jueves, 22 de febrero de 2018

El pintor Francisco de Goya, de Vicente López Portaña

Vicente López Portaña (Valencia, 1772-Madrid, 1850) es uno de los pintores neoclásicos más destacados. Se formó en la Academia de San Carlos y estudió a Bayeu, Maella y Mengs. Hizo su carrera en la corte y llegó a ser Primer Pintor de Cámara en 1815. Pintó cuadros de temática mitológica, religiosa e histórica, pero sobresalió como retratista. Su mejor retrato y obra maestra es El pintor Francisco de Goya (1826).

Vicente López Portaña: El pintor Francisco de Goya, 1826.
Estilo: Neoclasicismo.
Técnica: Óleo sobre lienzo.
Temática: Retrato.
Dimensiones: 94 x 78 cm.
Museo Nacional del Prado, Madrid, España.


Vicente López Portaña aprovechó el viaje de Goya a Madrid en 1826 para arreglar su pensión como Pintor de Cámara para retratarle. Fue su manera de rendirle homenaje. Francisco Goya aparece anciano, sentado en una butaca con las piernas cruzadas, sujetando un pincel con la mano derecha y una paleta con la izquierda; viste camisa y corbata con chorreras blancas, chaleco a rayas en tonos plata y pantalón y levita grises; mira de frente al espectador con un semblante serio. El fondo del cuadro se ofrece en negro y en tonos grises, igual que el caballete que aparece a la izquierda del cuadro, donde se lee “López a su amigo Goya”.

Cabe señalar la composición piramidal, el predominio del dibujo, el equilibrio de colores, luces y sombras, los volúmenes cuidados, que ofrecen una figura casi tangible de Goya, y la minuciosidad en los detalles, lo que sirve para ofrecer un retrato que cabe concluir se ajusta a la realidad en grado extremo.

La calidad de esta obra le sirvió a Vicente López Portaña para situarse como el retratista más valorado de Madrid y recibir numerosos encargos de la aristocracia capitalina.

El pintor Francisco de Goya es la obra maestra de Vicente López Portaña y la que le ha inmortalizado como retratista neoclásico. Sin embargo, el cuadro ha superado al pintor, siendo el lienzo más conocido que el artista. Este cuadro lleva expuesto en el Museo Nacional del Prado desde 1828.

viernes, 9 de febrero de 2018

Fachada de la Universidad de Salamanca, de Juan de Talavera

La fachada de la Universidad de Salamanca es obra de Juan de Talavera. Su construcción estuvo promovida por los Reyes Católicos, pero se llevó a término durante el reinado de Carlos V, entre 1529 y 1533. Es el mejor ejemplo de arquitectura plateresca, que se caracteriza por el uso de elementos decorativos en las fachadas de los edificios. El estilo plateresco se desarrolló en Castilla durante el primer tercio del siglo XVI siendo el primer episodio del arte renacentista en España.

La fachada de la Universidad de Salamanca se construyó entre 1529 y 1533. Es el mejor ejemplo de arquitectura plateresca.
  

La fachada de la Universidad de Salamanca es un añadido plateresco a un edificio de estilo gótico. Se ajusta al modelo de fachada-retablo; sobre la portada gótica, formada por dos arcos carpaneles separados por un mainel, se desarrolla un retablo arquitectónico que contiene un denso programa iconográfico en el que se ensalza la Monarquía hispánica y se muestra los dos caminos entre los que hay que elegir en la vida, la virtud y el pecado.

La fachada se estructura en tres pisos separados por frisos, cinco calles entre pilastras y una crestería que la corona.

El centro del primer piso lo ocupa el medallón de los Reyes Católicos: Isabel y Fernando sujetan el cetro de mando para simbolizar la unión de Castilla y Aragón; aparecen grabados en mayúsculas  los nombres de FREDINAND y ELISABETHA, acompañados por sus símbolos identificativos, el yugo y las flechas; en el medallón se lee en griego la leyenda “Los Reyes para la Universidad y ésta para los Reyes”, símbolo de unión entre la Universidad y la Monarquía. El medallón está flanqueado por dos panales decorativos a cada lado.

El medallón de los Reyes Católicos ocupa el panel central del primer piso de la fachada de la Universidad de Salamanca.
  

El panel central del segundo piso está ocupado por el escudo de Carlos V con el taisón de oro. A la derecha el águila de san Juan y a la izquierda la bicéfala de los Habsburgo. En los paneles de los extremos las efigies, una masculina y otra femenina, para unos las de Carlos V e Isabel de Portugal, para otros las de Hércules y Hebe, símbolos protectores de la Monarquía. Sobre los paneles laterales, dentro de veneras, las imágenes de Alejandro Magno y Escipión el Africano, ilustres generales de Grecia y Roma, y Jasón y Medea, amantes de la literatura.

