viernes, 4 de octubre de 2019

Casa Botines, de Gaudí

Antonio Gaudí (Reus, 1852-Barcelona, 1926) trabajó como delineante antes de obtener el título de arquitecto por la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona en 1878. Es el mejor representante del modernismo en España y por su obra original se le considera uno de los arquitectos más sobresalientes de todos los tiempos. Revolucionó la arquitectura al inspirarse en la naturaleza para crear nuevos elementos arquitectónicos. La mayoría de sus obras se encuentran en la ciudad de Barcelona; fuera realizó El Capricho, en Comillas (1883-1885), el Palacio Episcopal de Astorga (1889-1915) y la Casa Botines, en León (1891-1893).

Gaudí construyó la Casa Botines entre 1891 y 1893, durante su etapa neogótica (1888-1898). Contó con la colaboración de Claudio Alsina Bonafont. El edificio debe su nombre al empresario textil catalán afincado en León Juan Homs Botinàs; su segundo apellido derivó en Botines. Es menos conocida como Casa Fernández y Andrés, empresarios que continuaron con el negocio que fundó Juan Homs Botinàs. Fue reformada en 1931, suprimiéndose el altillo de madera de la planta baja y la escalera central y se sustituyeron los mostradores de madera por otros de mármol y cristal, y en 1953, eliminado siete de los 28 pilares del sótano. Caja España, propietaria del edificio, lo restauró en 1996, devolviéndolo a su estado original. La Fundación España-Duero dio un uso museístico a la Casa Botines, abriendo en 2017 el Museo Gaudí Casa Botines.

La Casa Botines se convirtió desde su construcción en los años noventa del siglo XIX en uno de los edificios emblemáticos de la ciudad de León y de la etapa neogótica de Gaudí.


Gaudí diseñó el plano de la Casa Botines en 1891, las obras se llevaron a cabo durante 1892 y culminaron en 1893 con la instalación sobre la puerta de la fachada principal de la estatua San Jorge y el dragón, diseñada por Lorenzo Matamala.

El sistema constructivo para la Casa Botines fue el de zanjas corridas rellenas de mampostería hormigonada, que Gaudí utilizaba en Cataluña, pero que en León fue visto con desconfianza por temor a que el edificio pudiese caerse.

Gaudí diseñó un edificio que diese respuesta a los distintos usos que iba a prestar –de servicios, planta baja y semisótano, y residencial, las cuatro platas superiores–, que tuviese en cuenta el entorno, lo que explica que el exterior se levantase en estilo neogótico, y que en su interior fuese cómodo y elegante ajustándose a los gustos de la época, lo que justifica que el interior sea de estilo modernista.

La Casa Botines presenta una planta trapezoidal, rodeada por un foso. Las cuatro fachadas tienen longitudes distintas: la norte 35,5 m., la sur, 28,5 m., la este 25 m. y la oeste 20 m. Cada fachada tiene  una puerta de acceso a distintas partes del edificio: la de la fachada principal permitía acceder a la tienda y las oficinas, la posterior a esta daba acceso al almacén y las puertas laterales llevaban a las viviendas. Las fachadas están enmarcadas por torres esquineras de planta cilíndrica.

La Casa Botines ofrece planta trapezoidal.


La marcada disposición horizontal de las fachadas se ve compensada con la verticalidad de las torres esquineras de planta circular, que recorren el edificio desde la primera planta a la última y que están rematadas por unos esbeltos pináculos; las ventanas de la última planta que sobresalen en altura con respecto a la cornisa superior de cierre de la fachada también dotan de verticalidad a la misma. Cada planta está marcada por una cornisa en voladizo. Las ventanas son de hechura gótica, con tracerías que las segmentan en varios lienzos verticales; son de mayor tamaño las de las plantas inferiores que las de las superiores con el fin de que las viviendas reciban más luz. Los patios interiores se escalonan en altura, lo que permite que la luz llegue a las plantas inferiores, pero lleva a que los interiores de cada planta sean más pequeños en superficie.

La fachada es de aspecto monumental por su impacto visual, pero rústico en su aspecto por el empleo de sillares almohadillados de distintos tamaños y pizarra para la cubierta del edificio y de las torres esquineras.

Los motivos ornamentales más llamativos se concentran en la puerta de entrada al edificio de la fachada principal y son la forja metálica del intradós de la puerta de acceso, que presenta motivos vegetales y una boca de león abierta, obra de Juan Oñós, y la estatua San Jorge y el dragón, de 2,9 m. de altura, diseñada por el escultor Lorenzo Matamala y producida por el artesano de la piedra Antonio Cantó.

La puerta de acceso de la fachada principal de la Casa Botines ofrece un aspecto monumental por sus dimensiones y por la escultura que la corona, San Jorge y el dragón, diseñada por Lorenzo Matamala. Por el contrario, los sillares almohadillados le dan al edificio un aspecto rústico.


La distribución interior de la Casa Botines varía en función del uso que iba a proporcionar. En el semisótano y la planta baja, destinados a tienda y almacenes, desarrolló la planta libre, sustituyendo los muros de carga por 28 pilares de fundición de 20 cm. de diámetro; esta solución permitía destruir el espacio con arreglo a las necesidades logísticas de cada momento, además de una mayor iluminación y ventilación. Por el contrario, en las plantas destinadas a viviendas el espacio se dividió en 96 módulos (12 en las fachadas largas y 8 en las cortas), lo que permitía maximizar el espacio y distribuir de una manera eficiente muros, pilares, escaleras y patios de luces; además, el techo de las viviendas descansa sobre jacenas de hierro. La decoración y mobiliario de las viviendas eran de estilo modernista.

Una de las innovaciones más llamativas que ofrece la Casa Botines está en las puertas de acceso a las viviendas, que cuentan con una doble abertura, una mayor para poder introducir el mobiliario con comodidad y otra menor, enmarcada por la mayor, para el acceso de las personas. Además, proporcionaban una monumentalidad a la vivienda en correspondencia a la que ofrecía la fachada principal del edificio.

Las puertas de entrada a las viviendas fueron una de las innovaciones más prácticas que introdujo Gaudí en la Casa Botines.


Gaudí utilizó como materiales de construcción el granito y la pizarra, típicos en la arquitectura leonesa, lo que permitía adaptarse al entorno, y útiles para paliar el impacto del clima.

La Casa Botines debe su importancia a ser uno de los edificios más representativos de la etapa neogótica de Gaudí, presentar innovaciones en función del uso que fuese a tener cada planta del edificio, desde la planta libre a las puertas de entrada a las viviendas y haber establecido una relación armónica entre el exterior neogótico y el interior modernista; además, es uno de los pocos edificios que Gaudí levantó fuera de Barcelona.

La Casa Botines fue declarada monumento histórico-artístico en 1969.

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