sábado, 19 de diciembre de 2015

Gaudí

Antoni Gaudí (Reus, 1852-Barcelona, 1926) está entre los arquitectos más destacados de todos los tiempos por su capacidad creativa y originalidad. Revolucionó la arquitectura inspirándose en la naturaleza para crear nuevos elementos constructivos.

La Sagrada Familia de Barcelona es la obra más universal de  Antoni Gaudí.


Antes de ser arquitecto, Gaudí trabajó como delineante para Serrallach, Martorell, Sala Cortés, de Paula y Fontseré, los arquitectos más reconocidos de los que trabajaban en la Barcelona de los años setenta del siglo XIX.

El primer año importante en la carrera artística de Gaudí fue 1878. Obtuvo el título de arquitecto por la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona, su vitrina para Guantería Esteban Comella obtuvo el reconocimiento en la Exposición Universal de París y le sirvió para conocer al industrial Eusebio Güell, que se convirtió en su mecenas.

Otro año importante en la trayectoria de Gaudí fue 1883. Aceptó hacerse cargo de las obras recién iniciadas del Templo expiatorio de la Sagrada Familia de Barcelona.

En 1900 recibió el premio al mejor edificio del año por el Ayuntamiento de Barcelona por la Casa Calvet.

En 1910 el Salón de la Societé des Meaux-Arts de Francia organizó en el Grand Palais de París una exposición dedicada a Gaudí, que se repitió en 1911 en el Pabellón Municipal de Exposiciones del Buen Retiro de Madrid. Ambas exposiciones fueron un éxito de público y crítica.

Desde 1915 Gaudí se dedicó casi en exclusiva a la obra que le inmortalizó, la Sagrada Familia.

Colegio de las Teresianas de Barcelona (1888-1889). La columna helicoidal fue uno de los elementos constructivos más utilizados por Gaudí y el ladrillo uno de los materiales de construcción más empleados.


Gaudí creó una arquitectura con unas características que la hacen inconfundible:
  • La naturaleza es la fuente de inspiración para crear nuevas formas caso del paraboloide hiperbólico, el hiperboloide, el helicoide y el conoide.
  • Integración del edificio en el paisaje de una manera natural. Para conseguirlo elegía como material de construcción el más común en el entorno próximo.
  • Orientaba el edificio para obtener la iluminación óptima, que consideraba conseguida si la luz incidía con una inclinación de 45 º.
  • Distribución del espacio interior adaptándolo al uso que se le iba a dar.
  • Entre los elementos constructivos más utilizados aparecen el arco catenario, hasta entonces empleado sólo en los puentes suspendidos, las bóvedas catalana tabicada e hiperboloide y  las columnas helicoidal y arborescente inclinada.
  • Entre los materiales constructivos más utilizados aparecen el ladrillo unido con argamasa en capas superpuestas, los hierros colado y forjado, el hormigón armado, el vidrio, el azulejo cerámico y el trencadís o cerámica de deshecho.
  • Utilizó como motivos decorativos la cruz de cuatro brazos y el dragón. Las chimeneas y torres las valorizó como elementos decorativos.
  • Innovó la técnica de hacer vidrieras. Yuxtaponía tres vidrios, cada uno de los colores primarios –amarillo, azul y rojo– y, en ocasiones, uno neutro, todos de distinto grosor.
  • En el método de trabajo fue contrario a dibujar planos; prefería construir maquetas, que podía modificar sobre la marcha, igual que el edificio que iba a construir.
  • En el mobiliario reproducía las características formales del edifico que lo contenía. Se especializó en mobiliario litúrgico.

Gaudí fue el primer arquitecto en utilizar el arco catenario como elemento constructivo en un edificio. Fue en la Cooperativa Obrera Mataronense (1878-1882).


De entre las primeras obras de Gaudí hay que destacar la Cooperativa Obrera Mataronense (1878-1882). En la nave de la fábrica utilizó por primera vez el arco catenario como elemento constructivo y en el edificio de servicios el azulejo cerámico como recurso decorativo.

Otros trabajos de sus primeros años fueron las farolas de la Plaza Real de Barcelona, los kioscos Girossi y el mobiliario para la capilla-panteón del Palacio de Sobrellano de Comillas.

Durante la etapa orientalista (1883-1888) Guadí se inspiró en la arquitectura tradicional oriental. Sus mejores obras son El Capricho de Comillas (1883-1885), la Casa Vicens de Barcelona (1883-1888), los Pabellones Güell de Pedralbes (1884-1887) y el Palacio Güell de Barcelona (1886-1888).

El Capricho presenta planta rectangular (15 x 36 ms.), con tres alturas y torre cilíndrica inspirada en los alminares persas revestida de cerámica. La puerta de acceso es adintelada sobre columnas con capiteles ornamentales con pájaros y hojas de palmito.

La Casa Vicens se organiza en cuatro plantas, con tres fachadas y remate de chimeneas y torres con forma de templetes; cuenta con jardín con fuente monumental de ladrillo. En el interior llaman la atención las vigas de madera policromada de los techos y el suelo en opus tesselatum.

