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sábado, 12 de marzo de 2022

Cristo yacente, de Gregorio Fernández

Gregorio Fernández (Sarria, 1576-Valladolid, 1636) es el mejor representante de la Escuela castellana de escultura barroca. Se formó como escultor con Francisco de Rincón y Pompeo Leoni. Se instaló en Valladolid en 1605 atraído por su condición de capital de la Monarquía Hispánica. Contó con clientes poderosos y adinerados: Felipe III, el duque de Lerma, los condes de Fuensaldaña, órdenes monásticas y cofradías de Semana Santa. En 1606 Madrid recuperó la capitalidad, pero Gregorio Fernández decidió quedarse en Valladolid y fundar un taller de escultura que atendiese un número creciente de encargos. Sus obras son de temática religiosa destacando el Cristo yacente (1614), La Piedad con dos ladrones (1616) y El Señor atado a la columna (1619).

Gregorio Fernández: Cristo yacente, 1614.
Estilo: Barroco.
Técnica: Madera policromada.
Temática: Religiosa.
Dimensiones: 190 x 73 x 43 cm.
Museo Nacional Colegio de San Gregorio, Valladolid, España.

  

Cristo yacente se trata de Cristo muerto sin acompañamiento de ningún tipo, ni la cruz, ni la Virgen, ni ningún otro personaje, sólo Cristo antes de ser enterrado. El cadáver de Cristo aparece desnudo, tendido sobre una sábana y un almohadón y con la cabeza inclinada hacia el lado derecho. Las señales del sufrimiento son visibles: la herida en el costado derecho, la sangre brotando de la misma, de las rodillas y de la frente, párpados caídos, casi cerrados, boca entreabierta, que deja ver los dientes, esternón elevado, costillas marcadas, pies entumecidos, bañado en sudor. El cuerpo está modelado con delicadeza y maestría, el estudio anatómico es perfecto en el tratamiento de cada parte del cuerpo. La maestría en las texturas también se muestra en los pliegues de la sábana, que en parte hace las veces de paño de pureza. Se usaron postizos para aumentar el patetismo: cristal para los ojos, marfil para los dientes, asta para las uñas, resina para el sudor y las lágrimas y corcho para los coágulos de sangre.

La fuerza expresiva de Cristo se centra en el rostro, que muestra las señales del sufrimiento vivido para la salvación de los creyentes.

  

Las imágenes de Cristo yacente se situaban en el sotabanco de los retablos y se sacaban en procesión durante la Semana Santa –aún hoy sigue siendo así– con el fin de promover la identificación del creyente con Cristo. En este sentido, Gregorio Fernández, inspirándose en los principios de la Contrarreforma, popularizó un nuevo tipo de imagen, el Cristo yacente, solo, a la espera de ser enterrado.

Después del Cristo yacente del monasterio de San Felipe Neri de Madrid Gregorio Fernández hizo otros: los de San Pablo, Santa Catalina y Santa Ana, en Valladolid, los de la Encarnación y San Plácido, en Madrid, los de los conventos de las Clarisas en Monforte de Lemos y Medina de Pomar y el de la Santa Iglesia Catedral de Nuestra Señora de la Asunción y San Frutos de Segovia.

Gregorio Fernández tuvo el acierto de popularizar un tipo iconográfico que se insertó en el imaginario del creyente español.

viernes, 4 de mayo de 2018

La Piedad con dos ladrones, de Gregorio Fernández

Gregorio Fernández (Sarria, 1576-Valladolid, 1636) es el mejor representante de la Escuela castellana de escultura barroca. Se formó como escultor con Francisco de Rincón y Pompeo Leoni. Se instaló en Valladolid en 1605 atraído por su condición de capital de la Monarquía hispánica. Contó con clientes poderosos y adinerados: Felipe III, el duque de Lerma, los condes de Fuensaldaña, órdenes monásticas y cofradías de Semana Santa. En 1606 Madrid recuperó la capitalidad, pero Gregorio Fernández decidió quedarse en Valladolid y fundar un taller de escultura que atendiese un número creciente de encargos. Sus obras son de temática religiosa destacando La Piedad con dos ladrones (1616), Cristo atado a la columna (1619) y Cristo yacente (1627).