El segundo piso de la fachada de la Universidad de Salamanca está decorado con motivos heráldicos: a la izquierda el águila bicéfala de la Casa de Habsburgo, en el centro el escudo de Carlos V y a la derecha el águila de san Juan, símbolo de España desde los primeros tiempos de la Reconquista.
  

En el centro del piso superior aparece el papa Martín V en cátedra entregando las 34 constituciones por las que se regía la Universidad de Salamanca. En el panel izquierdo aparece Venus, diosa del amor licencioso, a su izquierda su amante Marte, sobre una balanza y un casco de visera baja, y a su derecha Baco, dios del vino, coronado con una guirnalda. En el panel derecho aparece Hércules, dios de la honestidad y protector de Hispania, acompañado por los esposos Teseo, símbolo de la virtud por haber capturado un ladrón, y Fedra, símbolo de la traición por pretender el amor del hijastro en ausencia del marido.

La crestería está decorada con grutescos.

En la pilastra derecha aparece una calavera con una rana, símbolo de la lujuria y la muerte.

La decoración aumenta en tamaño desde el piso inferior al superior y disminuye en densidad con el fin de que el ojo pueda ver con la misma nitidez las imágenes de cada piso.

La rana sobre una calavera es uno de los motivos decorativos más conocidos de la fachada de la Universidad de Salamanca. Simboliza el pecado de la lujuria y la muerte.
  

La fachada de la Universidad de Salamanca debe su importancia a ser la obra más destacada del estilo plateresco, primero de los estilos renacentistas que se desarrollaron en España.

viernes, 2 de febrero de 2018

Portada de Santo Domingo de Soria

La iglesia de Santo Tomé se construyó durante el reinado de Alfonso VIII de Castilla (1158-1214) y fue el escenario en el que se casó con Leonor de Plantagenet en 1170. Desde el siglo XV se la conoce como iglesia de Santo Domingo por convertirse en la conventual del monasterio dominico de Santo Domingo de Guzmán. Lo más destacado es el conjunto escultórico de su portada.

La portada de la iglesia de Santo Domingo de Soria se compone de una puerta de acceso en arco de medio punto, un tímpano y cuatro arquivoltas, que descansan sobre otras tantas columnas. Otros elementos escultóricos son las figuras de Alfonso VIII y Leonor de Aqutania, los capiteles de columnas de los arcos ciegos, decorados con motivos zoomórficos fantásticos y escenas bíblicas y un rosetón.

Portada de Santo Domingo de Soria, mitad del siglo XII.
Estilo: Románico.
Técnica: Piedra tallada.
Temática: Religiosa.
Iglesia de Santo Domingo, Soria, España.

  
El tímpano está ocupado por el tema de la Maiestas trinitaria: en el centro el Pantócrator sedente en trono con el Niño en su regazo y el Espíritu Santo en forma de paloma sobre su cabeza, los tres dentro de una mandorla mística. Le rodean los cuatro evangelistas con sus símbolos, san José y la Virgen María.

La primera arquivolta está formada por trece dovelas donde se representan a los veinticuatro ancianos músicos del Apocalipsis de san Juan y en el centro un ángel con las alas abiertas.

La segunda arquivolta cuenta con once dovelas donde se representa la matanza de los inocentes. Aparece Herodes aconsejado por el diablo, soldados asesinando a los niños, dos ángeles recogiendo sus cabezas y Abrahán recibiéndolos en su seno.

La tercera arquivolta presenta doce dovelas en las que se narra el ciclo completo del Nacimiento de Jesús de Nazaret: la Anunciación, la Visitación, las dudas de san José, el alumbramiento, el bautismo de Jesús, la escena de Belén, la mano que da la bendición, Herodes recibiendo la noticia del nacimiento de Jesús de Nazaret, la representación de los Reyes Magos, mujeres oferentes y la huída a Egipto, con las figuras en disposición vertical y no radial como el resto.

La cuarta arquivolta cuenta con diecisiete dovelas en las que se narra la Pasión de Cristo, la Gloria y la Resurrección. Se reconocen las escenas de la oración en el huerto, el beso de Judas, el prendimiento, la flagelación, Jesús crucificado, el enterramiento, el sepulcro guardado por un ángel, las tres Marías, los apóstoles y Magdalena arrodillada ante Jesús resucitado.

El tímpano, las arquivoltas y los capiteles de las columnas contienen un denso programa iconográfico.