En  los Pabellones Güell (1884-1887) llama la atención el dragón que adorna la reja de la puerta de entrada. El dragón fue un elemento decorativo muy utilizado por Gaudí.
  

La puerta principal a los Pabellones Güell (1884-1887) cuenta con una reja de hierro en forma de dragón. Los pabellones constan de una caballeriza, de planta rectangular cubierta con bóveda en arco de catenaria tabicada; un picadero, de planta cuadrada con cúpula hiperboloide y templete; y portería en tres espacios, el central de planta poligonal y cúpula hiperbólica, y los otros dos de planta cúbica. Como material de construcción se usó el ladrillo visto en amarillo y rojo.

Del Palacio Güell destacan el recibidor con cubierta con doble cúpula, paraboloide en el interior y cónica en el exterior; y la tribuna de la fachada con arcos catenarios y columnas con capiteles hiperboloides.

Durante la etapa neogótica (1888-1898) Gaudí estudió a Viollet-le-Duc y el gótico español. Llegó a la conclusión de que la arquitectura gótica era imperfecta. Para superarla creó la columna arborescente que le permitió suprimir el contrafuerte; además, eliminó las cresterías. De estos años destacan el Colegio de las Teresianas de Barcelona (1888-1889), el Palacio Episcopal de Astorga (1889-1915) y la Casa Botines de León (1891-1894).

El Colegio de las Teresianas destaca por su sobriedad y por contar con elementos distintivos de la arquitectura de Gaudí, caso del arco catenario, la columna helicoidal y la cruz de cuatro brazos.

El Palacio Episcopal de Astorga presenta un pórtico con tres arcos ojivales abocinados separados por contrafuertes inclinados, cuatro torres cilíndricas y almenado mudéjar. Gaudí abandonó el proyecto en 1893 y lo concluyó en 1915 Ricardo García Guereta.

El Palacio Episcopal de Astorga (1889-1915) es de estilo neogótico.
  

La Casa de los Botines se levantó con sillar almohadillado. Las esquinas están ocupadas por torres cilíndricas rematadas con agujas cónicas de pizarra; las ventanas son de guillotina con voladizos inclinados; y en la fachada destaca la escultura San Jorge y el dragón de Lorenzo Matamala.

Durante la etapa naturalista (1898-1914) Gaudí se inspiró en las formas de la naturaleza. Sus obras se pueden incluir en el modernismo orgánico, y destacan la Casa Calvet (1898-1899), el parque Güell (1900-1914), la Casa Batlló (1904-1906) y la Casa Milà (1906-1910), todas en Barcelona.

La Tribuna es uno de los elementos más destacados de la Casa Calvet (1898-1899).
  

La Casa Calvet se construyó en piedra de sillería. En la fachada destacan la tribuna del piso principal, decorada con motivos mitológicos y vegetales, los balcones de hierro forjado y dos frontones rematados con cruces de hierro forjado.

En el parque Güell la arquitectura se adapta al medio físico. Tres elementos llaman la atención: los pilares inclinados, que cumplen tres funciones: arquitectónica, al actuar de contrarresto; técnica, al servir de drenaje; y decorativa, al simular árboles; las fuentes esculpidas, donde aparece el dragón, símbolo del parque y emblema decorativo de Gaudí; y el banco corrido hecho en trencadís.

El banco corrido del parque Güell está hecho en trencadís, un mosaico hecho con trozos de cerámica de deshecho.
  

La Casa Batlló presenta varios elementos de interés: la fachada ondulada con columnas con forma ósea y decoración en trencadís; el patio con claraboya de cristal sobre estructura de hierro que apoya en arcos catenarios; y la azotea con chimeneas helicoidales revestidas con vidrio transparente y cerámica rematadas con sombreretes cónicos y bolas de vidrio que contienen arena de distintos colores.

La Casa Batlló (1904-1906) es uno de los iconos de la ciudad de Barcelona por su llamativa fachada en la que se reconocen columnas con forma de hueso.
  

La Casa Milà o La Pedrera se organiza a partir de dos patios curvilíneos, uno circular y otro oval. Se estructura sobre pilares de piedra, ladrillo y hierro colado que no concuerdan entre plantas, creándose una auténtica planta libre. La fachada está hecha en piedra calcárea y azulejos blancos en la parte superior. Las chimeneas parecen esculturas abstractas. Al exterior las líneas son cónicas y convexas, y en el interior se mezclan ángulos agudos y obtusos con pasillos curvos. No hay dos habitaciones iguales y ninguna está al mismo nivel.

La obra maestra de Gaudí es el Templo expiatorio de la Sagrada Familia de Barcelona, iniciado en 1883 e inconcluso a su muerte. La planta de cruz latina, dentro de un rectángulo exterior, presenta ábside con deambulatorio. Destacan las torres: en el centro del crucero la de Jesucristo de 170 ms. de altura, rodeada de otras cuatro que representan a los evangelistas; otras cuatro torres, dedicadas a los apóstoles se reparten entre las portadas de la Gloria, al sur, de la Pasión, al oeste, y de la Natividad, al este; la torre del ábside representa a la Virgen María. Las torres son de perfil parabólico y están perforadas para resistir mejor los vientos. Las columnas arborescentes crean un sugestivo juego de luces en el interior.

