El Greco (Candia, 1541-Toledo, 1614) es el pintor manierista más
original y sobresaliente.
El entierro del conde de Orgaz (1585) es el cuadro más universal de
El Greco.
La trayectoria
pictórica de El Greco se divide en cuatro etapas:
- Cretense, de 1555 a 1566.
- Veneciana, de 1567 a 1570.
- Romana, de 1570 a 1577.
- Española, de 1577 a 1614.
Durante la etapa cretense (1555-1566) se formó
como pintor de iconos, cuadros devocionales característicos del cristianismo
ortodoxo. Los iconos eran de estilo tardobizantino y seguían unas reglas
estrictas: aparecen personajes carentes de naturalismo sobre un fondo dorado. Hay
que citar Dormición de la Virgen (1565).
Dormición de la Virgen (1565) es uno de los iconos más valorados de
El Greco.
La etapa veneciana (1567-1570) la pasó
estudiando a Tiziano, Tintoretto, Veronés y Bassano. Desarrolló un estilo
ecléctico, que revela que asimiló los elementos escenográficos, el dibujo, el
color, la luz, los escorzos y el dramatismo de la Escuela veneciana. De estos
años destacan Curación del ciego
(1567) y La huída a Egipto (1570).
Curación del ciego (1567) es uno de los
lienzos de la etapa veneciana de El Greco.
En su viaje a
Roma se detuvo en Parma, donde estudió las obras de Corregio y Parmigianino.
La etapa romana (1570-1577) puso fin a sus
años en Italia. En 1570 abrió un taller de pintura en Roma, el erudito Fulvio
Orsini le puso en contacto con el círculo intelectual romano, conoció al
miniaturista Giulio Clovio y al cardenal Farnesio, entrando a trabajar en su
palacio, y en 1572 fue admitido como miniaturista en la Academia de San Lucas.
En Roma se impregnó del manierismo dominante, tras la muerte de Rafael y Miguel
Ángel, y de los preceptos contrarreformistas salidos del Concilio de Trento
(1545-1563). De sus obras romanas hay que citar El Soplón (1570), Retrato de
Giulio Clovio (1571) y Anunciación
(1573).
Retrato de Giulio Clovio (1571) es un
retrato de la etapa romana de El Greco.
Hacia 1575 el
Greco era consciente de que su carrera artística en Roma estaba estancada,
entre otros motivos por considerarse al mismo nivel que Miguel Ángel, algo que
le enemistó con el influyente sector miguelangelesco del círculo intelectual
romano. Don Luis de Castilla le persuadió de que la mejor opción era instalarse
en España para trabajar en Toledo y en la decoración del Real Monasterio de San
Lorenzo de El Escorial.
La etapa española (1577-1614) se inició en
Madrid, donde no consiguió triunfar. Se instaló en Toledo por ser la capital
religiosa de España y por su amistad con Diego de Castilla, deán de la catedral
de Santa María de Toledo, que le puso en contacto con una clientela culta,
comprometida con la Contrarreforma, que gustó de sus pinturas.
El Greco
desarrolló en España las características que hacen que sus lienzos sean inconfundibles
y representativos de un manierismo personalísimo:
- Las figuras se alargan hasta lo
imposible. Es así porque El Greco consideraba más bellas las proporciones
alargadas que las naturales. La cabeza es pequeña en proporción con el resto
del cuerpo.
- Los espacios escenográficos son
indefinidos y poco profundos.
- Las figuras se concentran en el
primer y casi único plano, apareciendo superpuestas, en un evidente horror vacui.
- La pincelada es larga y fluida.
- Los colores son fríos, y los
cálidos resultan fríos por su brillo metálico.
- La luz es estridente y brillante.
No hay una fuente de luz exterior; la fuente de luz son los propios personajes
que aparecen en el cuadro. El Greco utilizó la luz para reforzar el mensaje de
que Dios en sus diversas presentaciones es la verdad; en este caso la única
fuente de luz en el cuadro es el Señor.
- Los personajes están dominados
por el dramatismo y la espiritualidad con el fin de provocar en el espectador
emoción y reflexión.
- La mayoría de la producción es de
temática religiosa y ajustada a los principios de la Contrarreforma, aunque
también cultiva los retratos, la mitología y el paisaje.
