Fray Juan Ricci (Madrid, 1600-Montecassino, 1681) fue un pintor, arquitecto, escultor y tratadista barroco, además de monje benedictino, que desarrolló su carrera artística y religiosa en España e Italia. Destacó como pintor de temática religiosa benedictina, decorando monasterios de su Orden, y en menor medida como retratista, escultor y arquitecto. También trabajó para la realeza y la nobleza. Quizá su conjunto artístico más sobresaliente sea el del monasterio de San Martín de Madrid (1641-1662), compuesto por 72 lienzos. Entre sus tratados de arte hay que mencionar Pintura Sabia (1660-1662).
La
obra de fray Juan Ricci presenta las siguientes características:
- Sus lienzos se ajustan al naturalismo tenebrista.
- Representa a sus modelos de manera realista y monumental.
- La luz está dirigida y es contrastada, y sirve para subrayar el mensaje teológico.
- La paleta de colores se presenta en tonalidades oscuras, predominando el negro y el pardo.
- La pincelada es suelta.
- Las pinturas parecen inacabadas.
- No emplea elementos accesorios en las composiciones.
- Sus pinturas se ajustan a un programa teológico estricto. Además, insistió en el papel protagonista de la Virgen María, a la que presentó como mediadora.
- La mayoría de sus obras son de temática religiosa, en particular relacionadas con la Orden de San Benito. También destacó como retratista, reconociéndosele la influencia de Velázquez.
La
carrera artística de fray Juan Ricci pasó por las etapas siguientes:
- Formación y primeros años, de 1622 a 1640.
- Maestro de dibujo del príncipe Baltasar Carlos, 1641.
- Española, de 1642 a 1662.
- Italiana, de 1662 a 1681.
La
etapa de formación y primeros años (1622-1640) se desarrolló en Madrid,
aprendiendo de su padre Antonio, un pintor italiano, que llegó a España en 1585
para trabajar en la decoración del Real Monasterio de San Lorenzo de El
Escorial, y asistiendo al taller de Juan Bautista Maíno y a la Academia de
Pintores del convento de Nuestra Señora de la Victoria.
En 1622 trabajó como pintor independiente para las Órdenes de los trinitarios y de los mercedarios descalzos, pero sus obras se han perdido, aunque se sabe que la temática era la Pasión de Cristo.
En 1627 ingresó en la Orden de San Benito en el monasterio de Montserrat, entre 1634 y 1637 estudió Filosofía en el monasterio de Irache y entre 1638 y 1641 Teología en la Universidad de Salamanca, Colegio de San Vicente, decorando su claustro.
Aceptó el cargo de Maestro de dibujo del príncipe Baltasar Carlos (1641) a petición del conde-duque de Olivares. La etapa resultó más breve de lo previsto debido a que no le satisfizo el cargo.
Durante este año participó en la decoración del Salón de Comedias del Alcázar de Madrid y el retrato Sir Arthur Hopton (1641).
Durante
la etapa española (1642-1662), fray Juan Ricci participó en la
decoración de varios monasterios de la Orden de San Benito.
Entre 1642 y 1648 se llevó a cabo un ambicioso programa artístico para decorar el monasterio de Santo Domingo de Silos. Fray Juan Ricci se ocupó del retablo mayor y colaterales y de las pinturas del claustro y otras dependencias secundarias. En el monasterio solo quedan dos pinturas: La muerte de santo Domingo de Silos y Santo Domingo librando a los cautivos. Ambas llaman la atención por la idealización con la que están representados Cristo y la Virgen María frente al realismo de los objetos y el uso de la luz y la sombra para delimitar los mundos celestial y terrenal, además aparece autorretratado como monje lector que observa al espectador mientras es testigo de la visión milagrosa al instante de la muerte de santo Domingo.
Durante 1645 se desplazó al monasterio de San Juan de Burgos para realizar una serie de pinturas y la escultura de un Cristo crucificado. Las pinturas del retablo mayor están dedicadas a san Juan Bautista, además realizó las pinturas San Benito y la copa de veneno, Virgen de Montserrat con un monje, San Benito bendiciendo el pan y San Gregorio escribiendo. Años más tarde pintó Fray Alonso de San Vítores (1658), un retrato en el que se aprecia la influencia de Velázquez.
