viernes, 13 de marzo de 2020

Colegiata de Santa Juliana

El rey Alfonso III de Asturias mandó construir en 870 una ermita para acoger las reliquias de santa Juliana de Nicomedia, martirizada por orden de Diocleciano en 304. El rey Fernando I de Castilla tomó la ermita bajo su protección en 1045 y concedió a su abad la propiedad de la villa de Santillana del Mar y sus alrededores. En el siglo XII los monjes benedictinos que habitaban el monasterio son sustituidos por otros agustinos, el monasterio adquirió el rango de colegiata y dio comienzo la construcción de la colegiata de Santa Juliana.

La colegiata de Santa Juliana de Santillana del Mar es uno de los edificios más destacados del románico español.


La planta de la colegiata de Santa Juliana se estructura sobre tres naves de cuatro tramos, transepto, cimborrio, tres ábsides semicirculares, torre cilíndrica adosada a la fachada sur, una torre campanario a los pies de la iglesia, una sacristía en el crucero sur y una capilla en el norte.

Planta de la colegiata de Santa Juliana.


La portada está situada en la fachada sur, se abre a un atrio de amplias proporciones construido sobre un antiguo cementerio, está bordeado por un muro de piedra y flanqueado en su entrada por dos esculturas de leones fechadas en el siglo XVI.

El acceso a la iglesia presenta una puerta abocinada de medio punto con cuatro arquivoltas adoveladas. Las dovelas del arco y de las arquivoltas son lisas. Encima y en el centro el Pantocrátor, flanqueado por el apostolado. Sobre una cornisa, un gran frontón triangular del siglo XVII acoge, en una hornacina, una escultura barroca de santa Juliana con la palma del martirio y un diablo al que sujeta con una cadena.

Sobre la iglesia corre una logia formada por quince arcos, del siglo XVII.

A la izquierda de la portada se encuentra la casa del abad, edificio porticado del siglo XVII.

El segundo acceso a la iglesia es la entrada que permite el tránsito desde el claustro a la iglesia. Sobresale del muro, es de medio punto con una arquivolta muy sencilla. En la parte superior nueve canecillos y uno en el que aparece un hombre portando un animal sobre los hombros.

De las tres naves de la iglesia la central es más ancha que las laterales, pero igual al transepto, por lo que el crucero tiene forma cuadrada. El transepto no sobresale en planta. La nave central está separada de las laterales por arcos de medio punto que se apoyan en medias columnas adosadas a pilares cruciformes. La cubierta original era una armadura de madera, que fue sustituida por bóvedas de crucería de estilo gótico, de cuatro o seis plementos. Los brazos del transepto se cubren con bóvedas de cañón y los ábsides con bóvedas de horno.

La cubierta del cimborrio es del siglo XVIII y vino a sustituir la original sobre trompas. Se trata de una cúpula sobre pechinas, que al exterior adopta la forma de torre cuadrada, con ventanas ajemizadas.

La iglesia dispone de un coro.

El ábside central es mayor que los laterales. Se divide en el plano horizontal en dos cuerpos separados por una moldura con ajedrezado jaqués y en el vertical se divide en tres lienzos separados por dos columnas superpuestas. Hay una aspillera de pequeño tamaño flanqueada por dos pares de columnas, todo dentro de un vano de medio punto. El ábside sur sigue la misma disposición. El ábside norte está tapado en parte por una construcción posterior; un vano de medio punto presenta un tímpano con dos fieras en actitud de lucha.

Las molduras y arquivolta exterior del ábside central están adornadas con el ajedrezado jaqués.


La iglesia dispone de dos torres. La torre cilíndrica de la fachada sur es del siglo XII; está formada por cuatro cuerpos separados por tres líneas de molduras horizontales, las dos inferiores con ajedrezado jaqués y la tercera sin decoración; los tres cuerpos inferiores son macizos y el cuarto cuenta con un vano dividido por una columna que hace las veces de parteluz; la techumbre es a una vertiente. La torre cuadrada de los pies de la iglesia es del siglo XIII; está formada por tres cuerpos separados por molduras horizontales, los dos inferiores no tienen ventanas, el superior acoge las campanas y tiene cuatro vanos en cada lado; la techumbre es a cuatro aguas.

