viernes, 25 de mayo de 2018

El emperador Carlos V y el Furor, de León Leoni

León Leoni (Arezzo, 1509-Milán, 1590) fue un escultor manierista italiano. Trabajó en Italia, Alemania, Austria, Francia, los Países Bajos y Castilla, donde desarrolló la mayor parte de su carrera artística y más exitosa. Sobre todo trabajó en bronce, pero también realizó obras en alabastro, mármol y piedras preciosas. En Castilla trabajó para Carlos V y Felipe II. Su obra más destacada es El emperador Carlos V y el Furor (1551).

León Leoni: El emperador Carlos V y el Furor, 1551.
Estilo: Manierismo.
Técnica: Bronce fundido y patinado.
Temática: Retrato.
Dimensiones: 251 x 143 x 130 cm.
Museo Nacional del Prado, Madrid, España.


La idea de una escultura que presentase al emperador Carlos V como vencedor de los enemigos de la Monarquía Hispánica y hombre de paz fue de León Leoni, que la presentó a Carlos V a través del cardenal Granvela. Carlos V aprobó el proyecto y encargó la realización de la escultura.

León Leoni se inspiró en un versó de la Eneida, de Virgilio, que dice Saeva sedens super arma, y que guarda relación con el momento en el que Eneas pacifica el Lacio después de encerrar al Furor en el templo de Jano y declarar la paz. En los aspectos formales se inspiró en distintas obras de Bandinelli.

El emperador Carlos V y el Furor, más conocida como Carlos V dominando el Furor, se compone de una plataforma sobre la que se disponen las figuras de Carlos V sometiendo al Furor.

Carlos V se presenta como un héroe de la Grecia antigua, que se puede cubrir con una coraza de inspiración romana. Se presenta de pie, en contrapostto, sujetando una lanza con la mano derecha y con la izquierda un alfanje. La coraza está compuesta por un peto y un espaldar desmontable; en las hombreras aparecen cabezas de león y en la derecha una figura de Marte, que hace referencia a la guerra; bajo el ristre aparece un tritón; le cruza el torso una banda y le cuelga al cuello el Toisón de Oro.

El Furor está representado por una figura desnuda y barbada, que se retuerce de dolor. En la mano derecha lleva una tea encendida. Está sujeto a Carlos V por unas cadenas.

En la base de la escultura aparecen objetos alusivos a la guerra: un morrión, una coraza, un escudo, un tridente, una trompeta, una maza, un carcaj y un haz de líctor romano con un hacha.

La escultura llama la atención por una perfección técnica y detallismo admirables; los rostros y anatomía de Carlos V y el Furor son perfectos, si bien, los cuerpos presentan un realismo idealizado; el semblante de Carlos V es sereno, mientras que el del Furor es de una angustia y dolor que anticipa el estilo barroco. Además, es una de las pocas esculturas desmontable del manierismo.

viernes, 18 de mayo de 2018

Museo Nacional del Romanticismo

Benigno de la Vega-Inclán, II marqués de la Vega-Inclán (1858-1942), exhibió parte de su patrimonio artístico en una exposición organizada por la Sociedad Española de Amigos del Arte en 1921. El patrimonio expuesto lo donó al Estado español con el fin de que se convirtiese en una colección de arte abierta al público de manera permanente. Así nació el Museo Romántico, que reuniría y daría a conocer el patrimonio artístico generado durante el siglo XIX y de manera especial del reinado de Isabel II (1833-1868). Se eligió como sede del museo el palacio del marqués de Matallana, un edificio neoclásico de finales del siglo XVIII ubicado en el centro de Madrid obra de Manuel Martín Rodríguez. El Museo Romántico abrió al público en 1924, en 2001 cerró para ser reformado y en 2009 abrió sus puertas con la denominación Museo Nacional del Romanticismo.

Leonardo Alenza pintó Sátira de un suicidio romántico (1839), uno de los cuadros más célebres del Museo Nacional del Romanticismo.


Los fondos del Museo Nacional del Romanticismo se organizan en siete colecciones:
  • Pintura. Reúne obras de pintores considerados precedentes del Romanticismo, caso de Goya. Se exhiben cuadros de paisajes de Jenaro Pérez Villamil, costumbristas de Leonardo Alenza y Cabral Bejarano, orientalista de Francisco Lameyer y retratos de Federico de Madrazo.
  • Miniatura. Agrupa más de 200 miniaturas, la mayoría de artistas españoles como Cecilio Corro, José Delgado y Vicente López entre otros.
  • Dibujo. Es la colección fundacional del museo. Reúne dibujos a lápiz de José de Madrazo, vistas de Madrid de José María Barrial, costumbristas de Leonardo Alenza, retratos de Vicente Rodes y José María Casado de Alisal y acuarelas de Antonio María Esquivel.
  • Estampa. Es una de las colecciones más importantes del museo por cantidad –más de 3.000 piezas–, calidad y diversidad temática.
  • Fotografía. Formada por más de 4.000 piezas que  muestran los procedimientos fotográficos empleados durante el Romanticismo, desde los daguerrotipos hasta las técnicas fotomecánicas. Además, se muestran fotografías estereoscópicas y diaphanoramas
  • Mobiliario. Alrededor de 600 piezas, las más sobresalientes son de los estilos Imperio francés e isabelino.
  • Artes decorativas. Se exhiben piezas de porcelana y cerámica de Sargadelos, La Cartuja, Talavera de la Reina y Puente del Arzobispo entre otras, además de abanicos, joyas y labores.

