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sábado, 9 de mayo de 2026

Alegoría de la vanidad, de Antonio de Pereda

Antonio de Pereda (Valladolid, 1611-Madrid, 1678) fue un pintor barroco español. De niño se trasladó a Madrid tras quedar huérfano. Se formó en el taller de Pedro de las Cuevas. Estuvo protegido por el noble italiano Giovanni Battista Crescenzi, quien le acercó al naturalismo y a la pintura veneciana. Pintó cuadros de temática histórica, caso de Socorro a Génova por el marqués de Santa Cruz (1634), religiosa, destacando San Jerónimo penitente (1643), pero se especializó en las vanitas, es decir, bodegones moralizantes, sobresaliendo Alegoría de la vanidad (1635) y El sueño del caballero (1650).

Antonio de Pereda: Alegoría de la vanidad, 1635.
Estilo: Barroco.
Técnica: Óleo sobre lienzo.
Temática: Vanitas o bodegón moralizante.
Dimensiones: 167 x 205 cm.
Kunsthistorisches Museum, Viena, Austria.

  

Antonio de Pereda diseñó la composición de Alegoría de la vanidad a partir de tres elementos en dos planos: en primer plano aparecen dos mesas, la de la izquierda llena de objetos que simbolizan la muerte y la de la derecha con los que simbolizan la vanidad mundana, al fondo un ángel admonitor mira al espectador, interpelándole para que reflexione sobre la vida y la muerte.

En la mesa de la izquierda se observan objetos con un simbolismo evidente: la armadura y el mosquete la victoria en la guerra, los libros la riqueza intelectual, los naipes el azar, el reloj de arena el paso del tiempo, el candelabro con una vela con la llama apagada la vida extinguida y los cráneos la muerte despojada de la carne. Además, se lee la inscripción latina “NIL OMNE”, es decir, “Todo está vacío”, que expresa el concepto “vanidad”.

En la mesa de la derecha se reconocen elementos con un claro simbolismo: las monedas de oro y plata, el collar de perlas y los cuadros de retratos de diferentes personas la riqueza material, los naipes la suerte, el reloj con forma de torre el paso del tiempo infinito y la esfera del mundo el poder imperial y las posesiones terrenales. Además, en el medallón se lee la inscripción latina “DIVUS AUGUSTUS DICTATOR”, es decir, “El Dios Augusto es dictador”, que expresa el poder sin límites que ostentó Octavio Augusto.

El ángel admonitor mira hacia el espectador; con la mano derecha señala el globo terráqueo y con la izquierda sostiene un camafeo con la efigie del emperador Carlos V.

Este bodegón moralizante simboliza que el poder y la gloria que alcanzó Carlos V fueron pasajeros.

En cuanto a los aspectos plásticos, Alegoría de la vanidad se caracteriza por una estructura piramidal, siendo la cabeza del ángel admonitor la cúspide de la composición; un claroscuro muy acusado, siendo el ángel admonitor quien recibe más iluminación, no tanta los objetos que ocupan las mesas, mientras el fondo es negro; el dibujo es nítido y el detallismo minucioso; y la reproducción de las texturas realista.

Alegoría de la vanidad se cuenta entre las obras maestras de Antonio de Pereda y es una de las obras más representativas del género vanitas o bodegón moralizante.