El claustro está situado en el lado norte de la iglesia. Tiene forma cuadrada. Se construyó en varias fases: el ala norte entre finales del siglo XII y principios del XIII, el ala sur y la oeste a finales del XIII y el ala este, que no es románica, en el XVI. Las galerías más antiguas están formadas por arcos de medio punto, apoyados en columnas pareadas o cuádruples, todas sobre un podio corrido.

Los elementos decorativos de la iglesia y el claustro son de carácter escultórico. Dentro de la iglesia destacan la pila bautismal con un relieve de Daniel en el foso de los leones, de finales del siglo XII, un Pantocrátor, fechado en 1200, el retablo mayor, de 1530, atribuido al taller de León Picardo, el frontal del altar en plata repujada, del siglo XVII, que oculta otro románico, y varios sepulcros, entre los que destaca el del obispo don Pelayo de Oviedo, del siglo XII.

Los elementos decorativos del claustro son las esculturas de los capiteles de las columnas, en total 41; en la galería sur 11, de carácter figurativo, en la galería oeste 15, de carácter zoomórfico y vegetal, y en la galería norte 15, de carácter vegetal.

El capitel más conocido del claustro de la colegiata de Santa Juliana está en la galería sur. Se trata de un soldado atravesando con su espada el vientre de un león. Simboliza la victoria del bien sobre el mal.


La colegiata de Santa Juliana en Santillana del Mar es uno de los edificios más representativos del románico del norte de España. Por ello, fue declarada Bien de Interés Cultural en 1889.

viernes, 6 de marzo de 2020

Museo Diocesano de Arte Sacro de Álava

El Museo Diocesano de Arte Sacro de Álava se abrió al público en 1999. Tiene su origen en el Museo Diocesano del Seminario Conciliar de Vitoria abierto en 1923. En 1942 se trasladó a la Casa de Álava, luego Museo de Bellas Artes de Álava, en 1978 se constituyó la sección de Arte Sacro, que en 1999 se trasformó el Museo Diocesano de Arte Sacro de Álava con sede en la catedral María Inmaculada de Vitoria.

Santa María de la Esclavitud es una pieza de 1280. Se trata de una Andra Mari o Virgen sedente con el Niño.


El museo reúne casi 500 obras que pertenecen en su mayoría a la Diputación Foral de Álava, a la diócesis alavesa y a varias parroquias. La colección se organiza en las seis secciones siguientes:
  • Piedra. Las piezas son de los siglos V al XIV. Se exponen altares, canecillos, capiteles, estelas funerarias, ménsulas, sepulcros y relieves, todas hechas en piedra.
  • Tronco. Las piezas expuestas están hechas en madera. Abarca los estilos del románico al barroco. Destacan las Andra Mari, conjunto de vírgenes sedentes con el Niño, el Cristo Crucificado de San Esteban de Zurbano y el Calvario de San Román de Eguileta, formado por el Cristo, la Virgen y san Juan, ambos del siglo XV. También hay numerosas piezas de pintura sobre tabla, destacando el retablo de Tortura, de finales del siglo XV.
  • Liturgia. Se reúnen piezas propias del culto cristiano: cálices, candeleros, cantorales, copones, custodias, frontales, portapaces y ornamentos y vestidos litúrgicos.
  • Tabla. Acoge obras medievales y renacentistas flamencas y españolas. Destacan los relieves Flagelación y Coronación de Espinas, de Juan de Ancheta, de finales del siglo XVI, procedentes de la parroquia de San Miguel de Vitoria.
  • Lienzo. Los cuadros expuestos son de los siglos XVII y XVIII. Destacan Cristo Crucificado, de José de Ribera, Cabeza de san Pablo, de Valdés Leal, y Martirio de san Andrés, de Miguel Jacinto Meléndez.
  • Plata. Contiene piezas de orfebrería desde el siglo XIII al XX. Se exponen cálices, cruces procesionales, custodias, portaviáticos y relicarios.


El Calvario de San Román de Eguileta es una las piezas más valoradas del Museo Diocesano de Arte Sacro de Álava.


