viernes, 29 de marzo de 2019

Museo de Bellas Artes de Murcia

El Museo de Bellas Artes de Murcia tiene su origen en los trabajos que la Comisión Provincial de Monumentos de Murcia inició en 1844 para la conservación del patrimonio de Murcia y su provincia en pro de la creación de un museo provincial, que fue realidad en 1864 con la creación del Museo Provincial de Pintura y Escultura, que se inauguró en 1910. Su sede es el convento de la Trinidad.

San Jerónimo escriturario (1613), de José de Ribera, es una de las mejores obras del Barroco que se exhiben en el Museo de Bellas Artes de Murcia.


Los fondos del Museo de Bellas Artes de Murcia se organizan en ocho salas:
  • Renacimiento y Barroco. Se cuentan obras del pintor renacentista Juan de Vitoria. Pedro de Orrante anuncia el primer Barroco.
  • Murcia en el siglo XVII. Destacan Nicolás de Villacís por sus cuadros para el convento de la Trinidad y Gilarte por sus lienzos Virgen María y Buen Pastor.
  • La pintura del Siglo de Oro español. Hay que citar como obras destacadas Alegoría eucarística de Francisco de Zurbarán, San Jerónimo escriturario de José de Ribera y Crucifixión y Ecce Homo de Bartolomé Esteban Murillo.
  • Diversas variedades artísticas. Hay piezas de vidrio y cerámica, ediciones de libros antiguos, estampas y grabados, todas de entre los siglos XVI y XVIII.
  • El siglo XVIII. Destacan por su virtuosismo dramático los pintores Pedro Camacho Felices y José Muñoz Frías. También está presente Mariano Salvador Maella con Inmaculada Concepción.
  • Escultura de Antonio Capillo. Destacan sus esculturas femeninas.
  • Grandes manifestaciones pictóricas del siglo XIX. Son cuadros de temática histórica, literaria y retratos. Hay cuadros de José Pascual y Valls, Rafael Tegeo, Germán Hernández Amores, Juan Martínez Pozo y Domingo Valdivieso.
  • Costumbrismo y regionalismo. Entre los pintores costumbristas hay que citar a José María Sobejano y José María Alarcón, y entre los regionalistas a Inocencio Medina Vera y Antonio Gil Montejano. Otro pintor importante presente en esta sala es Julio Romero de Torres con su obra Gitana de la naranja. También destaca la escultura Redil de ovejas de Mariano Benlliure.
  • Sala de alegorías. Esta sala está reservada a la pintura decorativa y a la de paisaje del siglo XIX. Pueden verse cuadros de Obdulio Miralles, Inocencio Medina Vera y Pedro Sánchez Picazo.
La gitana de la naranja (sin fecha), de Julio Romero de Torres, es uno de los cuadros más célebres del autor y del Museo de Bellas Artes de Murcia.

viernes, 22 de marzo de 2019

Tapiz de la Creación

El Tapiz de la Creación se fecha a caballo de los siglos XI y XII. No se conoce su autor ni dónde se hizo. Recibe el nombre de tapiz, pero no lo es; se trata de un bordado de lana que sigue la silueta diseñada sobre un bastidor.

Acerca de su función la más admitida es la de dosel del altar de la Santa Cruz de la catedral de Santa María de Gerona.

La gama de colores es diversa y en tonos intensos. Los colores utilizados son amarillo, azul, blanco, gris, negro, rojo, rosa, terracota y verde. El negro sirve para perfilar la silueta de las figuras, característica de la pintura románica. Las cartelas de las inscripciones son blancas con letras en amarillo, azul y rosa.

Tapiz de la Creación, finales del siglo XI-principios del siglo XII.
Estilo: Románico.
Técnica: Bordado en lana.
Temática: Religiosa.
Dimensiones: 470 x 365 cm.
Museo capitular de la catedral de Santa María de Gerona, España.


En el Tapiz de la Creación se desarrollan cuatro ciclos iconográficos:
  • El Génesis o Creación, en el centro, presidido por el Pantocrátor.
  • Los cuatro vientos, rodeando el Génesis.
  • El calendario, en las bandas laterales y superior.
  • La leyenda de la Vera Cruz por santa Elena, en la banda inferior.

El Génesis consta de dos círculos concéntricos. El central está ocupado por la figura del Pantocrátor; está representado como hombre joven e imberbe, con el Libro abierto en la mano izquierda y bendiciendo con la derecha; en el círculo que lo rodea se lee en latín “Dixit quoque Deus fiet lux et facta est lux”, es decir, “Y Dios dijo: hágase la luz, y la luz se hizo”. El círculo exterior está dividido en ocho compartimentos en forma de cuña que contienen otras tantas escenas que narran el ciclo de la Creación: sobre el Pantocrátor aparece Dios en forma de paloma sobrevolando el agua; a los lados el ángel de la luz y el de las tinieblas, que porta una antorcha; a sus lados la creación del firmamento y la separación de las aguas, el Sol y la Luna; debajo del Pantocrátor la creación de las aves y los peces; a su derecha Adán buscando a un semejante que no encuentra; y a la izquierda la creación de Eva. Este círculo está rodeado por una inscripción en latín que dice: “In principio creavit Deus coelum et terram, mare et omnia qua in eis sunt et viit Deus cuncta que facerat et erant valda bona”, es decir, “Al principio Dios creó cielo y tierra, el mar y todas las cosas que se encuentran. Y Dios vio que todo lo que había creado era bueno”. La disposición circular representa el cielo, lo espiritual y lo sobrenatural.