En los cuatro capiteles del lado izquierdo se representan las escenas del Génesis: la creación del mundo, la de Adán y Eva, el paraíso y la serpiente y el castigo divino.

En los cuatro capiteles del lado derecho se reconocen las escenas de la expulsión del paraíso, los trabajos a los que han sido castigados Adán y Eva por desobedecer al Señor, Caín y Abel presentando sus ofrendas a Dios y el asesinato de Abel por parte de Caín.

La portada de la iglesia de Santo Domingo de Soria es uno de los conjuntos escultóricos más destacados del Románico castellano. La hace singular su hechura perfecta y el tema central del tímpano: la Maiestas trinitaria con Dios Padre sosteniendo a Dios Hijo en el regazo y coronado por el Espíritu Santo.

viernes, 26 de enero de 2018

Sagrada Familia del pajarito, de Murillo

Bartolomé Esteban Murillo (Sevilla, 1617-1682) es uno de los pintores más sobresalientes de la pintura barroca española. Se formó en el taller de Juan del Castillo. No se sabe que viajase al extranjero, pero fue un gran conocedor de las pinturas flamenca y veneciana. Sus primeras obras son tenebristas, pero evolucionó hacia una pintura suave de gusto burgués y aristocrático. Alcanzó celebridad gracias a las pinturas religiosas, desde Sagrada Familia del pajarito (hacia 1650) a la Inmaculada Concepción de L’Ermitage de San Petersburgo (1680), y costumbrista, con la infancia como protagonista, caso de Dos niños comiendo melón y uvas (1650).

Bartolomé Esteban Murillo: Sagrada Familia del pajarito, hacia 1650.
Estilo: Barroco.
Técnica: Óleo sobre lienzo.
Temática: Religiosa.
Dimensiones: 144 x 188 cm.
Museo Nacional del Prado, Madrid, España.


La Sagrada Familia se ofrece en una escena doméstica. San José y Jesús aparecen en primer plano; san José sentado, sujetando a Jesús entre su brazo y pierna derechos; el Niño aparece de pie, con un pajarillo en su mano derecha y mirando a un perro, que está sentado frente a él con la pata derecha levantada; la Virgen María aparece a la izquierda, haciendo un descanso en la tarea de hilar para comer una fruta a la vez que mira a su hijo. Completan la escena los elementos de trabajo de san José y la Virgen María y una cesta de mimbre.

La composición es cerrada y se organiza en torno a Jesús. Los esquemas compositivos de san José con Jesús y de la Virgen María son triangulares.

El tratamiento de las figuras es realista en su fisonomía, tanto que parecen modelos salidos de las calles de la Sevilla del siglo XVII, que tan bien conocía Murillo. Los gestos de los tres personajes son amables.

El dibujo es preciso y elegante, y la pincelada lisa.

La gama de colores es escasa, predominan los ocres y pardos de las ropas de san José y la Virgen María, por lo que destaca el blanco de las ropas de Jesús, del pelo del perro y del paño del cesto de ropa, además del dorado del cabello de Jesús.

La luz es tenebrista y procede de una fuente de luz exterior al cuadro y que se encuentra a la izquierda de este, recibiendo más luz el rostro de Jesús y menos los de la Virgen María y san José. El fondo de la estancia queda en penumbra.

Con ser un cuadro de temática religiosa está tratado de manera costumbrista por no haber ningún elemento religioso.

Murillo quiso que el cuadro cumpliese una doble función. La primera de carácter religioso, para excitar la fe y el sentimiento católico del espectador e identificarle con la Sagrada Familia. La segunda de carácter social, con el fin de poner en valor el trabajo manual en una sociedad que lo despreciaba. Por ello, es tan importante la figura de san José en este cuadro, padre de Dios hombre y carpintero.

Sagrada Familia del pajarito era propiedad de Miguel de Espinosa a principios del siglo XVIII, quien lo regaló al cardenal Molina, que lo vendió a la reina Isabel de Farnesio en 1744. Formó parte del Museo de Napoleón entre 1810 y 1817. Desde 1819 forma parte de la colección del Museo Nacional del Prado.

viernes, 19 de enero de 2018

Caja de las Ágatas

La caja de las Ágatas fue donada en 910 por el infante Freula de Asturias y su esposa Nunilo Jimena a la iglesia de San Salvador de Oviedo, hoy desaparecida. Ha sido restaurada en dos ocasiones: en 1942 para reparar los desperfectos ocasionados por los sublevados durante la revolución de Asturias de 1934, que dinamitaron la Cámara Santa de la catedral de San Salvador de Oviedo, y en 1985, para restaurar el daño causado tras su robo en 1977.