El Museo Diocesano de Arte Sacro de Álava también se ocupa de llevar a cabo actividades de investigación, divulgación y recuperación de obras de parroquias de la diócesis alavesa.

viernes, 21 de febrero de 2020

Las meninas, de Velázquez

Diego Velázquez (Sevilla, 1599-Madrid, 1660) es el pintor barroco español más universal. Se formó en Sevilla a la sombra de Francisco Herrera el Viejo y Francisco Pacheco. En 1623 se instaló en Madrid y fue nombrado pintor de cámara de Felipe IV. Viajó a Italia en dos ocasiones (1629 y 1649). Pintó cuadros costumbristas, desnudos, históricos, mitológicos, paisajes, religiosos y retratos, de entre los que destaca su gran obra maestra, Las meninas (1656). El rey Felipe IV le nombró caballero de la Orden de Santiago (1658).

Diego Velázquez: Las meninas, 1656.
Estilo: Barroco.
Técnica: Óleo sobre lienzo.
Temática: Retrato.
Dimensiones: 318 x 276 cm.
Museo Nacional del Prado, Madrid, España.


Los personajes que aparecen en el cuadro son los siguientes: en el centro, como figura principal del lienzo, la infanta Margarita; a izquierda y derecha las meninas María Agustina Sarmiento de Sotomayor, que ofrece agua a la infanta, e Isabel de Velasco, que hace una reverencia a la alteza real; en la esquina derecha del cuadro aparecen los enanos María Bárbola y Nicolasito Pertusato, este con un pie apoyado en el lomo de un mastín; en el lado izquierdo se reconoce a Velázquez, haciendo un alto en el proceso de pintar el cuadro que le ocupa; en el lado derecho, en un plano intermedio, aparecen la dama de honor Marcela Ulloa y un varón desconocido de profesión guardadama; de pie en la puerta del fondo se reconoce a José Nieto Velázquez, aposentador de la Reina; y en el espejo de la pared del fondo se distinguen las imágenes del rey Felipe IV y su esposa Mariana de Austria.

La escena se desarrolla en uno de salones del Real Alcázar, de forma rectangular, con ventanas a la derecha y cuadros decorando la pared derecha y la del fondo.

Las figuras del primer plano son de tamaño real. La infanta Margarita ocupa el centro de la escena porque en ese momento era la heredera al trono de la Monarquía hispánica pues el rey Felipe IV aún no tenía hijo varón, y por este motivo es el personaje que recibe más luz y uno de los puntos de fuga de las perspectivas lineales; a su alrededor el resto de personajes se disponen en orden de importancia por la cercanía que tienen con la infanta, así las meninas son las más cercanas a la infanta Margarita.

Velázquez supo combinar la perspectiva lineal, con puntos de fuga en la infanta Margarita y el espejo en el que parecen reflejados el rey Felipe IV y Mariana de Austria, y la perspectiva aérea, consiguiendo plasmar la atmósfera que hay entre los personajes; así estos pierden nitidez a medida que se alejan del primer plano.

Predomina el color sobre la línea, lo que permite difuminar los contornos de los personajes.

La paleta de colores es escasa, pero rica en tonalidades.

La pincelada es suelta y alargada gracias a la dilución de los pigmentos.

Los focos de luz son varios, lo que permite que la estancia reciba una iluminación abundante, pero deja zonas en penumbra, lo que crea un equilibrio entre luces y sombras. Los focos de luz son el ventanal que se abre en la pared derecha, y que llena de luz el primer plano, y la puerta del fondo, que contrasta con la oscuridad del techo a la vez que da más profundidad al salón.

Las calidades y texturas son realistas.

Velázquez pintó alla prima lo que le permitió terminar el cuadro en poco tiempo y realizar los arrepentimientos oportunos sobre la marcha.

La escena recoge el momento en el que el rey Felipe IV y su esposa ponen fin a la sesión de posado para Velázquez, este se detiene y todos miran hacia el matrimonio real, Nicolasito Pertusato despierta del mastín y José Nieto Velázquez entra en el salón para despejarlo. Sin embargo, por las dimensiones y características del bastidor del cuadro que está pintando Velázquez también cabe la posibilidad de que esté ocupado en pintar la escena que contempla el espectador y que Velázquez vería reflejada en un espejo. En cualquier caso, Velázquez consigue hacer creer al espectador del cuadro que está posando junto al rey Felipe IV y Mariana de Austria y que aparecerá en el cuadro que está pintando en ese momento; así, el espectador se integra en la escena.