José María Casado de Alisal pintó en acuarela El general Espartero (1872).


Son de destacar las labores de investigación, actividades educativas y publicaciones que lleva a cabo el Museo Nacional del Romanticismo. Entre las publicaciones hay que citar la revista Museo Romántico, que se edita desde 1998.

viernes, 11 de mayo de 2018

Frontal de Santa María de Avià, del maestro de Avià

Del maestro de Avià apenas se tienen datos. Se sabe que trabajó en Cataluña a finales del siglo XII y primeras décadas del XIII. Se le atribuyen el frontal de Santa María de Avià (1170-1190) y el frontal de San Sadurní de Rotgers (primer tercio del siglo XIII).

El antipendio es la parte delantera del altar. Durante el románico en Cataluña se decoraba con pinturas realizadas sobre tablas llamadas frontales, que cubrían la parte delantera del altar y, en ocasiones, también las laterales. Cumplían una función de adoctrinamiento de los fieles. Estaban dedicados a la vida de Jesús, la Virgen o al santo que daba nombre a la iglesia.

Maestro de Avià: Frontal de Santa María de Avià, 1170-1190.
Estilo: Románico.
Técnica: Temple sobre madera, barniz dorado y estuco.
Temática: Religiosa.
Dimensiones: 105 x 176 cm.
Museo Nacional de Arte de Cataluña, Barcelona, España.


El frontal de Santa María de Avià está dedicado a la Virgen María y se estructura en cinco escenas: Virgen con el Niño, Anunciación, Nacimiento, Epifanía y Presentación de Jesús en el templo.

La escena de la Virgen con el Niño ocupa el centro del frontal y es la de mayor tamaño. La Virgen aparece sentada en un trono con el Niño sentado en el regazo, bajo un arco trilobulado y dos ángeles. La Virgen y el Niño se presentan nimbados; la Virgen viste un manto azul adornado con motivos florales; el Niño mira hacia su lado derecho, y adopta un gesto parecido al de la bendición; ambos destacan sobre un fondo ocre.

La Anunciación ocupa la parte superior derecha. Son dos escenas: en la de la izquierda el arcángel Gabriel se aparece a la Virgen y la anuncia la buena nueva; y en la de la derecha Isabel visita a la Virgen y se abrazan. Ambas escenas aparecen encuadradas bajo arcos de medio punto.

El Nacimiento ocupa la parte superior derecha. La Virgen María y José aparecen sentados a ambos lados del Niño Jesús en la cuna, cubierto por un lienzo, y detrás el asno y el buey. Los nimbos de la Virgen María y del Niño Jesús son ovalados y el de José circular.

La Epifanía ocupa la parte inferior izquierda. Aparecen los tres reyes magos identificados por sus nombres en mayúsculas: GASPAR, BALTASAR y MELCHIOR. Los tres aparecen coronados.

La Presentación de Jesús en el templo ocupa la parte inferior derecha. Simeón devuelve a Jesús a la Virgen María, que hace el gesto de recibirle en los brazos; a la derecha, se reconoce a la sacerdotisa Ana y, a la izquierda, un personaje del que se desconoce la identidad.

Las escenas están separadas por líneas en relieve hechas con estuco.

La influencia bizantina se constata en el alargamiento de las figuras y la riqueza de las vestiduras de inspiración oriental.

Los colores predominantes son el azul y el rojo, y los secundarios el amarillo y el verde. La tonalidad es intensa y contrasta con el barniz dorado.

