sábado, 13 de marzo de 2021

Felipe Bigarny

Felipe Bigarny (Langres, Francia, 1475-Toledo, España, 1543) fue maestro escultor y tallista, uno de los más destacados del Renacimiento español. Se formó en Borgoña, donde asimiló el goticismo flamenco, y en Italia, a donde viajó en la década de los noventa del siglo XV para estudiar a los escultores renacentistas. En 1498 inició el Camino de Santiago, pero se quedó en Burgos trabajando como decorador e imaginero. Desarrolló su carrera artística en Castilla. Sus obras son de temática religiosa: sepulcros, sillerías de coro y retablos.

El retablo mayor de la catedral de San Antolín de Palencia (1509) es el primer retablo español en estilo renacentista.

  

La primera obra de Bigarny en España fueron los relieves del trasaltar de la catedral de Santa María de Burgos. Se llevaron a término entre 1498 y 1499. Son Camino del Calvario, Crucifixión y Descendimiento de la Cruz. Se combinan figuras de gran porte y expresión dramática, típicas del gótico flamenco, con elementos ornamentales y composición diagonal renacentista.

El cardenal Cisneros le contrató en 1499 para que diseñase el retablo mayor de la catedral de Santa María de Toledo. El trabajo lo concluyó en 1504 con la entrega de la imagen San Marcos.

El obispo Diego de Deza encargó a Bigarny el retablo mayor de la catedral de San Antolín de Palencia, el primer retablo renacentista español. Se ejecutó entre 1506 y 1509 para decorar la capilla del Sagrario, pero se hubo de esperar hasta 1519 para que fuese montado en la capilla Mayor por orden del obispo Juan Rodríguez de Fonseca. Bigarny se encargó de esculpir los rostros y las manos de todas las figuras y la imagen San Antolín.

Bigarny se ocupó entre 1509 y 1512 en realizar la sillería del coro de la catedral de Santa María de Burgos. Contó con la ayuda de Andrés de Nájera. La sillería es de estilo plateresco. Las figuras se disponen de una manera abigarrada. La temática está sacada del Antiguo y del Nuevo Testamento y del santoral cristiano.

Portada de la iglesia de Santo Tomás de Haro (1519).

  

Dos de las obras más importantes de Bigarny fuera de sus circuitos habituales fueron la portada principal y el retablo mayor de la iglesia de Santo Tomás de Haro, de estilo plateresco, ejecutadas entre 1516 y 1519. La portada de la iglesia está dividida en seis calles y ático; el centro está ocupado por dos puertas de arco de medio punto separadas por un parteluz; en los tímpanos están representadas Incredulidad de santo Tomás y Resurrección y Aparición del Salvador a los apóstoles; encima las escenas Flagelación, Coronación de espinas, Jesucristo ante Caifás y Calvario; en lo más alto una hornacina acoge la figura de Jesucristo con corona imperial y el globo terrestre en la mano izquierda y a ambos lados el escudo de la familia Fernández de Velasco; en los laterales de la portada se disponen los apóstoles con vestido telar, excepto Santiago el Mayor, vestido de peregrino. El retablo mayor fue retirado en el siglo XVIII por encontrarse en un estado ruinoso.

Retablo mayor de la Capilla Real de Granada (1522).

  

El retablo mayor de la Capilla Real de Granada (1522) lo realizó en colaboración con Diego de Siloé. Aparecen escenas de la vida de Jesús de Nazaret, representaciones de san Juan Bautista, san Juan Evangelista y los Reyes Católicos. El sotabanco está ocupado por las escenas Reyes Católicos con su ejército, Boabdil  entregando las llaves de Granada y Bautismo de los moriscos. En el banco aparecen Adoración de los Reyes, Bautismo de Cristo y San Juan en la isla de Patmos. En el cuerpo inferior Martirio de san Juan Bautista, San Juan Bautista con el cordero, San Juan Evangelista con un cáliz y Martirio de san Juan Evangelista. En el cuerpo superior Jesucristo con la Cruz a cuestas, Calvario y La Piedad. En el ático Dios Padre, anciano con el globo terráqueo, Hijo de Dios en la Cruz y Espíritu Santo. En las calles san Pedro, san Pablo, los Evangelistas y los Padres de la Iglesia occidental, san Gregorio, san Jerónimo, san Ambrosio y san Agustín. Entre los motivos ornamentales llama la atención la granada, símbolo de la unidad y diversidad de la Iglesia desde que la empezase a utilizar san Gregorio de Elvira en el siglo IV, obispo de la diócesis de Ilíberis, posterior Granada.

Sepulcro de los condestables de Castilla Pedro Fernández de Velasco y su esposa Mencía de Mendoza y Figueroa es anterior a 1534. Ocupa el centro de la capilla de los Condestables de Castilla de la catedral de Santa María de Burgos, enfrente del altar. Tiene forma troncopiramidal. Las figuras yacentes de los condestables están tratadas con gran realismo. Ambos portan coronas condales con emblemas heráldicos. Los dos tienen las manos cruzadas, él sostiene la empuñadura de una espada y ella un rosario que le cae sobre la túnica. A los pies de cada yacente sendas inscripciones que los identifica.

El sepulcro de los condestables de Castilla Pedro Fernández de Velasco y su esposa Mencía de Mendoza y Figueroa (anterior a 1534) es el más célebre de los hechos por Felipe Bigarny.