La figura del Pantocrátor ocupa el centro del Tapiz de la Creación.


Rodeando el círculo de la Creación los vientos de los puntos cardinales: norte arriba a la izquierda, este arriba a la derecha, oeste abajo a la izquierda y sur abajo a la derecha. Aparecen representados a la manera romana, con alas en la espalda y en los pies, sobre recipientes de cuero llenos de aire y soplando cuernos. La disposición de los  ángeles permite la transición entre el círculo celestial y el cuadrado terrenal.

En las esquinas superiores del tapiz aparecen representados dentro de círculos dos de los cuatro ríos del paraíso.

En el centro de la banda superior aparece un anciano con barba que simboliza el año. A su izquierda Sansón, con la mandíbula de un asno; el verano, simbolizado por un hombre y herramientas para trillar; y el otoño, un hombre recogiendo uvas. A su derecha, el invierno, simbolizado por una mujer que se calienta cerca del fuego; la primavera, por un hombre que remueve la tierra; y Abel, que ofrece el sacrificio de un cordero.

En la banda lateral izquierda se representan los meses de febrero a junio y en la derecha de julio a octubre. Quedan sin representar noviembre, diciembre y enero. En la banda izquierda, sobre febrero, se representa el domingo mediante un hombre coronado de fuego sobre una cuadriga; al otro lado el lunes mediante un carro tirado por bueyes.

En la franja inferior aparece la leyenda de Vera Cruz por santa Elena, y se lee en latín: “Sancta Helena, Hierusalem, Judea”, es decir, “Santa Elena, Jerusalén, judíos”.

La trascendencia histórica y artística del Tapiz de la Creación radica en la densidad de su programa iconográfico y en ser uno de los pocos de la Europa románica que ha llegado hasta nuestros días.

sábado, 16 de marzo de 2019

San Cebrián de Mazote

La iglesia de San Cebrián de Mazote formaba parte de un monasterio. Es obra de monjes mozárabes cordobeses, que se inspiraron en la basílica cordobesa de San Acislo. Se construyó a finales del siglo IX o principios del X, en cualquier caso antes de 915, año en el que parte de los monjes adscritos a ella emigraron con el fin de fundar el monasterio de San Martín de Castañeda.

Vista exterior de San Cebrián de Mazote. La espadaña se añadió en el siglo XIX. Aquellas partes hechas en ladrillo son restauraciones del siglo XX.


San Cebrián de Mazote es la iglesia mozárabe de mayor tamaño de las que se conservan, 30 m. de largo, 14 de ancho, 16 la nave del transepto, 11 de altura la nave central y 6 las naves laterales.

La planta es de tipo basilical de tres naves divididas en cinco tramos. Están separadas por dos arquerías de herradura prolongadas 3/5 del radio. La nave central es de mayor altura que las laterales y se ilumina a través de vanos abiertos sobre las naves laterales. La cabecera cuenta con tres ábsides, el central tiene planta de herradura y los laterales son cuadrados. A los pies de la nave central hay un ábside con planta de herradura inscrito en un rectángulo. Todos los ábsides son planos al exterior. Los brazos del transepto finalizan en exedras, planas al exterior.


La planta de la iglesia de San Cebrián de Mazote es de tipo basilical de tres naves.


Las cubiertas son de distinto tipo. Los espacios que tienen planta de herradura, el cimborrio del crucero y las exedras se cubren con cúpulas gallonadas. El cimborrio apoya sobre arcos formeros. Los ábsides laterales de la cabecera se cubren con bóvedas de crucería. Las naves tienen cubierta de madera, a dos aguas la central y a una las laterales.


La nave central está separada de las laterales por hileras de arcos de herradura.


Los materiales de construcción son el mampuesto, sillares en las esquinas y ladrillo para las partes restauradas durante el siglo XX.

La espadaña se añadió en el siglo XIX.

La decoración escultórica se reduce a los capiteles de las columnas y a un bajorrelieve.

Los 38 capiteles están trabajados a trépano, aparecen emparejados y son de diversa procedencia. Destacan los que están delante del ábside central, del siglo IV y los cuatro de las columnas a los pies de la iglesia, del siglo VII.

El bajorrelieve Jesús de Nazaret bendiciendo es uno de los motivos escultóricos de San Cebrián de Mazote.