Caja de las Ágatas, 910.
Estilo: Prerrománico asturiano.
Técnica: Mixta en madera, oro, plata y piedras preciosas talladas.
Temática: Religiosa.
Dimensiones: 16,5 x 42,4 x 27,1 cm.
Catedral de San Salvador, Oviedo, España.


Los materiales utilizados en la fabricación de la caja de las Ágatas son madera de ciprés, oro, plata, ágatas, gemas, granate, esmalte, perlas y cabujones.

La caja de las Ágatas es una arqueta en madera de ciprés de forma rectangular con una tapa de forma piramidal rectangular truncada y solero. A excepción del solero y de la placa colocada en la tapa, está recubierta con láminas de oro repujadas con formas florales estilizadas. En las láminas de oro se cuentan 99 aberturas con formas de arcos de medio punto, de herradura, peraltados y semielípticos y formas elipsoidales, todas cubiertas con placas de ágata listada de 3 mm. de grosor. Los laterales de la caja se dividen en dos niveles, separados por la abertura que separa la caja de la tapa, y están adornados con cenefas de trazos rectilíneos oblicuos repujadas que alternan con gemas. El solero de la caja es de plata maciza, sujeto a la tapa por clavos; en él se lee una inscripción y se observa una representación del Tetramorfos, rodeando otra estilizada de la Cruz de la Victoria; además, hay cuatro semiesferas con reborde fileteado que sirven de soporte a la caja, a la que están unidas mediante clavos. La placa colocada en el remate de la caja es su parte más antigua, se fecha entre los siglos VIII y IX; su base es de oro, rodeada por celdillas tabicadas que contienen fragmentos de granate que se prolongan en el interior formando dibujos curvilíneos; en sus cuatro ángulos hay sendas gemas en cabujones de borde semicircular, otras cuatro en los medianeros, tres en el eje mayor y una en el centro; los espacios carentes de ornamentación están rellenados de esmaltes policromados con formas de dragón, pájaros, peces, reptiles y árboles.

En el solero de la caja se lee una inscripción en latín vulgar que dice:

     “SVSCEPTVM PLACIDE MANEAT HOC IN HORDE DI QVOD / OFFERVNT FAMVLI XPI FROILA ET NVNILO COGNOMENTO / SCEMENA HOC OPVS PERFECTVM ET CONCES / SVM SCO SALVATORI OVETENSIS QVISQVIS / AVFERRE HOC DONARIA NSA PRESVNSERI FVLMINE DIVINO / INTEREAT IPSE OPERATVM EST ERA DCCCCXLVIII”,

que se traduce por:

            “Acéptese este regalo en honor de Dios que le ofrecen los siervos de Cristo, Freula y Nunilo, por sobrenombre Jimena. Esta obra fue terminada y concedida a San Salvador de Oviedo. Cualquiera que intentare robar esta nuestra ofrenda, perezca por el rayo divino. Se hizo en la era 948 (año 910)”.

La caja de las Ágatas debe su importancia artística a ser una de las pocas piezas que se conservan de la orfebrería prerrománica asturiana.

viernes, 12 de enero de 2018

Museo de Zaragoza

El Museo de Zaragoza se creó en 1836 con fondos procedentes de la desamortización de Mendizábal y abrió al público en 1848. Las sedes del museo han sido la iglesia de San Pedro Nolasco, hasta 1845, el ex convento de Santa Fe, de 1845 a 1894, el Colegio Militar Preparatorio, de 1894 a 1910, y desde entonces el edificio Ricardo Magdalena. En 1976 se sumó al Museo de Zaragoza el Museo Etnológico y de Ciencias Naturales de Aragón y en 1997 se abrió la sección Colonia Celsa, dedicada a Roma, en la localidad de Velilla del Ebro.

Resurrección de Cristo (1362), de Jaime Serra, destaca en la sala dedicada al arte gótico del Museo de Zaragoza.


Los fondos del Museo de Zaragoza se organizan en las siguientes secciones:
  • Prehistoria. Destaca el hacha de mano de Cauvaca de hace unos 100.000 años.
  • Protohistoria. Llaman la atención las cerámicas lisas de la Edad del Hierro.
  • Roma. Destacan los restos hallados en la colonia romana de Caesar Augusta.
  • Alta Edad Media. Sobresalen el cancel mozárabe de Zaragoza y la escultura románica María de la Visitatio Sepulchri.
  • Gótico. Destacan la pintura Resurrección de Cristo, de Jaime Serra, y la escultura Ángel custodio, de Pere Johan.
  • Renacimiento. Sobresalen las obras San Onofre, de Damián Forment, Retrato de Alfonso V, de Juan de Juanes, y La Adoración de los Reyes Magos, de Pablo Scheppers. También hay que citar la pintura Doble retrato de matrimonio, de Lavinia Fontana.