Diego de
Castilla le encargó para la iglesia de Santo Domingo el Antiguo varios retablos
y El Expolio, obras de 1577.
El retablo mayor de Santo Domingo el Antiguo
contenía siete lienzos de los que destaca el principal, La Anunciación, de composición piramidal formada por la Virgen y
dos grupos de apóstoles, y La Trinidad,
con las figuras dispuestas en zig-zag.
La Trinidad (1577) forma parte del retablo mayor de Santo Domingo el Antiguo.
El Expolio representa el momento de la
Pasión en el que Cristo es despojado de sus ropas. El Greco se inspiró en el
relato de san Buenaventura. Cristo es la figura central, con la mano derecha en
el pecho, dentro de un óvalo imaginario, en torno a la cual gravita el resto de
la composición. La única figura que aparece completa es la de Cristo; a la
derecha un sayón barrena el madero de la cruz para hacer los agujeros; al otro
lado tres mujeres llaman la atención por su belleza y piedad; acompaña a Cristo
un caballero del siglo XVI. El rostro iluminado de Cristo y su túnica roja
contrastan con las caras sombrías de los sayones y con el tono oscuro del resto
del cuadro. La naturaleza se limita al palmo de tierra que pisa Cristo y a la
estrecha franja de cielo cubierto de nubes.
El Expolio (1577) es la primera gran
obra de El Greco en España.
Felipe II hace
dos encargos a El Greco para decorar el Real Monasterio de San Lorenzo de El
Escorial. En Alegoría de la Liga Santa
–también conocido como Adoración del
nombre de Jesús o Sueño de Felipe II–
se combinan iconografías políticas de difícil lectura con motivos ortodoxos
medievales; y en El martirio de san
Mauricio y la legión tebana no aparece la escena del martirio. Ambos
lienzos son de 1582. Felipe II expresó su disgusto hacia ambos lienzos por lo
que El Greco no participó en la decoración de Real Monasterio de San Lorenzo de
El Escorial y se asentó para siempre en Toledo.
El martirio de san Mauricio (1582) no gustó a Felipe II, razón por
la cual El Greco no participó en la decoración del Real Monasterio de San
Lorenzo de El Escorial.
La obra
maestra de El Greco es El entierro del
conde de Orgaz (1585) de la iglesia de Santo Tomé de Toledo, donde descansan
desde 1323 los restos del conde de Orgaz. Según la leyenda la caridad del conde
de Orgaz fue recompensada en el momento de su entierro con la aparición de san
Agustín y san Esteban que introdujeron al difunto en la tumba. La composición
se estructura en dos planos bien diferenciados; la parte baja representa la
realidad terrenal, el entierro, y la parte superior el mundo espiritual; ambos
planos están separados por la línea de las cabezas de los asistentes al
entierro, y están unidos por el triángulo que forman las nubes, donde se
encuentra la figura de un ángel que hace ascender hacia Cristo el alma del
difunto. Acompañan a Cristo la Virgen, san Pedro y san Juan Bautista. El cuadro
es también una galería de retratos en el que se distingue a Felipe II en la
parte superior derecha.
Desde 1590 los
mejores lienzos de El Greco son de temática religiosa, sobre todo vida de
santos: San Juan Evangelista y san
Francisco (1590), Las lágrimas de san
Pedro (1595) y San Andrés y san
Francisco (1595).
San Andrés y san Francisco (1595) quizá sea el cuadro de santos más
célebre de El Greco.
El retablo de doña María de Aragón (1596-1600)
es el retablo de la iglesia del colegio seminario de la Encarnación de Madrid,
desmontado durante la Guerra de la Independencia (1808-1814). Sus seis lienzos
son El Bautismo, La Crucifixión, La Resurrección,
La Anunciación, El Pentecostés y La Adoración
de los pastores del Museo Nacional de Arte de Rumanía en Bucarest. Sus
características anticipan las obras de su etapa tardía: las escenas se ciñen a
espacios claustrofóbicos, que refuerzan su verticalidad; la luz espectral
subraya la irrealidad de las figuras; los escorzos están muy marcados; los
colores son fríos e intensos; y la espiritualidad es expresionista.