Entre 1649 y 1652 realizó un cuadro del Cid a caballo para el monasterio de San Pedro de Cardeña, obra perdida.
Durante los años de 1653 a 1656 participó en la decoración del monasterio de San Millán de Yuso, en San Millán de la Cogolla. La obra más importante es San Millán en la batalla de Simancas, un lienzo de gran tamaño para el altar mayor; se distancia de los temas monásticos habituales para representar a san Millán presentando batalla sobre un caballo a galope tendido; sin embargo, se aprecia carencias en el movimiento, que se compensan con el cromatismo. También pintó los retablos del Rosario, de Santo Domingo de Silos y de San Benito, los cuatro retratos imaginarios de los protectores del monasterio, a saber, el conde Fernán González, los reyes navarros García I y Sancho el Mayor y el emperador Alfonso VII, de cuerpo entero y que adolecen de arcaísmo, y San Benito y el árbol genealógico benedictino, obras de grandes proporciones.
Entre
1656 y 1659 realizó las pinturas para el trascoro de la santa iglesia catedral
basílica metropolita de Santa María de Burgos. Son seis cuadros de santos cuyas
reliquias se encuentran en la catedral: Santa Victoria, Santa Céntola
y Elena, Santa Casilda, San Julián, San
Antonio de Padua y San Francisco de Asís recibiendo los estigmas,
obras de gran espiritualidad, en los que el claroscuro contrasta con las
vestiduras de gala de las santas.
Durante los años de 1659 a 1662 trabajó en el monasterio de San Martín de Madrid, aunque alguna obra puede remontarse a 1641. Son 72 pinturas, de las que 33, que decoraban el claustro, están dedicadas a la vida de san Benito, destacando San Benito y el bárbaro Galla, San Benito y el milagro de la hoz, La cena de san Benito y San Benito y los ídolos, de claroscuro muy marcado. Quizá formó parte de esta serie el lienzo San Benito bendice a los niños Mauro y Plácido, en el que fray Juan Ricci se autorretrata como el monje que acompaña a san Benito.
Durante estos años escribió Pintura Sabia (1660-1662), su tratado de arte más sobresaliente. Contiene conocimientos de geometría, perspectiva, arquitectura, anatomía masculina. Está dirigido a doña Teresa Sarmiento de la Cerda, IX duquesa de Béjar.
Durante la etapa italiana (1662-1681) se instaló primero en Roma y, desde 1665, en la abadía de Montecassino.
Fray Juan Ricci reconoció haber viajado a Roma “para ver si podía definir el misterio de la Inmaculada Concepción”, además de pretender que el papa Alejandro VII le nombrase obispo; sin embargo, solo consiguió que le nombrase Predicador General de la Orden de San Benito en España. En Roma escribió Epítome architecturae de ordine salomónico integro, que incluía una propuesta de reforma del baldaquino de Bernini en la basílica de San Pedro, que incluía el uso de una columna salomónica completa, que no se realizó. En Inmaculatae Conceptionis conclusio incluyó la reforma de la plaza del Panteón, que también incluía el uso de la columna salomónica, pero que tampoco se realizó.
Decoró la capilla del Santísimo Sacramento de la abadía de Montecassino, destruida en 1944, durante la Segunda Guerra Mundial.
Salió de la abadía de Montecassino para decorar la capilla de los Santos Cosme y Damián de la iglesia Mayor de Trevi (1666); de los ocho lienzos destacan Alegoría de la Santísima Trinidad, con tres niñas iguales alrededor de un crucifijo, y Cristo y Nuestra Señora, que sujetan el cáliz con la Hostia y la paloma del Espíritu Santo, representando a la Virgen una doncella vestida de la misma manera que las niñas de la Santísima Trinidad.
Fray Juan Ricci destacó como dibujante. Entre sus mejores dibujos hay que mencionar Jeroglífico en el cumpleaños de Carlos II (1669) y Don Tiburcio de Redín (1675).
Fray Juan Ricci debe su importancia en artística al hecho de utilizar la pintura como medio para comunicar los valores del catolicismo, en especial la devoción por la Virgen María, a la que presentaba como mediadora.