Retrato de Alfonso V (1557), de Juan de Juanes, es una de las obras maestras del Renacimiento aragonés y del Museo de Zaragoza.


  • Barroco. En pintura religiosa destaca Jusepe Martínez por sus obras Santa Cecilia y San Pedro Nolasco, y en pintura profana Antonio de Pereda con Vanitas y Juan de Arellano con Canastillas de flores.
  • Goya y su época. Se cuentan obras de Luzán, Bayeu y Goya. De Goya hay que citar el retrato Luis María de Borbón y Vallabriga niño y estampas seriadas de los Desastres, Caprichos, Disparates y Tauromaquia.
  • Siglos XIX y XX. El romanticismo costumbrista del XIX está representado por Álvarez Dumont y el paisajista por Carlos de Haes. De los pintores retratistas del siglo XX destacan Benlliure, Sorolla y Zuloaga.
  • Colecciones singulares. El Museo de Zaragoza reúne colecciones singulares como la Colección de Arte de Asia Oriental, de Federico Torralba; la de Etnología, con piezas de la vida cotidiana del siglo XIX; de Cerámica, con piezas de Manises, Talavera de la Reina, Alcora y del Buen Retiro; Colonia Celsa, a partir de las excavaciones arqueológicas realizadas en este asentamiento romano; y Numismática, con más de 5.000 piezas de monedas acuñadas en Aragón desde los tiempos anteriores a Roma hasta 1728.

Santiago Ramón y Cajal (1906), de Sorolla, es uno de los retratos del siglo XX que cuelgan de las paredes del Museo de Zaragoza.


Además, el Museo de Zaragoza cuenta con una biblioteca con más de 60.000 volúmenes y servicio de publicaciones.


viernes, 22 de diciembre de 2017

Gil de Siloé

Gil de Siloé (¿Amberes, 1440?-Burgos, 1501) es el escultor más sobresaliente en estilo gótico isabelino. Se instaló en Burgos en 1486 y desarrolló su actividad profesional en Castilla.


Las características artísticas de Gil de Siloé son las siguientes:
  • Entendía la obra de arte como una herramienta al servicio de la religión y la política.
  • Tuvo una concepción global de la obra de arte, que debía integrar el programa iconográfico en armonía con el marco arquitectónico.
  • En sus conjuntos escultóricos prevalece un orden geométrico estricto y una jerarquía en los mensajes a trasmitir al espectador.
  • Se especializó en escultura religiosa.
  • Trabajó en madera policromada y alabastro.
  • Se especializó en retablos y sepulcros.
  • Las figuras se distinguen por su realismo.
  • Sus composiciones presentan horror vacui.
  • Virtuosismo técnico que se plasma en un derroche de decoración minuciosa.

El éxito que alcanzó Gil de Siloé le permitió abrir un taller en la ciudad de Burgos. Dentro del taller se ocupaba de los grandes encargos y marcaba las directrices a seguir. Entre sus colaboradores destacaron el pintor Diego de la Cruz y los escultores Diego, hijo suyo, y Felipe Vigarny.

El retablo mayor de la Cartuja de Santa María de Miraflores (1496-1499) consagró a Gil de Siloé como el mejor escultor de finales del siglo XV.


Las obras maestras de Gil de Siloé se encuentran en la cartuja de Santa María de Miraflores de Burgos, y son el sepulcro de Juan II e Isabel de Portugal (1486-1493), el sepulcro del infante Alfonso (1489-1493) y el retablo mayor (1496-1499).

El sepulcro de Juan II e Isabel de Portugal (1486-1493) lo encargó la reina Isabel la Católica en memoria de sus padres.
  

El sepulcro de Juan II e Isabel de Portugal está hecho en alabastro. Tiene planta octogonal en estrella de ocho puntas, formada a partir de la superposición de un cuadrado y un rombo. Su altura es de 1,60 m., por lo cual las figuras de las estatuas yacentes sólo pueden ser vistas desde el altar mayor de la iglesia. Los vértices de la estrella están adornados con figuras alegóricas, imágenes de santos, apóstoles y, en las esquinas mayores, de los evangelistas; también hay decoración arquitectónica, heráldica, vegetal y zoomórfica. La figura de Juan II se presenta coronada sobre dos almohadones, cubierta con manto y adornada con joyas; en la mano derecha, hoy mutilada, tendría un cetro real, y con la mano izquierda recoge el manto real; el calzado son unos chapines; la figura se apoya en una peana bajo la cual aparecen dos leones luchando. La figura de Isabel de Portugal se muestra coronada sobre dos almohadones, viste ropa larga hasta los pies con sobretúnica y manto adornado con aljófares y pedrería; en las manos lleva guantes y anillo, y sostiene un devocionario abierto; a los pies hay un niño, un león y un perro. Las estatuas de los reyes están cubiertas con doseles y separadas por una crestería; doseles y crestería son de estilo gótico.

