sábado, 28 de octubre de 2023

Cristo crucificado, de Goya

Francisco de Goya (Fuendetodos, 1746-Burdeos, 1828) se formó como pintor en el taller de José Luzán (1760-1761), en la Real Academia de Bellas de San Fernando (1763-1766), en Roma (1770-1771) y con Francisco Bayeu a su regreso a España. Destacó como cartonista, grabador y pintor; como cartonista en la Real fábrica de tapices de Santa Bárbara (1775-1792); como grabador con sus series Los Caprichos (1799), Los Desastres de la Guerra (1815), La Tauromaquia (1816), Los Disparates o Proverbios (1820-1823) y Los toros de Burdeos (1825); y como pintor desarrolló los más diversos géneros: religioso con Cristo crucificado (1780), histórico con El dos de mayo de 1808 en Madrid y El tres de mayo de 1808 en Madrid, ambos de 1814, y el retrato con La familia de Carlos IV (1800-1801). Entre su producción más singular se cuentan las Pinturas Negras de la Quinta del Sordo en Madrid, desde 1820. Fue nombrado pintor del rey en 1786, pintor de cámara en 1789 y primer pintor de cámara en 1799.

Francisco de Goya: Cristo crucificado, 1780.
Estilo: Neoclásicismo.
Técnica: Óleo sobre lienzo.
Temática: Religiosa.
Dimensiones: 255 x 154 cm.
Museo Nacional del Prado, Madrid, España.

  

Goya se presentó al examen de acceso a la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando conociendo los gustos de los académicos. Ello explica que pintase Cristo crucificado, un cuadro de temática religiosa de tradición barroca, pero que le permitió mostrar un desnudo con arreglo a los cánones neoclásicos. 

Cristo se presenta crucificado, sujetado con cuatro clavos, desnudo, frontal al espectador, brazos levantados por encima de los hombros, con la cabeza levantada, ladeada hacia su izquierda, mirando al cielo, la boca entreabierta, con corona de espinas, nimbo, cabello largo y barbado; el paño de pureza es escueto; los pies descansan sobre una peana. No hay detalles cruentos. En la parte superior de la cruz hay una cartela en la que se lee en hebreo, griego y latín “Jesús de Nazaret rey de los judíos”. El fondo es neutro.

Goya presentó a Cristo sujeto a la cruz con cuatro clavos por influencia de Francisco Pacheco y santa Brígida. Colocó a Cristo sobre una peana con las piernas y los pies casi en paralelo, con un ligero contraposto hacia la cadera izquierda.

En el Cristo crucificado, de Goya, se reconoce las influencias de Velázquez en cuanto a la composición y Megs y Bayeu en la hechura neoclásica del desnudo.

Presentar a Cristo en la cruz, en soledad, sin acompañamiento narrativo, tiene como objeto no distraer al espectador y despertar en este devoción hacia Dios. Cristo aparece sereno, sin detalles cruentos, pero al ofrecer la cabeza levantada, con la mirada orientada al cielo y la boca entreabierta da pie a concluir que Goya eligió el momento en el que Cristo pronunció las palabras “Señor, perdónalos que no saben lo que hacen”.

La paleta de colores es escasa, con predominio del castaño para el cabello de Cristo y la cruz, encarnado pálido para la piel, gris perla para el paño de pureza y negro para el fondo del cuadro.

Goya concedió el mismo protagonismo al dibujo y al color para crear las formas y los volúmenes. El modelado es suave gracias a una pincelada suelta y a un ligero sfumato.

La luz parece salir del pecho de Cristo y disminuye en intensidad hacia el resto del cuerpo.

El Cristo crucificado, de Goya, fue muy valorado por sus contemporáneos, incluido el rey Carlos III, y durante el siglo XIX. Sin embargo, a lo largo de buena parte del siglo XX fue minusvalorado. Ha habido que esperar al siglo XXI para que de nuevo el Cristo crucificado sea considerado uno de los mejores cuadros de Goya.

sábado, 21 de octubre de 2023

Puente del Alamillo, de Santiago Calatrava

Santiago Calatrava (Valencia, 1951) es arquitecto por la Universidad de Valencia, España, e ingeniero civil por el Instituto Federal de Tecnología de Zurich, Suiza. Se ha especializado en grandes obras de ingeniería e infraestructuras, pero también en edificios residenciales y de oficinas. Ha recibido el Premio Príncipe de Asturias de las Artes 1999, el Premio Nacional de Arquitectura y la Medalla de Oro del American Institute of Architects, ambos en 2005. Santiago Calatrava creó el concepto de arquitectura viva, que se inspira en la naturaleza para dar forma a los edificios. Entre sus obras más importantes hay que citar el puente del Alamillo de Sevilla (1992), la estación Gare de Oriente de Lisboa (1998), la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia y el Turning Torso, ambos de 2005.

El puente del Alamillo es una de las obras emblemáticas de Santiago Calatrava y de la ciudad de Sevilla.

  

El puente del Alamillo se terminó de construir en 1992 para permitir el acceso a la isla de la Cartuja, donde se iba a desarrollar la Exposición Universal de Sevilla.

El proyecto original presentaba dos puentes idénticos dispuestos de manera opuesta, pero las limitaciones presupuestarias solo permitieron levantar uno de ellos.