Velázquez, consciente de que estaba pintando su gran obra maestra, quiso usar Las meninas para reivindicar la pintura como una profesión liberal superior a la artesanía. Lo hace de dos maneras, se autorretrata haciendo un alto en el proceso de pintar para así enviar el mensaje de que entes de pintar hay que pensar acerca de lo que se va a pintar e introduciendo en los cuadros que decoran el salón escenas mitológicas sacadas de los textos de Ovidio.

El rey Felipe IV nombró a Velázquez caballero de la Orden de Santiago en 1658. Fue entonces cuando Velázquez pintó la cruz de caballero de la Orden de Santiago en la pechera de su traje.

Velázquez pintó Las meninas en su tercera etapa madrileña (1651-1660) en su madurez plena. Es el cuadro más destacado de los que pintó y uno de los que mayor influencia ha tenido en siglos posteriores. Goya fue el primero en reproducirlo en un grabado y le inspiró La familia de Carlos IV (1801); pero también inspiró a Picasso su serie Las meninas (1957), al Equipo Crónica, que pintó Las meninas (1970), versión Pop art del cuadro de Velázquez, y al escultor Jorge Oteiza en su obra Homenaje a Las meninas (1958).

Cabe decir que el cuadro de Las meninas tuvo antes otros títulos. En el inventario del Real Alcázar de Madrid de 1666 se le citó como Retrato de la señora emperatriz con sus damas y una enana y en el inventario que se hizo en 1734 tras el incendio del Real Alcázar apareció citado con el título La familia del Señor Rey Felipe IV. El título de Las meninas se popularizó a partir de 1843, año en el que Pedro de Madrazo realizó el catálogo del Museo del Prado, inspirándose en la descripción del cuadro que hizo Antonio Palomino en su libro El museo pictórico y escala óptica (1724).

Por último, el cuadro de Las meninas tuvo varios emplazamientos: el primero fue el llamado cuarto de verano del rey Felipe IV en el Real Alcázar de Madrid, después en el Palacio Real de Madrid y desde 1819 en el Museo Nacional del Prado, año en el que empezó a ser conocido por el gran público.

sábado, 15 de febrero de 2020

Hospital de Santiago de Úbeda, de Andrés de Vandelvira

Andrés de Vandelvira (Alcaraz, 1509- Jaén, 1575) fue un arquitecto renacentista. Entre sus mejores obras hay que citar la Sacra Capilla del Salvador (1540-1559) sobre proyecto de Diego de Siloé, el hospital de Santiago de Úbeda, diseñado por su padre Andrés, y la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción de Villacarrillo (1535-1575), además, participó en la construcción de la Santa Iglesia Catedral de la Asunción de la Virgen de Jaén.

Las obras del hospital de Santiago de Úbeda se iniciaron en 1562 y concluyeron en 1575. Fue fundación de don Diego de los Cobos, obispo de Jaén. Hizo las veces de hospital, iglesia, panteón y palacio. La combinación de espacios religiosos y paganos es armónica gracias a la unidad externa del edificio y a la autonomía interna de cada una de sus dependencias.

Los exteriores del hospital de Santiago de Úbeda están enmarcados por cuatro torres esquineras.


El hospital de Santiago de Úbeda rompió con el esquema tradicional en planta cruciforme. Su planta se inspira en modelos clásicos romanos con un patio central cuadrangular alrededor del cual se articula el resto del edificio.

Al exterior, el edificio se presenta como un volumen encajado entre cuatro torres esquineras. La fachada cuenta con dos cuerpos separados por una moldura. Las ventanas se agrandaron en el siglo XIX. La decoración es escasa, en la cornisa se alternan modillones con discos cerámicos vidriados en tonos azules.