Entre sus
obras tardías destacan las pinturas del que fue retablo de la Capilla mayor del hospital de la Caridad de Illescas
(1603), Inmaculada Concepción de la
capilla de Isabel de Oballe (1607), Visión
del Apocalipsis (1608-1614) y La Adoración
de los pastores (1614).
Las pinturas
del que fue retablo de la Capilla mayor
del hospital de la Caridad de Illescas son cuatro y ensalzan la figura de
la Virgen. En La Anunciación el
Espíritu Santo ocupa el centro de la escena y la ilumina; en la Virgen de la Caridad es ella la que ocupa
el centro de la composición acogiendo a un grupo de fieles; La Coronación presenta forma ovalada
porque ocuparía la bóveda de la capilla, lo que provocó la desproporción entre
las figuras de Dios Hijo a la izquierda, la Virgen en el centro y Dios Padre a
la derecha; y en La Natividad la luz
emana del Niño Jesús.
La Inmaculada Concepción de la capilla de
Isabel Oballe se caracteriza por los alargamientos y retorcimientos de las
figuras, alejadas del naturalismo.
La Visión del Apocalipsis formaba parte de
uno de los retablos laterales de la capilla del hospital de Tavera. Representa
el momento del apocalipsis en el que Dios muestra a san Juan la apertura del
quinto sello. La composición está dominada por san Juan y los siete
resucitados. En el juego de colores que se establece en el lienzo, el vestido azul
de san Juan contrasta con el rosa del manto que hay a sus pies, con el amarillo
pálido y el verde de los mantos de los mártires, con el blanco de los cuerpos y
con las nubes oscuras.
En Visión del Apocalipsis (1608-1614) llama
la atención la expresividad de los personajes y el juego de colores.
La Adoración de los pastores es la última
obra maestra de El Greco. La pintó para que colgase sobre su tumba en la
iglesia de Santo Domingo el Antiguo de Toledo. La composición se presenta en
una espiral ascendente y en dos planos: el terrenal, que tiene por protagonista
al Niño Jesús, rodeado por sus padres y los pastores, y que actúa como foco de
luz; y el celestial, ocupado por dos ángeles. Las figuras se alargan hasta la
exageración. Hay un contraste de colores entre los cálidos de las ropas y el
fondo oscuro.
El caballero de la mano en el pecho (1584) muestra la idiosincrasia
del caballero castellano.
El Greco
también pintó retratos, el más conocido es El
caballero con la mano en el pecho (1584) en el que supo recoger el aspecto
y carácter austero del caballero castellano. Concentra la fuerza expresiva en
los ojos, que muestran melancolía y tristeza, y la mano, que al tocar el pecho
quiere llamar la atención acerca de la riqueza espiritual del caballero y de
una época. Otros retratos son Retrato de
un caballero anciano (1600) y Retrato
de Jorge Manuel Theotocópuli (1603).
Vista de Toledo (1600) es el único
cuadro de paisaje y El Laocoonte y sus
hijos (1614) con el paisaje de Toledo al fondo el único mitológico; en
ambos el tratamiento que da al paisaje anuncia el impresionismo de finales del
siglo XIX.
En Vista de Toledo (1600) El Greco se
adelantó al impresionismo del siglo XIX.
En su taller
El Greco contó con la colaboración destacada de los pintores Francisco
Preboste, Luis Tristán y Jorge Manuel, hijo suyo, de los escultores Miguel
González y Giraldo de Merlo, y el grabador Diego de Astor. La producción estaba
organizada de la siguiente manera: El Greco se ocupaba de los grandes encargos
y del resto sus colaboradores siguiendo sus instrucciones. Del taller salieron
más de 300 lienzos. Los temas más demandados fueron san Francisco, por los
trece conventos franciscanos que había en Toledo, y Magdalena arrepentida, por
ajustarse al principio contrarreformista de revalorizar la confesión y la
penitencia. En los últimos años del taller se pintaron apostolados, en medio
busto o tres cuartos con sus símbolos identificativos; se caracterizan por sus
siluetas alargadas y enjutas y su expresión ascética.
El Greco murió
en 1614 en Toledo, la ciudad que mejor entendió y valoró su pintura manierista,
distinta a todas las demás.