Gregorio Fernández: La Piedad con dos ladrones, 1616.
Estilo: Barroco.
Técnica: Madera policromada.
Temática: Religiosa.
Dimensiones: 175 cm. de altura.
Museo Nacional Colegio de San Gregorio, Valladolid, España.


La Piedad con dos ladrones –más conocida como La Piedad– fue un encargo de la Cofradía de Nuestra Señora de las Angustias de Valladolid con el fin de sustituir un paso procesional de papelón del siglo XVI. El conjunto escultórico se completaba con las figuras de san Juan Bautista y María Magdalena y los ladrones Dimas y Gestas crucificados. En su ubicación en el Museo Nacional Colegio de San Gregorio no forman parte del conjunto las figuras de san Juan y María Magdalena, que se conservan en la iglesia de la cofradía de Nuestra Señora de las Angustias de Valladolid.

El conjunto escultórico presenta una composición en pirámide asimétrica debido a que la figura de Cristo dibuja una diagonal con respecto a la Virgen María. Puede ser visto desde varios puntos de vista.

La Virgen María acaba de recibir el cuerpo sin vida de su hijo tras el descendimiento de la cruz; aparece sentada con el cuerpo de Cristo recostado en parte en su regazo; viste un paño blanco que le cubre la cabeza, una túnica roja y un manto azul; su expresión es de dolor, con la mirada hacia el cielo, la mano derecha extendida buscando otra que le dé consuelo y con la izquierda sujeta el brazo izquierdo de Cristo para evitar que caiga al suelo. Cristo aparece desnudo sobre un lienzo que apenas le cubre; se aprecian las heridas de la pasión en frente, manos, cuerpo, rodillas y pies.

La Piedad con dos ladrones es una de las obras maestras de Gregorio Fernández y de la escultura barroca castellana.


El realismo y el dramatismo se acusan por el empleo de postizos, los ojos son de vidrio.

El simbolismo se manifiesta a través de los colores de la vestimenta de la Virgen María: el azul simboliza su nobleza y eternidad, el blanco su pureza y el rojo que Cristo sufrió la Pasión.

La influencia flamenca se pone de manifiesto en los pliegues angulosos de las ropas de la Virgen María y en el lienzo de Cristo. Es un tipo de pliegue que favorece los contrastes lumínicos.

De la policromía se encargó Marcelo Martínez y de los postizos Hervás García.

La Piedad con dos ladrones es una de las esculturas más destacadas de Gregorio Fernández por reunir las características que distinguen su obra de la de otros escultores y al Barroco castellano de otras escuelas escultóricas: uso de madera tallada policromada, colores sobrios, expresión dramática de las figuras, estudio anatómico de los cuerpos, desnudo masculino, uso de postizos para reforzar el realismo de las figuras y ropajes con pliegues muy marcados.

La Piedad con dos ladrones se ajusta al programa doctrinal del Concilio de Trento (1545-1563) y la Contrarreforma católica. Busca exaltar la fe y el sentimiento religioso en el espectador.

viernes, 6 de marzo de 2015

Gregorio Fernández

Gregorio Fernández (Sarria, Lugo, 1576-Valladolid, 1636) es el mejor representante de la Escuela castellana de escultura barroca. Se instaló en Valladolid en 1605 atraído por su condición de capital de la Monarquía. Encontró una clientela poderosa y adinerada: Felipe III, el duque de Lerma, los condes de Fuensaldaña, las principales órdenes monásticas y las cofradías de Semana Santa. En 1606 Madrid recuperó la capitalidad, pero Gregorio Fernández decidió quedarse en Valladolid y fundar un taller de escultura que atendiese un número creciente de encargos. En su taller destacó el pintor Diego Valentín Díaz.

Piedad con dos ladrones, 1616.
Museo Nacional Colegio de San Gregorio, Valladolid, España.
Gregorio Fernández buscó despertar el sentimiento católico del creyente.
  

Gregorio Fernández se vio influido y supo sintetizar su naturalismo de Francisco Rincón, la expresividad de Alonso Berruguete, el dramatismo de Juan de Juni y la elegancia y refinamiento académico de Pompeyo Leoni. También se vio influido por el pensamiento contrarreformista.