La portada está formada por un arco de medio punto con dovelaje de gran tamaño de estilo castellano; sobre el arco se lee la inscripción “María concebida sin pecado”. Corona la fachada un tabernáculo que alberga el relieve de Santiago Matamoros, advocación del hospital; en su parte inferior hay dos tondos con las armas episcopales del obispo De los Cobos. Sobre el frontón resaltan tres flameros.
  
Los exteriores del hospital de Santiago de Úbeda son austeros en decoración. Sobre el arco de entrada al hospital un tabernáculo acoge una escultura de Santiago Matamoros.

   
Las torres no son funcionales. En su construcción inicial estaban cubiertas por chapiteles con teja de cerámica vidriada.

El patio central se ajusta al  modelo renacentista. Es cuadrangular y de doble arcada de medio punto sobre columnas marmóreas de fuste esbelto y capitel corintio.

Otros dos patios se articulan alrededor del patio central.

Desde el patio central se accede a la iglesia del hospital de Santiago de Úbeda.


A través del patio principal se accede a la capilla de la iglesia, original por su planta en H. El espacio se cubre con dos bóvedas vaídas rodeadas por cuatro de cañón. La decoración de las bóvedas está compuesta por casetones y cartelas; los temas decorativos son paisajes bíblicos, virtudes, apóstoles e inscripciones. Los muros aparecen lisos, sin decoración. A los pies se sitúa el coro alto, siguiendo el modelo de los Reyes Católicos.

El centro de la iglesia está ocupado por dos torres.

La antesacristía presenta bóveda esquifada y la sacristía es de planta rectangular. Ambas están decoradas con pinturas al fresco; en la antesacristía están representados los cuatro profetas sobre fondos paisajísticos y en la sacristía los dioses de la antigüedad clásica, los padres de la iglesia, una figura de Cristo caído y otra de un Ecce Homo.

La escalera es monumental. Sigue la tipología de escalera claustral cubierta con bóveda ochavada. Está decorada con pintura mural. Se reconocen dos tenantes portadores del escudo del obispo De los Cobos, reyes castellanos, padres de la Iglesia y santas vírgenes.

El hospital de Santiago de Úbeda cuenta con una escalera de carácter monumental, que está cubierta con una bóveda ochavada decorada con pinturas al fresco.

  
Las pinturas murales del hospital de Santiago de Úbeda es uno de los pocos ejemplos de pintura mural renacentista en España. Se atribuyen a Pedro de Raxi y Gabriel Rosales, bajo la influencia de Julio Aquiles, que introdujo el grutesco en España y que trabajó en Úbeda.

El hospital de Santiago de Úbeda debe su importancia artística a haber establecido una nueva tipología de edificio hospitalario, que rompió con el gótico de planta cruciforme para introducir otro que gira alrededor de un patio central. Se convirtió en el modelo a seguir en España y América.

El hospital de Santiago de Úbeda fue declarado Monumento histórico en 1917.

sábado, 8 de febrero de 2020

Virgen de los Reyes Católicos

El cuadro Virgen de los Reyes Católicos se pintó en 1493 por encargo de los Reyes Católicos, pero se desconoce su autor.
  
Anónimo: Virgen de los Reyes Católicos, 1493.
Estilo: Gótico.
Técnica: Óleo y temple sobre tabla.
Temática: Religiosa.
Dimensiones: 123 x 112 cm.
Museo Nacional del Prado, Madrid, España.


La escena se desarrolla en una dependencia interior con ventanas al fondo que dejan ver un paisaje flamenco con construcciones góticas.

En el centro de la composición, a modo de eje de simetría, aparece la Virgen María con el Niño Jesús en su regazo. La Virgen está sentada en un trono, vestida con un manto rojo con adornos dorados, símbolos de la pasión y la gloria que espera al Niño Jesús. Su cabello es oro peinado con raya en medio y su piel, como la del Niño Jesús, es blanca esmalte. El Niño Jesús aparece vestido con un paño transparente. Tras ellos, para resaltar su dignidad, aparece un tapiz dorado.