El sepulcro del infante Alfonso (1489-1493) es de tipo arcosolio y orante.


El sepulcro del infante Alfonso está realizado en alabastro. Es de tipo arcosolio. El arco que acoge el sepulcro es conopial angrelado; la decoración es vegetal, con ángeles que sostienen el escudo de Castilla y León y la figura del arcángel Miguel rematando el conjunto. El sepulcro está enmarcado por dos pilastras que parten del suelo de la iglesia; las pilastras están adornadas con imágenes de apóstoles y santos, y están rematadas por un relieve que representa la Anunciación. Al infante Alfonso se le representa orante, con gorro de piel a la espalda, adornado con pedrería y perlas, rostro inexpresivo y mirada dirigida hacia el altar mayor de la iglesia; se apoya en un cojín, ante un reclinatorio cubierto con una tela, que soporta un almohadón que recibe un devocionario; lleva un collar en el pecho, de cuyo centro pende una cadena que sostiene un medallón en el que aparece una cabeza tallada en piedra preciosa. El arca sepulcral descansa sobre un zócalo adornado con motivos vegetales y cuatro leones y se divide en tres paneles; en el central dos ángeles sostienen el escudo de Castilla y León y en los laterales aparecen los pajes del infante Alfonso.

El retablo mayor de la cartuja de Santa María de Miraflores se hizo por encargo de la reina Isabel la Católica. Se inició en 1496 y se concluyó en 1499. Gil de Siloé se ocupó de su diseño y de la mayoría de las esculturas y Diego de la Cruz de esculpir las figuras de san Pedro y de san Pablo y del policromado y dorado del retablo. Se utilizó el oro traído de América por Cristóbal Colón para dorar el retablo. El retablo está compuesto por dos cuerpos rectangulares: el inferior, de menor tamaño y dividido en calles, y el superior, doble en superficie y dividido en círculos, novedad en los retablos castellanos, que se inspira en los medallones y rosarios germánicos. El eje del cuerpo inferior lo constituye el Sagrario. Sobre él un nicho cuadrado alberga seis altorrelieves fijos a un torno giratorio que representan otras tantas escenas del año litúrgico (Nacimiento, Bautismo, Resurrección, Ascensión, Pentecostés y Ascensión de María). Las figuras del cuerpo inferior son, de izquierda a derecha, santa Catalina de Alejandría, san Juan Bautista, santa María Magdalena y Santiago Apóstol. Están representadas las escenas de la Anunciación, la Adoración de los Reyes, la Última Cena y el Prendimiento. En el extremo izquierdo aparece el rey Juan II guiado por el apóstol Santiago y el escudo de Castilla y León; y en el extremo derecho la reina Isabel, su santa patrona, Juan el Bautista y el escudo de Castilla y León, y Portugal. Los reyes aparecen en posición orante. El centro del cuerpo superior está ocupado por una corona de ángeles que contiene a Cristo Crucificado. La cruz está sostenida a la izquierda por el Padre Eterno, con capa pluvial y tiara pontificia, y a la derecha por el Espíritu Santo, con túnica y corona imperial. Sobre la cruz, el pelícano, símbolo del amor divino. Dentro de este círculo aparecen otros cuatro que contienen escenas de la Pasión de Cristo: Oración en el Huerto, la Flagelación, el Camino del Calvario y la Piedad. Fuera del círculo central aparecen esculpidos san Pedro y san Pablo. En los círculos superiores los evangelistas san Juan y san Mateo y en los inferiores los evangelistas no apóstoles san Marcos y san Lucas. En los espacios triangulares aparecen los cuatro santos doctores de la Iglesia occidental: san Agustín, san Ambrosio, san Gregorio y san Jerónimo. El cuerpo superior está cerrado en tres de sus cuatro lados por doce estatuas de santos. Es un programa iconográfico denso, que obedece a una jerarquía en los mensajes doctrinales: la Crucifixión, medio elegido por Jesús de Nazaret para redimir al hombre, ocupa el centro del retablo; la Trinidad, con las figuras del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, en el círculo central del retablo; el apostolado, la santidad y la Iglesia, con las figuras de los evangelistas, los cuatro santos doctores de la Iglesia occidental y los muchos santos que pueblan el retablo; y la fuerza de la oración, con los reyes Juan e Isabel en posición orante.