Gregorio Fernández evolucionó desde un manierismo refinado a un barroco naturalista.

Las características formales de la escultura de Gregorio Fernández son las siguientes:
  • Uso de madera tallada policromada.
  • Uso de colores sobrios.
  • Dramatismo de los temas tratados.
  • Fuerza expresiva concentrada en el rostro y las manos de los personajes.
  • Estudio anatómico de los cuerpos.
  • Desnudos exclusivamente masculinos.
  • Uso de postizos para reforzar el realismo de las figuras. Los postizos utilizados son el cristal para los ojos, el marfil para los dientes, el asta para las uñas, la resina para el sudor y las lágrimas y el corcho para los coágulos de sangre.
  • Ropajes con pliegues muy marcados para favorecer los contraste lumínicos.
Cristo atado a la Columna, 1619.
Iglesia penitencial de la Vera Cruz, Valladolid.
Gregorio Fernández buscaba que el creyente se identificase con el Señor.


Gregorio Fernández cultivó los más diversos temas, pero a todos los marcó con su impronta personal:
  • Los Crucificados se muestran serenos, sin contorsiones y el paño de pureza vuela extensamente formando “arrugas de papel”. Sobresalen el Cristo del Consuelo (1610), el Cristo de San Marcial (1628) y el Cristo de la Luz (1633).
  • Los Cristos yacentes representan a Cristo muerto tendido sobre un sudario, agotado por el dolor y el sufrimiento. Destacan el Cristo yacente de la iglesia de San Pablo de Valladolid, encargado por el duque de Lerma, (1615), el Cristo yacente del Museo Nacional Colegio de San Gregorio (1627) y el Cristo yacente del Real Monasterio de San Joaquín y Santa Ana de Valladolid, regalo de Felipe IV, (1631).
  • Las Piedades se caracterizan por el naturalismo, el sentimiento religioso y el patetismo. Son de destacar La Piedad del convento del Carmen Descalzo (1612), La Piedad de la cofradía de Nuestra Señora de la Angustias (1616).
  • Las Inmaculadas son de cuerpo cilíndrico y se representan con las manos juntas, manto trapezoidal y cabeza con corona y aureola de rayos metálicos. Sobresale La Inmaculada de la Vera Cruz (1620).
  • Los pasos procesionales son escenas narrativas a tamaño natural. El mejor es El Descendimiento (1623).
  • Los Cristos atados a la Columna conmueven por su patetismo. Hay que destacar el Cristo atado a la Columna del Real Monasterio de la Encarnación de Madrid (1616) y el Cristo atado a la Columna de la Vera Cruz (1619).
  • Los Ecce-Homo están llenos de dolor. Destacan el Ecce-Homo de la catedral de Valladolid (1616) y el Ecce-Homo de la Santa Vera Cruz (1620).
  • Sus mejores Vírgenes son Nuestra Señora de la Vera Cruz (1623) y la Quinta Angustia (1625).
  • Sus retablos están formados por unas pocas esculturas de bulto redondo. Los más señeros son el Retablo Mayor de la catedral de Miranda de Duero, Portugal (1610), el Retablo Mayor de las Huelgas de Reales de Valladolid (1613), el Retablo Mayor de las Descalzas de Valladolid (1613), el Retablo Mayor de la iglesia de los Santos Juanes de Nava del Rey (1613) y el Retablo Mayor de la catedral de Plasencia (1625).
Cristo yacente, 1627.
Museo Nacional Colegio de San Gregorio, Valladolid, España.
Gregorio Fernández creó un nuevo tipo escultórico, el Cristo yacente.


Francisco Rincón fue el fundador de la Escuela castellana de escultura barroca, pero Gregorio Fernández fue quien la definió en sus características distintivas, que se practicaron durante casi todo el siglo XVII en su taller de Valladolid.

Gregorio Fernández es el escultor que mejor representa el catolicismo reformista por buscar y consiguir la exaltación de la fe católica y del misticismo en el creyente que se acercaba a contemplar sus esculturas.