La construcción del puente del Alamillo habría de cumplir dos objetivos: comunicar la ribera derecha de la ciudad de Sevilla con la isla de la Cartuja salvando el río Guadalquivir y crear un icono con el que se identificase la Exposición Universal de 1992 y la ciudad de Sevilla desde ese momento.

El puente del Alamillo tiene forma de arpa. Presenta un único mástil de 142 metros con una inclinación de 58º, del que parten 13 pares de tirantes, que sostienen el tablero. El mástil está formado en su interior por hormigón armado forrado por placas de acero hexagonales; el remate del mástil es un mirador, al que se accede por una escalera, que recorre su interior. El tablero cuenta con un cajón central metálico de forma hexagonal, donde se encuentran los anclajes de los tirantes y sobre el que se apoya la losa de hormigón que soporta el tráfico rodado y peatonal. El mástil y el tablero se integran en un pedestal macizo de hormigón, cimentado por 54 pilotes, que absorben las presiones que ejercen. Los cables están formados por 60 torones de 1,524 centímetros cada uno, excepto la última pareja de 291 metros, que cuenta con 45 torones; los torones están protegidos por resina epoxi y los cables están envueltos por una vaina de polietileno de alta densidad. La longitud del puente del Alamillo es de 250 metros.

El puente del Alamillo es original por carecer de tirantes de retenida, siendo el primer puente atirantado  que no posee esta banda de tirantes, lo que obligó a realizar un tablero con un canto mucho potente al que necesitan los puentes atirantados.

Santiago Calatrava también es autor de otros puentes considerados obras de arte de la ingeniería civil, tales como el de la Mujer en Buenos Aires (2001), el del Reloj del Sol de Redding (2004), el de Jerusalén y el de l’Assut de l’Or, ambos de 2008.

sábado, 7 de octubre de 2023

Crucifijo de don Fernando y doña Sacha

El crucifijo de don Fernando y doña Sancha es una pieza única por ser el primer Cristo crucificado en la historia de la escultura española. No se conoce su autor; se habla de un taller de León. Fernando I (rey de León, 1037-1065) y su esposa doña Sancha donaron el crucifijo en 1063 a la Real Colegiata Basílica de San Isidoro de León. Fue la manera de evidenciar el patronazgo regio sobre la Real Colegiata y la vinculación de los reyes de León con los reyes visigodos, que tuvieron entre sus costumbres hacer donaciones a la Iglesia.

Anónimo: Crucifijo de don Fernando y doña Sancha, 1063.
Estilo: Románico.
Técnica: Talla en marfil con incrustaciones de azabache.
Temática: Religiosa.
Dimensiones de la cruz: 52 cm. de alto  x 34,5 de brazos x 7 de ancho.
Dimensiones del Cristo: 30,5 cm. de alto.
Museo Arqueológico Nacional, Madrid, España.

   

La imagen de Cristo está tallada en marfil y es de bulto redondo. La cabeza tiene forma ovalada y está ladeada hacia la derecha; los ojos tienen forma de almendra, con pupilas negras gracias a incrustaciones de azabache; cabello acordonado y barba rizada en disposición simétrica; se presenta desnudo, sólo cubierto con el paño de pureza que cubre desde la cintura, donde se anuda con un lazo, hasta las rodillas; están marcados pectorales y abdomen; los brazos se disponen estirados; las piernas descansan sobre un pedestal con los pies en paralelo, lo que quiere decir que es un Cristo de cuatro clavos, el Cristo románico típico. En la espalda de Cristo hay un hueco que se usó como relicario para acoger el Lignum Crucis o vera cruz.


En el anverso del crucifijo de don Fernando y doña Sancha se reconoce el Agnus Dei y el tetramorfos.

  

La cruz está decorada al modo horror vacui. En el borde de la cruz se representan los bienaventurados ascendiendo al cielo y los réprobos descendiendo a los infiernos. Hay entremezcladas imágenes zoomórficas y vegetales. Sobre la cabeza de Cristo está grabada la inscripción "IHC NAZA / RENUSREX / IVDEORV", que se traduce por Jesús de Nazaret, rey de los judíos; y encima Cristo resucitado, nimbado y portando una cruz. Bajo los pies de Cristo se lee la inscripción "FERDINANDUSREX / SANCIAREGINA", que se traduce por Fernando rey, Sancha reina. En el centro del reverso de la cruz aparece el Agnus Dei o cordero de Dios, en los extremos de los brazos de la cruz el tetramorfos o cuatro evangelistas representados de manera simbólica, arriba el águila o san Juan, a la derecha el toro o san Lucas, a la izquierda el león o san Marcos y abajo el ángel o san Mateo.

El programa iconográfico obedece a los temas de la redención y la resurrección. Cristo se presenta triunfante sobre la muerte; está vivo sin manifestar dolor, dado que es Dios y no hombre. Este mensaje se refuerza por el hieratismo, la rigidez y la frontalidad de Cristo en la cruz.

Además de cumplir la función de relicario hizo las veces de crucifijo procesional, ya que la parte inferior del crucifijo presenta un orificio que permite ser ensamblado a un soporte o palo procesional.

La trascendencia del crucifijo de don Fernando y doña Sancha se debe a ser el primer Cristo crucificado en la historia de la escultura española. Aun así, se reconocen influencias bizantinas carolingias y otónidas. Vino a sustituir el modelo hispánico tradicional de cruz triunfante patada.