y la legión tebana, de El Greco

El Greco (Candia, 1541-Toledo, 1614) inició su carrera artística pintando iconos de estilo tardobizantino; entre 1567 y 1570 se instaló en Venecia, donde estudió a Tiziano, Tintoretto y Veronés; y entre 1570 y 1577 vivió en Roma, relacionándose con el círculo del cardenal Farnesio y estudiando a Miguel Ángel. En 1577 se instaló en España, en la ciudad de Toledo, donde pintó sus mejores lienzos por encargo de la Iglesia. De entre sus obras destacan el retrato El caballero de la mano en el pecho (hacia 1580) y las de temática religiosa El expolio (1579), El martirio de san Mauricio y la legión tebana (1582), El entierro del conde de Orgaz (1587) y La adoración de los pastores (1614).

Tras la muerte de Navarrete el Mudo (1579), el rey Felipe II encargó a El Greco la realización de un cuadro relacionado con el martirio de san Mauricio que decoraría uno de los altares del Real monasterio de San Lorenzo de El Escorial. El motivo de tal encargo era triple: san Mauricio está relacionado con la lucha contra los herejes, la existencia de reliquias suyas en el monasterio escurialense y ser patrón de la orden del Toisón de Oro.

San Mauricio fue un general romano, jefe de la legión tebana, en la que todos profesaban el cristianismo. En 287 san Mauricio y la legión tebana se encontraban en las Galias y se negaron a cumplir la orden del emperador Maximiniano de realizar sacrificios en favor de los dioses romanos; al negarse fueron ejecutados.

El Greco: El martirio de san Mauricio y la legión tebana, 1580-1582.
Estilo: Manierismo.
Técnica: Óleo sobre lienzo.
Temática: Religiosa.
Dimensiones: 448 x 301 cm.
Real monasterio de San Lorenzo de El Escorial, España.


Una diagonal separa las escenas terrenales de la celestial.

El primer plano está ocupado por san Mauricio y sus acompañantes tomando la decisión de negarse a realizar sacrificios en pro de los dioses romanos. Se reconoce a san Mauricio, que viste coroza azul y capa verde y oro, san Exuperio, con estandarte rojo, entre ambos el duque Enmanuel Filiberto de Saboya, comandante de las tropas de la Monarquía Hispánica en la batalla de San Quintín y Gran Maestre de la Orden Militar de San Mauricio y Alejandro Farnesio, duque de Parma, que en esos años luchaba en los Países Bajos contra los calvinistas holandeses, y Santiago el Menor, que convirtió a la legión tebana al cristianismo, con túnica; además, donde se desarrolla el martirio se reconoce a don Juan de Austria, hijo natural del emperador Carlos V y vencedor en la batalla de Lepanto contra los musulmanes. Todas las figuras visten el uniforme militar de la Monarquía Hispánica durante el siglo XVI con el fin de aunar la lucha de España contra la herejía calvinista con la lucha de san Mauricio contra el paganismo en tiempos de Roma.

La segunda escena terrenal es la del martirio. Se dispone en perspectiva serpentinata. Los legionarios, unos vestidos, otros desnudos, se sitúan en fila a la espera de ser ejecutados. El verdugo se sitúa de espaldas, sobre una roca, y junto a él san Mauricio, reconfortando a sus hombres y agradeciéndoles su fe. Un hombre degollado y dispuesto en escorzo refuerza la idea del martirio.

La escena celestial ocupa la parte superior del lienzo. Se trata de un rompimiento de Gloria. Unos ángeles tocan instrumentos musicales, otros portan palmas martiriales y coronas triunfales.

El Greco llena el cuadro de recursos manieristas: figuras de espaldas alargadas con una desproporción entre la cabeza y las extremidades con el resto del cuerpo y con una anatomía marcada bajo las corazas, escorzos, diagonales, tratamiento del martirio, que pasa a ocupar un segundo plano por detrás de la toma de la  decisión que lo desencadena, colores en tonos metálicos –amarillo, azul, verde y rojo– sobre los que resbala la luz, desde el rompimiento de gloria hasta el martirio. La luz que irradian las figuras es blanca y simboliza la espiritualidad cristiana, el convencimiento en la fe y la visión mística del martirio.

El martirio de san Mauricio y la legión tebana no fue del agrado del rey Felipe II por dos motivos: la escena del martirio ocupa un segundo plano y la falta de devoción de las figuras principales. Por ello, El Greco no fue tenido en cuenta para decorar el Real monasterio de San Lorenzo de El Escorial y su cuadro fue sustituido por otro de la misma temática del italiano Rómulo Cincinato. Sin embargo, el cuadro de El Greco sirvió para consolidar el manierismo en España.