Interior de la Sagrada Familia de Barcelona.
Gaudí ideó la columna arborescente como elemento sustentante.
  

En los años posteriores a su muerte la obra de Gaudí fue considerada de forma negativa por barroca. No fue hasta mediados del siglo XX, y gracias a Dalí y Sert, que Gaudí fue reivindicado como uno de los grandes arquitectos de todos los tiempos. Así, en 1956 se organizó una exposición sobre Gaudí en el Salón del Tinell de Barcelona y otra en el MOMA de Nueva York en 1957. En 1956 se instituyó la Cátedra Gaudí en la Universidad Politécnica de Barcelona, que en 1987 fue elevada a Real Cátedra Gaudí por el rey Juan Carlos I. En 2002 se celebró el Año Internacional Gaudí. Varias de sus obras han sido reconocidas por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad: en 1984 el Parque Güell, el Palacio Güell y la Casa Milà, y en 2005 la Casa Batlló y la Sagrada Familia.

Gaudí apenas influyó en arquitectos contemporáneos por no haber dejado escritos tratados de arquitectura, ni haber creado escuela. Se reconoce cierta influencia en arquitectos modernistas caso de Martorell y Muncunill. Sin embrago, en años posteriores Le Corbusier se declaró admirador suyo, y Nervi, Niemeyer, Candela y Calatrava entre sus deudores.

sábado, 12 de diciembre de 2015

Museo de Bellas Artes de La Coruña

La idea de crear el Museo de Bellas Artes de La Coruña es de finales del siglo XIX, pero hubo que esperar hasta 1929. El primer director del museo fue Ángel del Castillo, que se ocupó en adquirir las primeras obras y formar la colección. En 1938, por iniciativa del pintor Fernando Álvarez de Sotomayor, la colección del museo se instaló en el edificio del Consulado del Mar. En 1995 se abrió la nueva sede del museo, que ocupa el convento de las Capuchinas, del siglo XVIII, obra de Fernando Casas y Novoa, y un edificio de nueva planta, obra de Manuel Gallego Jorreto.

Uno de los cuadros más célebres del Museo de Bellas Artes de La Coruña es El gaitero (1876), de Antonio Jaspe Moscoso.


Los fondos del Museo de Bellas Artes de La Coruña se formaron a partir de donaciones particulares, de artistas e instituciones públicas, depósitos del Museo Nacional del Prado y la adquisición de obras por parte del museo y de la Xunta de Galicia.

Las colecciones que se exhiben en el Museo de Bellas Artes de La Coruña son de temática muy diversa. Se agrupan en las ocho secciones siguientes:
  • Pintura religiosa de los siglos XVI y XVII. Se muestran lienzos del Renacimiento y el Barroco. Destacan Ecce-Homo, de Luis de Morales, Cristo en la cruz, de Nicolás Borrás y El apóstol san Andrés, de José de Ribera.
  • Barroco. Hay cuadros de diferentes escuelas europeas; de la española destaca El jubileo de la Porciúncula, de Francisco Caro y Florero, de Juan Antonio Arellano.
  • Pintura y artes decorativas del siglo XVIII. Abundan los retratos de corte y escenas del Antiguo Testamento. Destaca el lienzo Isaac y Rebecca, de Lucas Jordán, pintor italiano que desarrolló parte de su carrera a la sombra de José de Ribera y en España.
  • Colección del siglo XIX. La mayoría de los lienzos son paisajes y retratos; hay que citar El gaitero, de Antonio Jaspe Moscoso y Jugando al tejo, de Serafín Avendaño. También hay piezas de artes decorativas, desde abanicos hasta muebles, pasando por libros, miniaturas y monedas.
  • Pintura y escultura gallega del siglo XIX y principios del XX. Se muestran cuadros de pintores gallegos. Por su belleza hay que citar los lienzos Brañas, de Francisco Llorens Díaz y varios desnudos de Germán Taibo González.

Del paisajista gallego Francisco Llorens Díaz es el lienzo Brañas (1925).


  • Siglo XX. Están representados los pintores gallegos de los movimientos de vanguardia, desde la abstracción hasta las nuevas figuraciones. Llaman la atención los cuadros Alameda dorada, de José Frau Ruíz, Cesta con setas, de María Victoria de la Fuente, Jardines de Cuernavaca, de Arturo Souto Feijóo y La danza, de Alfonso Daniel Rodríguez Castelao.
  • Grabados de Goya. Los hay de las series Pinturas de Velázquez, Caprichos, Disparates, Desastres de la guerra y Tauromaquia.
  • Cerámica de Sargadelos. Son piezas del siglo XIX procedentes de la Real Fábrica de Sargadelos en Cervo (Lugo). Las hay de cerámica blanca de estilo neoclásico de los primeros años del siglo hasta de loza fina de los años setenta.

Además, el Museo de Bellas Artes de La Coruña tiene una biblioteca que cuenta con más de 12.000 libros y publicaciones periódicas, que abarca una temática muy variada, desde el arte nacional hasta el patrimonio cultural pasando por restauración, conservación y museología.