A cada lado de la Virgen un grupo de cuatro personas. A la derecha aparecen la reina Isabel la Católica, la infanta Isabel, Pedro de Arbués, inquisidor de Aragón, los tres en posición orante, y santo Domingo de Guzmán, con un libro en la mano izquierda, que le identifica como doctor de la Iglesia, y un lirio en la mano derecha, que refuerza su devoción hacia la Virgen María. A la izquierda se reconocen el rey Fernando el Católico, el infante don Juan, Tomás de Torquemada, inquisidor de Castilla, los tres en posición orante, y santo Tomás de Aquino, que sostiene en la mano derecha un libro, que le identifica como doctor de la Iglesia, y una maqueta del Real monasterio de Santo Tomás de Ávila, del que es patrón. Los santos aparecen con nimbos, símbolo de santidad, y visten de azul, símbolo de eternidad, y blanco, símbolo de pureza.

La perspectiva viene marcada por las baldosas, la tarima sobre la que se dispone el trono de la Virgen, las alfombras y los reclinatorios de los Reyes Católicos.

Los colores de los vestidos son vivos y pastel los de las baldosas y tarima.

La luz es nítida e ilumina con absoluta claridad toda la estancia donde se desarrolla la escena.

Otras características son la expresión exagerada de los rostros, siluetas definidas y paños angulosos en los vestidos.

Se desconoce el autor del cuadro. Se atribuye por motivos diversos a los flamencos Michael Sittow y Juan de Flandes y a los españoles Pedro de Berruguete y Fernando Gallego.

La primera ubicación de Virgen de los Reyes Católicos fue la capilla del Cuarto Real del Real monasterio de Santo Tomás de Ávila y con la desamortización de Mendizábal (1836) se trasladó al Museo de la Trinidad. Hoy se encuentra en el Museo Nacional del Prado.

jueves, 30 de enero de 2020

Santa Lucía del Trampal

La iglesia Santa Lucía del Trampal de Alcuéscar se levantó durante el siglo VII y es el único edificio visigodo que se conserva al sur del Tajo; los otros templos fueron arrasados por los musulmanes tras la invasión de la península Ibérica en 711. De época visigoda son la cabecera, el crucero, el coro y parte de la nave principal; el resto del edificio se levantó en la Baja Edad Media en estilo gótico. Tras la desamortización de Mendizábal de 1836 cayó en el abandono y la ruina siendo utilizada como establo y refugio de pastores. En la década de los ochenta del siglo XX fue puesta en valor y restaurada.

Los ábsides y el crucero de la iglesia de Santa María del Trampal es lo más interesante de lo que se conserva de época visigoda.


La iglesia de Santa Lucía del Trampal debió formar parte de un complejo conventual. De época visigoda solo se conservan la cabecera y el crucero. La cabecera ofrece tres ábsides independientes, de planta rectangular, siendo el central de mayor tamaño que los laterales (la anchura de los ábsides es de 4 m., pero la profundidad del central es de 3,20 m. y la de los laterales de 2,40 m.). Delante de los ábsides se extiende el crucero de siete tramos, que sobresale más allá de los ábsides laterales; tiene una longitud de 16 m. Esta cabecera guarda similitud con la de la iglesia de San Juan de Baños de Cerrato y se ajusta a las necesidades litúrgicas establecidas tras el IV Concilio de Toledo de 633 en el cual se estableció que los sacerdotes oficiantes comulgarían en el altar, el clero en el coro y los feligreses en la nave principal. Delante del crucero hay un coro de pequeñas dimensiones. El espacio reservado a los creyentes se divide en tres naves de cuatro tramos; la nave central tiene una anchura doble a las laterales; sin embargo, la mayor parte de este espacio se reconstruyó en la Baja Edad Media en estilo gótico. Han desaparecido cuatro habitaciones laterales.

La iglesia de Santa Lucía del Trampal de Alcuéscar presenta tres ábsides independientes  de planta rectangular y desigual tamaño.


El ábside central albergaba un altar donde se celebraba la eucaristía; los ábsides laterales hacían las veces de sagrario y sacristía.

La cubierta de los ábsides y del crucero es de bóveda de cañón; en los ábsides descansa sobre los muros perimetrales de la iglesia; en el crucero está reforzada por arcos de herradura que descansan en doce columnas, seis a cada lado del crucero; estas columnas presentan fuste de cinco tambores y cimacio.