  

Otras obras de Bigarny son retablo mayor de la Universidad de Salamanca (1503), diseño del baldaquino del sepulcro de santo Domingo de la catedral de Santo Domingo de la Calzada (1513), sepulcro del cardenal Selvagio (1519) en colaboración con Alonso de Berruguete, sepulcro del canónigo Gonzalo de Lerma de la catedral de Santa María de Burgos (1524), retablo de san Pedro de la capilla de los Condestables de Castilla de la catedral de Santa María de Burgos (1526) en colaboración con Diego de Siloé, sepulcro del obispo Alonso de Burgos de la capilla del Colegio de San Gregorio de Valladolid (1533), sepulcro del obispo Pedro González Manso en el monasterio de San Salvador de Oña (1534) y la sillería del coro de la catedral de Santa María de Toledo (desde 1539 hasta 1542).

Entre las obras no documentadas atribuidas a Felipe Bigarny hay que citar sepulcro del canónigo Diego Bilbao y las esculturas Virgen de la Silla y Virgen con Niño para la iglesia de la Asunción de El Barco de Ávila.

 Entre los colaboradores de Felipe Bigarny hay que citar a Diego de Siloé, Alonso de Berruguete, Diego Guillén, Andrés de Nájera, Sebastián de Salinas, Juan de Goyaz, León Picardo y su hijo Gregorio Pardo.

La importancia histórica de Felipe Bigarny se debe a ser uno de los artistas que más hizo para que en Castilla se abandonase el estilo gótico en favor del renacentista. Su maestría se evidencia en sus obras, casi todas en las ciudades que fueron centros culturales de Castilla durante el primer Renacimiento, Burgos, Toledo y Granada.

sábado, 6 de marzo de 2021

San Serapio, de Zurbarán

Francisco de Zurbarán (Fuente de Cantos, 1598-Madrid, 1664) se formó como pintor en el taller de Pedro Díaz de Villanueva. Se instaló en Llerena en 1617, en Sevilla en 1626 y en Madrid en 1658. Pintó por encargo para la Iglesia y varias órdenes religiosas ajustándose a los principios del Concilio de Trento (1545-1563) y de la Contrarreforma. Pintó lienzos de diversas temáticas, pero destacó como pintor religioso. Sus mejores años transcurrieron entre 1626 y la década de los cuarenta del siglo XVII con obras como San Serapio (1628), Aparición de san Pedro crucificado a san Pedro Nolasco (1629), Apoteosis de santo Tomás de Aquino (1631) y Santa Casilda (1640). Desde mediados del siglo XVII su arte se estanca y su principal mercado será América; sin embargo, de esos años es San Hugo en el refectorio de los cartujos (1655), considerada su obra maestra.

Francisco de Zurbarán: San Serapio, 1628.
Estilo: Barroco.
Técnica: Óleo sobre lienzo.
Temática: Religiosa.
Dimensiones: 120 x 103 cm.
Wadsworth Atheneum, Hartford, Estados Unidos.

  

El irlandés Peter Serapion nació en 1179. Participó en las cruzadas al servicio del rey de Inglaterra Ricardo Corazón de León. También participó en la Reconquista al servicio del rey Alfonso VIII de Castilla, conoció a san Pedro Nolasco e ingresó en la Orden de la Merced en 1222. Murió en 1240 en la última de las redenciones en las que participó al no llegar a tiempo el dinero para liberarlo; los musulmanes de Argel lo martirizaron, atándolo en una cruz en forma de aspa, destripándolo y descuartizándolo. Por este hecho, se le conoce como san Serapio mártir.

Zurbarán firmó en 1628 un contrato con el convento de Nuestra Señora de la Merced Calzada de Sevilla, comprometiéndose a pintar un retrato de san Serapio para la capilla De Profundis del sótano funerario del convento.

San Serapio ocupa la mayor parte del cuadro, dejando libre una estrecha franja a la derecha y la parte superior del mismo. Aparece de pie o arrodillado, con los brazos en alto, pero no vencidos, sujetos a la pared con unas cuerdas anudadas en las muñecas. La cabeza está ladeada hacia su derecha, descansa sobre el hombro; el cabello se ofrece despeinado, la frente abultada, los ojos cerrados y la boca entreabierta. La túnica es blanca, con pliegues angulosos, que permiten un juego de luces y sombras lleno de matices. Sobre la túnica se observa el escudo de la Orden Mercedaria en colores blanco, grana y oro. El fondo es negro. A la derecha aparece un papel clavado en la pared en el que se lee “Aquí estoy también yo”. No aparece ni una gota de sangre, a pesar del cruento martirio que sufrió san Serapio.

Zurbarán quiso subrayar la espiritualidad del momento eligiendo el instante último de vida de san Serapio, dado que los brazos no aparecen vencidos por el peso de un cuerpo inerte, omitiendo la presencia de los victimarios, dejando al santo en absoluta soledad y no recreándose en la brutalidad del martirio que sufrió, lo que explica la ausencia de sangre.

La paleta de colores es escasa, predominando los blancos, grises, rosados y negro, con algunas notas de grana y oro. Contrastan el blanco de la túnica y el negro del fondo.

El punto de vista alto y la luz blanca, la cual entra en la estancia por una ventana elevada que se encuentra en el lado derecho, pero no a la vista, centran la visión del espectador en el santo.

San Serapio es una de las mejores obras de los primeros años de Zurbarán y de toda su carrera artística por su composición, sobriedad en los elementos, tenebrismo, uso del color y la luz para mostrar la mística del martirio, virtuosismo en la reproducción de la textura de la túnica, expresividad del santo y contraste con otros cuadros martiriales contemporáneos en los que no se ocultan los aspectos más escabrosos del martirio.