La Crucifixión es el epicentro del retablo mayor de la cartuja de Santa María de Miraflores de Burgos.


El retablo mayor de la capilla de Santa Ana (1486-1492) es una de las obras de Gil de Siloé en las que colaboró el pintor Diego de la Cruz.


En el retablo mayor de la capilla de Santa Ana o de la Concepción de la catedral de Santa María de Burgos (1486-1492) colaboró el pintor Diego de la Cruz. El programa iconográfico gira en torno al tema del árbol de Jessé. El retablo se organiza en banco, cuerpo principal con tres calles y un Calvario exento. En el centro del banco, bajo dosel corrido, se identifica la escena de la Resurrección; en cada extremo se sitúan dos evangelistas. En la parte inferior de la calle central aparece Jessé durmiendo, del pecho le sale el árbol que representa la genealogía de la Virgen María; de los brotes laterales nacen los reyes de Judá, que rodean la escena del abrazo de san Joaquín y santa Ana ante la Puerta Dorada, de la que parten las ramas que culminan en la imagen sedente de la Virgen María con el Niño, escoltada por las alegorías del Antiguo y del Nuevo Testamento o de la Sinagoga y de la Iglesia. En las calles laterales se disponen doseles y pináculos que cobijan esculturas, sobre un fondo celeste y estrellado; se reconocen las figuras del obispo Acuña, la aparición de Cristo a san Eustaquio, el Nacimiento de la Virgen, la Presentación de la Virgen, los Desposorios de la Virgen y san José y san Joaquín con el ángel. Remata el retablo un Calvario exento. En las pilastras de las entrecalles, en la pulsera perimetral y en el ático se disponen figuras de santos.

El retablo de santa Ana o de las Once Mil Vírgenes de la capilla de los Condestables de la catedral de Santa María de Burgos (1498) se hizo por encargo de Mencía de Mendoza. Lo inició Gil de Siloé y lo terminó su hijo Diego. Tiene forma de ábside cubierto por un dosel. El banco está compuesto por nichos que acogen figuras femeninas de pequeño tamaño; las urnas con esculturas del cuerpo central están presididas por una santa Ana triple con la Virgen María y el Niño; los bordes de los vestidos de muchas imágenes están adornados con textos religiosos.

El sepulcro de Juan de Padilla (1500), paje de la reina Isabel la Católica fallecido en 1491 durante la reconquista de Granada, se ajusta a la tipología arcosolio y figura orante. Don Juan Padilla aparece ante un reclinatorio con libro abierto sobre él; a su alrededor siete estatuas de santos, hoy dispersas en museos y colecciones privadas. La primera localización del sepulcro fue la iglesia del Real monasterio de Nuestra Señora de Fresdelval, ya desaparecido; hoy se encuentra en el Museo de Burgos.

El sepulcro de Juan de Padilla (1500) es una de las últimas obras de Gil de Siloé.


A Gil de Siloé se le atribuyen entre otras las obras siguientes: la fachada del colegio de San Gregorio de Valladolid, el sepulcro del arcediano Fernando Díaz de Fuentepelayo, el retablo de la capilla de Nuestra Señora de la Buena Mañana de la iglesia de San Gil Abad de Burgos, el sepulcro del obispo Alonso de Cartagena en la capilla de la Visitación de la catedral de Santa María de Burgos, la Virgen del Coro de la iglesia de la cartuja de Santa María de Miraflores de Burgos y Santa María la Mayor del Museo de Burgos, todas de finales del siglo XV. Destacan las tres primeras.

La fachada del colegio de San Gregorio de Valladolid es un tapiz escultórico antepuesto al muro frontal del edificio. El dintel del tímpano está decorado con flor de lis y la dedicatoria y ofrenda del fraile dominico Alonso de Burgos en nombre del colegio a san Gregorio Magno en presencia de san Pablo y santo Domingo. En el tímpano destacan las figuras de hombres silvestres, que aluden a la imagen del hombre natural, frente a la de los caballeros armados, que encarnan la Virtud. La parte central superior está ocupada por un pilón hexagonal rebosante de agua, que representa la Fuente de la Vida; de él arranca el tronco de un árbol, que alude a la génesis de la vida; a su alrededor hay parejas de niños. Por último, el escudo de los Reyes Católicos, sostenido por leones y el águila de san Juan alude al patronazgo regio del Colegio de San Gregorio.

En el sepulcro del arcediano Fernando Díaz de Fuentepelayo en la capilla de Santa Ana de la catedral de Santa María de Burgos la figura que representa al difunto se presenta yacente con un libro en las manos, acompañado por un paje; el frontal de la caja sepulcral está decorado con un relieve de la Epifanía; el sepulcro se cobija bajo un arcosolio carpanel e intradós angrelado, con fondo decorado por un relieve del Nacimiento y Adoración de los pastores.