El crucero es un pasillo estrecho con seis columnas a cada lado que sostienen una bóveda de cañón reforzada con arcos de herradura. En los extremos del crucero se abren sendos vanos que lo iluminan.


Las cubiertas al exterior son de dos aguas en los ábsides, extremos y espacios intermedios del crucero a menor altura, coro y nave principal y a cuatro vertientes en los espacios del crucero que sobresalen en altura.

Los accesos a la iglesia son dos, están enfrentados y se disponen en los muros norte y sur.

Se sabe que los espacios interiores estaban separados por cancelas y barroteras por las hendiduras que se conservan en los muros y en el suelo.

La iluminación es escasa debido a que los vanos abiertos son estrechos, abocinados y con celosía; hay un vano en cada ábside, uno en cada extremo del crucero, uno en cada uno de los tres espacios del crucero que sobresalen en altura y tres a cada lado del muro perimetral.

La decoración escultórica adorna con roleos la imposta de los arcos.

Los materiales de construcción son el sillar en las esquinas y vanos y el sillarejo y la mampostería en el resto del edificio. Se sabe que muchos de los sillares son de época romana por las inscripciones que presentan.

La iglesia de Santa Lucía del Trampal debe su importancia al hecho de ser el único templo visigodo que se conserva al sur del Tajo tras producirse la invasión musulmana del Reino visigodo en 711.

jueves, 23 de enero de 2020

Cabeza de Cristo, de Jaime Cascalls

Jaime Cascalls (¿?-Berga, 1378) es uno de los escultores más destacados de la Escuela gótica catalana. Colaboró con el maestro Aloy en las esculturas de los sepulcros del Real monasterio de Santa María de Poblet, es autor del retablo de la iglesia de Cornellá de Conflect (1345), de la estatua conocida como San Carlomagno (1345) y de Cabeza de Cristo (hacia 1352); además, fue maestro mayor de la Seo Vieja de Lérida (1361) e intervino en la portada de los Apóstoles de la catedral de Santa María de Tarragona (1375).

Jaime Cascalls: Cabeza de Cristo, hacia 1352.
Estilo: Gótico.
Técnica: Alabastro policromado.
Temática: Religiosa.
Dimensiones: 28 x 20 x 25 cm.
Museo Nacional de Arte de Cataluña, Barcelona, España.


Cabeza de Cristo presenta unas aristas irregulares en el cuello, lo que permite especular con la posibilidad de que hubiese pertenecido a un Cristo yacente de cuerpo entero ubicado en la capilla del Corpus Christi de la iglesia de San Agustín Viejo de Barcelona, como el de la iglesia de San Félix de Gerona, atribuido a Cascalls.

La pieza Cabeza de Cristo está realizada en alabastro policromado. Cristo presenta aspecto siríaco con cabello largo y ondulado, igual que la barba, ojos entornados y boca semiabierta, que deja ver los dientes, nariz afilada y pómulos marcados y fragmentos de la corona de espinas. Gotas de color rojo recorren el rostro asemejando sangre.

La escultura recoge el dolor sufrido por Cristo en la cruz y el momento exacto en el que perdió la vida. Llama la atención por su naturalismo y expresividad, consiguiendo un efectismo dramático muy depurado gracias al contraste cromático entre el alabastro y la pintura roja que imita la sangre producida por la corona de espinas.

Cabeza de Cristo pasa por ser la obra que mejor representa la etapa de madurez de Jaime Cascalls y una de las que mejor representan la plenitud de la estatuaria gótica por el fino dominio en el trabajo del alabastro y la expresividad que ofrece.

viernes, 17 de enero de 2020

Frontal de San Martín de Ix, del Taller de Seo de Urgel

Se sabe que el frontal de San Martín de Ix fue realizado hacia 1125-1150. Es, por tanto, contemporáneo del frontal de la Seo de Urgel, con el que guarda un parecido formal muy acusado, razón por la cual se atribuye su autoría al Taller de Seo de Urgel.


Taller de Seo de Urgel: Frontal de San Martín de Ix, hacia 1125-1150.
Estilo: Románico.
Técnica: Temple sobre madera de pino y hierro.
Temática: Religiosa.
Dimensiones: 90,5 x 155 x 6,5 cm.
Museo Nacional de Arte de Cataluña, Barcelona, España.