Los aspectos formales se ajustan a las características de la pintura románica:
  • Simetría bilateral, tomando como eje las figuras de la Virgen con el Niño.
  • Perspectiva jerárquica, que sirve para indicar la importancia de las figuras, siendo la de mayor tamaño la de la Virgen.
  • Frontalidad, geometrización, hieratismo e isocefalia de las figuras, que no manifiestan sentimiento alguno. Su canon es alargado.
  • Los paños presentan dobleces antinaturalistas y carecen de textura, no se puede saber de qué tejido están hechos.
  • La línea se impone al color, es gruesa y negra, y sirve para delimitar los contornos.
  • El color es plano. La gama es escasa –azul, blanco, amarillo, verde y rojo– y carente de tonalidades, pero de un fuerte impacto simbólico: el azul representa la eternidad y la nobleza, el blanco la pureza, el amarillo la Gloria, el verde la esperanza y el rojo la Pasión. El negro no cumple una función simbólica.
  • La luz es inexistente.
  • No hay espacio, el fondo es plano.
  • La decoración es escasa, sólo unas líneas estucadas que separan las escenas y enmarcan el frontal.


El frontal de Santa María de Avià debe su importancia a ser ejemplo de la introducción del estilo italo-bizantino en el Románico catalán, que se distingue por la ausencia de simetría en las escenas y el progresivo abandono del hieratismo en las figuras, que se humanizan.


viernes, 4 de mayo de 2018

La Piedad con dos ladrones, de Gregorio Fernández

Gregorio Fernández (Sarria, 1576-Valladolid, 1636) es el mejor representante de la Escuela castellana de escultura barroca. Se formó como escultor con Francisco de Rincón y Pompeo Leoni. Se instaló en Valladolid en 1605 atraído por su condición de capital de la Monarquía hispánica. Contó con clientes poderosos y adinerados: Felipe III, el duque de Lerma, los condes de Fuensaldaña, órdenes monásticas y cofradías de Semana Santa. En 1606 Madrid recuperó la capitalidad, pero Gregorio Fernández decidió quedarse en Valladolid y fundar un taller de escultura que atendiese un número creciente de encargos. Sus obras son de temática religiosa destacando La Piedad con dos ladrones (1616), Cristo atado a la columna (1619) y Cristo yacente (1627).

Gregorio Fernández: La Piedad con dos ladrones, 1616.
Estilo: Barroco.
Técnica: Madera policromada.
Temática: Religiosa.
Dimensiones: 175 cm. de altura.
Museo Nacional Colegio de San Gregorio, Valladolid, España.


La Piedad con dos ladrones –más conocida como La Piedad– fue un encargo de la Cofradía de Nuestra Señora de las Angustias de Valladolid con el fin de sustituir un paso procesional de papelón del siglo XVI. El conjunto escultórico se completaba con las figuras de san Juan Bautista y María Magdalena y los ladrones Dimas y Gestas crucificados. En su ubicación en el Museo Nacional Colegio de San Gregorio no forman parte del conjunto las figuras de san Juan y María Magdalena, que se conservan en la iglesia de la cofradía de Nuestra Señora de las Angustias de Valladolid.

El conjunto escultórico presenta una composición en pirámide asimétrica debido a que la figura de Cristo dibuja una diagonal con respecto a la Virgen María. Puede ser visto desde varios puntos de vista.

La Virgen María acaba de recibir el cuerpo sin vida de su hijo tras el descendimiento de la cruz; aparece sentada con el cuerpo de Cristo recostado en parte en su regazo; viste un paño blanco que le cubre la cabeza, una túnica roja y un manto azul; su expresión es de dolor, con la mirada hacia el cielo, la mano derecha extendida buscando otra que le dé consuelo y con la izquierda sujeta el brazo izquierdo de Cristo para evitar que caiga al suelo. Cristo aparece desnudo sobre un lienzo que apenas le cubre; se aprecian las heridas de la pasión en frente, manos, cuerpo, rodillas y pies.

La Piedad con dos ladrones es una de las obras maestras de Gregorio Fernández y de la escultura barroca castellana.


El realismo y el dramatismo se acusan por el empleo de postizos, los ojos son de vidrio.

El simbolismo se manifiesta a través de los colores de la vestimenta de la Virgen María: el azul simboliza su nobleza y eternidad, el blanco su pureza y el rojo que Cristo sufrió la Pasión.

La influencia flamenca se pone de manifiesto en los pliegues angulosos de las ropas de la Virgen María y en el lienzo de Cristo. Es un tipo de pliegue que favorece los contrastes lumínicos.

De la policromía se encargó Marcelo Martínez y de los postizos Hervás García.

La Piedad con dos ladrones es una de las esculturas más destacadas de Gregorio Fernández por reunir las características que distinguen su obra de la de otros escultores y al Barroco castellano de otras escuelas escultóricas: uso de madera tallada policromada, colores sobrios, expresión dramática de las figuras, estudio anatómico de los cuerpos, desnudo masculino, uso de postizos para reforzar el realismo de las figuras y ropajes con pliegues muy marcados.

La Piedad con dos ladrones se ajusta al programa doctrinal del Concilio de Trento (1545-1563) y la Contrarreforma católica. Busca exaltar la fe y el sentimiento religioso en el espectador.