En el retablo de la capilla de Nuestra Señora de la Buena Mañana de la iglesia de San Gil Abad de Burgos, bajo doseles calados de estilo gótico se disponen figuras que se caracterizan por la minuciosidad flamenca y el plasticismo germánico; sobre un pequeño banco con los evangelistas; destaca la Virgen de la Buena Mañana con el Niño y la Asunción, rodeadas por las tallas de san Miguel, san Gabriel, san Pedro y san Pablo, y otras menores de apóstoles.

Entre las obras desaparecidas, pero documentadas destaca el retablo mayor de la capilla del colegio de San Gregorio de Valladolid (1498). Fue un encargo de fray Alonso de Burgos. Del diseño se encargo Gil de Siloé, de la realización su taller y de la policromía Diego de la Cruz. El primero en describirlo fue el viajero francés Lalaing en 1501. El tema del retablo era El llanto sobre Cristo muerto, formado por ocho figuras, sobre el Calvario, y un remate formado por cinco escudos de armas; además, se contaban veintiuna escenas de la vida de Cristo y la Virgen María y numerosas esculturas de pequeño tamaño. El retablo se perdió durante la invasión francesa de 1808 a 1814; sólo se conservan dos imágenes, el Crucifijo titular de la capilla del colegio en la iglesia de Ciguñela (Valladolid) y el relieve de la Ascensión en la iglesia de Santa María de Herrera de Duero (Valladolid).

En la fachada del colegio San Gregorio de Valladolid destaca el escudo de los Reyes Católicos sostenido por dos leones y el águila de san Juan.

  
Gil de Siloé ha pasado a la historia del arte como el escultor que supo aunar los estilos mudéjar y  gótico flamenco; así se convirtió en el creador del estilo gótico isabelino, señero del arte español.

viernes, 15 de diciembre de 2017

Museo de Arte de Gerona

El Museo de Arte de Gerona se fundó en 1976. Aquel año la Diputación de Gerona y el Obispado de Gerona acordaron unir en un único museo el Museo Provincial de Antigüedades y Bellas Artes, fundado en 1846, y el Museo Diocesano, creado en 1942, por el obispo José Cartañà. Tiene su sede en el Palacio episcopal de Gerona.

El retablo de la iglesia de San Pedro de Púbol (1437), de Bernat Martorell, es una de las piezas de estilo gótico que destacan en el Museo de Arte de Gerona.
  

El Museo de Arte de Gerona reúne piezas de arte sacro y artes decorativas. Los fondos se organizan en función de los  estilos artísticos:
  • Románico. Destacan la Caja de Lledó, el Altar de San Pedro de Rodas, la Majestad de San Miguel de Cruilles, los capiteles de San Pedro de Rodas y San Vicente de Besalú y objetos litúrgicos como el Vaso de San Vicente de Besalú y la Viga de San Miguel de Cruilles.
  • Gótico. Hay que citar el Calvario de la catedral de Santa María de Gerona, el sepulcro de Jofre Gilabert de Cruilles, el Martirologio de Poblet, las imágenes de Nuestra Señora de Palera, Nuestra Señora de Besalú y Nuestra Señora de Pontós, los retablos de San Miguel de Cruilles, de Lluis Borrassà y el de San Pedro de Púbol, de Bernat Martorell.
  • Renacimiento. Sobresalen las tablas y los retablos de Joan de Burgunya, el retablo del Priorato de San Juan de las Fuentes y de Pedro Mates los retablos de San Pedro y san Pablo, San Pedro de Montagut y de Segueró.
  • Barroco. Destaca la imagen de San Roque de San Félix de Guisols, además de un sinfín de objetos litúrgicos, cerámica y vidrio.
  • Romanticismo. Sobresale el cuadro El sitio de Gerona de 1809, de Ramón Martí Alsina.
  • Nazarenos. Hay que citar el lienzo Jacobo recibe la túnica ensangrentada de su hijo José, de Pelegrí Clavé.
  • Escuela de Olot y paisajismo. Destaca el lienzo La siega, de Joaquín Vayreda
  • Modernismo. Sobresale el cuadro Gerona, de Santiago Rusiñol.
  • Salas monográficas. Se exhiben muebles, cerámica, vidrio soplado, orfebrería y vestuario litúrgico.
La siega (1881) es uno de los cuadros más conocidos de Joaquín Vayreda, uno de los pintores más destacados de la Escuela de Olot y del paisajismo catalán.