El frontal de San Martín de Ix se estructura en tres frisos verticales de igual tamaño enmarcados por una moldura de hierro.

En el friso central aparece Cristo en Maiestas Domini dentro de un doble globo-madorla formado por dos círculos secantes de influencia carolingia. Mira de frente al espectador. Aparece sentado sobre el globo superior y los pies descansan sobre el inferior y el globo terráqueo, adornado con motivos vegetales, bendice con la mano derecha a la vez que sujeta una pequeña bola, símbolo del mundo, mientras que con la izquierda sostiene un libro cerrado, porta nimbo crucífero que sobresale del globo-mandorla y viste túnica con el interior blanco y el exterior rojo y verde y manto azul. A la izquierda aparece la letra Alfa y a la derecha la letra Omega en caracteres griegos, símbolo del principio y fin de la vida y el mundo. Los círculos que componen el globo-mandorla están divididos en bandas circulares de colores azul, dorado y rojo. El fondo del globo-mandorla es de color verde y el exterior rojo adornado con flores.

El friso lateral izquierdo está dividido en cuatro recuadros. En el superior derecho se identifica a san Martín de Tours como obispo, bendiciendo con la mano derecha y portando un báculo en la izquierda. Aparece acompañado por un discípulo suyo sin identificar, igual que las parejas de apóstoles de los otros recuadros.

El friso lateral derecho también está dividido en cuatro recuadros. En el superior izquierdo aparece un apóstol con una gran llave en la mano derecha, por lo que se le identifica con san Pedro. No se ha identificado al apóstol que le acompaña. En el recuadro superior derecho aparece san Martín de Tours rompiendo en dos su túnica para dársela a un pobre, o quizá a un cautivo por llevar una cadena atada a un palo. En los recuadros inferiores aparecen dos parejas de apóstoles portando libros o papiros.

Una banda separa los recuadros superiores de los inferiores. Sobre fondo negro se lee en letras blancas la leyenda latina SOL ET LUX SANCTORUM / MANEO IN PRECLARA HONORUM, que se traduce por “El Sol y la luz de los santos, permanezca en honor preclaro”.

La moldura de hierro que enmarca el frontal se compone de cuatro bandas que ofrecen temáticas muy distintas. La superior está recorrida por una hilera de rombos unidos por los vértices, la inferior por motivos vegetales estilizados, la izquierda por siete círculos que encierran figuras de águilas y leones entre motivos vegetales y la derecha por otros siete círculos entrelazados por motivos vegetales que encierran flores y frutos.

Los aspectos formales se ajustan a las características de la pintura románica:
  • Simetría bilateral, tomando como eje la figura de Cristo.
  • Perspectiva jerárquica, que sirve para indicar la importancia de las figuras. Jesús de Nazaret por ser el fundador del cristianismo es la figura de mayor tamaño. San Martín de Tours aparece en dos recuadros. El santo y san Pedro son las figuras más cercanas a Cristo.
  • Frontalidad, geometrización, hieratismo e isocefalia de las figuras, que no manifiestan sentimiento alguno. Su canon es alargado.
  • Los paños presentan dobleces antinaturalistas y carecen de textura, no se puede saber de qué tejido están hechos.
  • La línea se impone al color, es gruesa y negra, y sirve para delimitar los contornos.
  • El color es plano. La gama es escasa –azul, blanco, dorado, negro, verde y rojo– y carente de tonalidades, pero de un fuerte impacto simbólico: el azul representa la eternidad y la nobleza, el blanco la pureza, el dorado la Gloria, el verde la esperanza y el rojo la Pasión. El negro no cumple una función simbólica.
  • La luz es inexistente.
  • No hay espacio, el fondo es plano.
  • La decoración es escasa, sólo unas pocas cenefas en el fondo de cada registro.

La técnica utilizada ha sido el temple sobre tabla de pino enyesada y policromada al fresco, y al secco para precisar los detalles. Todo enmarcado por bandas de hierro.

El frontal de San Martín de Ix entró a formar parte de los fondos del Museo Nacional de Arte de Cataluña en 1889, procedente de la colección particular de Eduardo Bosch i Barrau.