El bajorrelieve está tallado a bisel. Se distingue un castillo con una puerta en arco de herradura y dos bustos, Jesús de Nazaret bendiciendo y un santo. La escena está rodeada de cenefas con roleos y flores.

San Cebrián de Mazote fue declarada Monumento de Interés Cultural en 1916.

viernes, 8 de marzo de 2019

Doña Juana la Loca, de Francisco Pradilla

Francisco Pradilla (Villanueva de Gállego, 1848-Madrid, 1921) se formó en Zaragoza y Madrid, donde estudió a los grandes maestros de la pintura. En 1874 fue pensionado para completar su formación en la Academia de España en Roma. Puso fin a su estancia en Roma pintando Doña Juana la Loca (1877) por el que obtuvo la Medalla de Honor en la Exposición Nacional de Bellas Artes en Madrid (1878) y la Medalla de Honor en la Exposición Universal de París (1878). Se distinguió como pintor de cuadros históricos de gran formato, tales como La rendición de Granada (1882), La reina doña Juana la Loca, recluida en Tordesillas con su hija, la infanta doña Catalina (1906) y Cortejo del bautizo del príncipe don Juan, hijo de los Reyes Católicos, por las calles de Sevilla (1910).

Felipe el Hermoso murió en septiembre de 1506; tres meses después la reina doña Juana decidió enterrar a su marido en el panteón de los Reyes Católicos en la Capilla Real de la catedral metropolitana de la Encarnación de Granada. En Doña Juana la Loca Pradilla recoge el momento en el que la reina hace un alto en el traslado del féretro desde la Cartuja de Santa María de Miraflores (Burgos) a Granada; el viaje se hacía en etapas muy cortas y de noche, por el día se descansaba en algún monasterio o iglesia; sin embargo, en la etapa de Torquemada a Hornillos sucedió algo inesperado que despertó los celos de la reina; Pedro Mártir de Anglería dejó escrito: “mandó la reina colocar el féretro en un convento que creyó ser de frailes, mas como luego supiese que era de monjas, se mostró horrorizada y al punto mandó que lo sacaran de allí y le llevaran al campo. Allí hizo permanecer toda la comitiva a la intemperie, sufriendo el riguroso frío de la estación”.

Francisco Pradilla: Doña Juana la Loca, 1877.
Estilo: Romanticismo.
Técnica: Óleo sobre lienzo.
Temática: Histórica.
Dimensiones: 500 x 300 cm.
Museo Nacional del Prado, Madrid, España.


La composición se organiza a partir de la diagonal que marca el féretro de Felipe el Hermoso. La reina doña Juana ocupa el centro de la escena; inclina la cabeza y fija la mirada en el catafalco en el que descansa su marido; viste traje de terciopelo negro, que pone en evidencia el avanzado estado de gestación; en la mano izquierda se observa dos alianzas, que dicen que la reina es viuda. Las parihuelas están cubiertas por un lienzo blanco donde aparecen estampados el águila imperial bicéfala y la de Sicilia y los cuarteles de Aragón, Borgoña, Castilla, Flandes, Granada, León y Tirol; el féretro aparece cubierto por una tela negra adornada con bordados del águila imperial y el león de Bramante. Dos velones flanquean la cabecera del féretro. Los personajes que acompañan a la reina doña Juana son su séquito; está formado por caballeros, nobles, eclesiásticos y criadas ancianas. Al fondo se divisa el convento de monjas.

La tensión de la escena se refuerza presentando a la reina doña Juana de luto y en posición erguida y aislada del resto de personajes, el recogimiento en oración de uno de los religiosos, el cielo oscuro poco antes del ocaso, el árbol seco y la gama cromática cargada de tonalidades frías y oscuras.

Pradilla demuestra su virtuosismo en una pincelada vigorosa, que no anula un dibujo correcto; en la representación del frío y del viento a través de la llama de los velones y el humo de la hoguera, que parecen arrastrados; del silencio, presentando a la reina doña Juana en una escena de recogimiento e introversión; y sus conocimientos históricos en su magnífica puesta en escena y a través del vestuario de los personajes y accesorios.

La reina doña Juana nunca llegó a su destino por varios motivos: la lentitud del cortejo en la marcha, la peste, el alumbramiento de doña Catalina de Austria en Torquemada y las quejas de los nobles al rey Fernando el Católico. Los restos de Felipe el Hermoso descansaron en el convento de Santa Clara de Tordesillas hasta 1525, año en el que el emperador Carlos V ordenó su traslado a Granada.

Doña Juana permaneció encerrada por orden de su padre el rey Fernando el Católico y de su hijo el emperador Carlos V en el convento de Santa Clara de Tordesillas desde 1509 hasta su muerte en 1555.

La trascendencia de Doña Juana la Loca se fundamenta en ser la primera gran obra de Francisco Pradilla, uno de los pintores más sobresalientes del Romanticismo español, y ser uno de los cuadros más destacados de género histórico.